Cancún 2010

Negociaciones en la cumbre climática: ¿Nubes sobre Cancún?

Weblog Climate Worlds

En las pasadas semanas hubo dos amenazas de tornado sobre Cancún. Pero finalmente el huracán Paula se desvió hacia el este y el huracán Richard hacia el sur oeste. Ni uno ni otro pasaron por el famosos balneario y escenario de la próxima cumbre climática de la Naciones Unidas (COP 16). Si este artículo se tratara de la última cumbre climática en Copenhage, el título sin duda hubiera sido: „Tornado amenaza negociaciones climáticas “. Para Cancún, por su parte, el clima invernal de Copenhage sería la analogía oportuna para dar cuenta de las expectativas: gris y cubierto.

A nadie debería sorprender que en Cancún no se logre mayor cosa, haciendo un cálculo optimista. Al igual que el anterior, también este año los AWG-KP (Grupo de trabajo Ad-Hoc para el acuerdo de obligaciones futuras en el marco del Protocolo de Kyoto) y los AWG-LCA (Grupo de trabajo bajo la convención marco climática) se reunieron permanentemente. La cuarta reunión se realizó hace poco en la ciudad china de Tientsin. Y nuevamente, el grupo de trabajo solo logró enviar a Cancún propuestas con mucho texto entre paréntesis -lo que en el lenguaje de las negociaciones indica la diferencia de opiniones- para su evaluación por parte de los participantes de la COP 16. A diferencia de la COP 15 de Copenhage, la presión política aquí se ha evaporado, lo que vuelve poco auspiciosas las expectativas de un acuerdo. Mientras en Copenhage parecía alcanzable un acuerdo, en Cancún ni siquiera está en la agenda. Los estados parte capitularon y han optado por concentrarse en un „paquete equilibrado de decisiones“.

En estas líneas no se pretende reflexionar sobre por qué en Cancún no sucederá nada, sino que se busca aclarar la pregunta de en qué medida es eso importante. Y para encontrar la respuesta, se debe comenzar por el contexto histórico. Después del Protocolo de Kyoto, acordado en 1997y rechazado por EEUU en marzo de 2001, hubo dos hitos importantes en noviembre de 2004 que determinaron la importancia de Copenhage y Cancún. El 2 de noviembre, fue reelegido el presidente estadounidense George W. Bush. El 18 de noviembre, Rusia ratificó del protocolo de Kyoto. La ratificación del parlamento ruso significó la entrada en vigor del acuerdo. A partir de allí, los encargados de las negociaciones dejaron de enfocar su trabajo hacia la ratificación del protocolo de Kyoto para privilegiar el acuerdo de futuros compromisos tras el fin del primer periodo de compromisos en 2012.

Considerando la actitud del gobierno norteamericano de la época en relación al cambio climático, la reelección de Bush en 2004 significaba que de no producirse un cambio, no era posible esperar que en la Casa Blanca se adoptara una política común de protección climática más allá del año 2012. Las modalidades electorales y de toma de posesión de cargos en EEUU y la calendarización de la convención climática marco de las Naciones Unidas (UNFCCC) hacían imposible un nuevo acuerdo antes de la COP 15 en 2009. Pero ya antes de 2004, estaba claro que era necesario lograr un acuerdo, a más tardar en 2010, para poder mantener las dos columnas sobre las que se sostenía la arquitectura del protocolo de Kyoto: mercados de carbono y mecanismos flexibles. El cumplimiento de ese plazo era indispensable si se le quería dar suficiente tiempo a los países para la ratificación de un nuevo acuerdo y asegurar la subsistencia completa de los mercados de carbono. En otras palabras, la cumbre climática de Cancún era la última posibilidad de conservar el diseño actual de los mercados de carbono. Pero como los países parte han tirado la toalla, esa posibilidad se ha desperdiciado.

Volvamos a mi pregunta inicial: ¿Tiene importancia que en Cancún no se tome ningún acuerdo?

La respuesta es un claro „Sí“. ¿Por qué? Porque la salvación de los mercados de carbono era el principal motor para lograr hasta 2010 un acuerdo de protección climático para el periodo posterior al término del protocolo de Kyoto.

Se daba por hecho que después del 2010 también habría alguna forma de Clean Development Mechanism (CDM, mecanismo para el desarrollo medioambientalmente limpio). Ahora ya no. Aun cuando no se cuenta con cifras ni datos muy exactos, algunas observaciones sugieren que las inversiones privadas en nuevos proyectos CDM se han congelado por completo. A causa, entre otras cosas, de la crisis financiera y de la actitud de las instituciones financieras, las subvenciones de los mecanismos de mercado (de carbono) están siendo restringidas. Al mercado de carbono internacional, basado en mecanismos de desarrollo medioambientalmente limpios y, en menor medida, en implementaciones Joint (reducción comunitaria), le corresponde un rol precursor. Este debe procurar un acercamiento de los mercados nacionales y regionales de carbono. Sin él, no se producirá el esperado acercamiento de los mercados nacionales de carbono. En vez de ello, lo más probable es que se fraccionen en un mosaico de pequeños mercados, cada uno de los cuales responderá a las necesidades del respectivo país y estará sometido seguramente a medidas de tipo proteccionista.

La cancelación de un Clean Development Mechanism después de 2012 tendrá, sin embargo, efectos de largo plazo y afectará no solo al mercado de carbono. Como ya se consignó, la mantención de los mercados de carbono permite sobre todo poner urgencia a las negociaciones climáticas. Sin esa perspectiva, la urgencia (por lo menos para los encargados de las negociaciones) desaparece. Eso podría significar que las negociaciones para un nuevo, amplio (y significativo) acuerdo para la protección climática podrían durar más que la actual ronda de Doha-Runde. Eso nos empujaría al escenario de otra „década perdida“ de debates estériles. Cuánto tiempo podría durar el estancamiento es incierto. Pero lo más probable es que no haya un nuevo impulso para buscar una política global de protección climática hasta que no experimentemos los crecientes efectos de las transformaciones climáticas y vivenciemos el cambio de la matriz energética global. Es decir, tampoco en la COP 17 en Johannesburgo se llegará a un acuerdo.

Los pronósticos se ven en efecto poco auspiciosos. Y volviendo a las analogías climáticas, veamos qué sucedió con los huracanes de Cancún: Paula produjo inundaciones en Cuba. Richard golpeó a Belize, rozo la península de Yucatán y se dirigió luego hacia la costa texana. A pesar de que Cancún no se vio afectado, los huracanes causaron daños en otros países. También una cumbre sin resultados en Cancún podrá sortear la tormenta, como en Copenhage. Pero los efectos del estancamiento –al igual que los de Paula y Richard- se harán sentir en otros lugares y no exceptuarán ni a los países industriales ni a los en vías de desarrollo.

El doctor Miquel Muñoz es miembro del Pardee Center for the Study of the Longer-Range Future en la Universidad de Boston.

El presente artículo fue publicado originalmente en la página web www.triplecrisis.com.

Traducción al alemán: Christiane Wagler

    Y después de mí el diluvio?

    Edición especial de la revista cultural „Humboldt“ del Instituto Goethe sobre el cambio climático