„Una menor democracia no es solución“: Entrevista con Thomas Saretzki

La crisis ecológica precipita al estado democrático constitucional a una crisis de legitimación. Los expertos ya comienzan a discutir sobre las ventajas de los conceptos autoritarios de la resolución de problemas. Una tendencia que el politólogo Thomas Saretzki considera errada, como veremos en la siguiente entrevista.La historia nos ha enseñado que en tiempos de crisis rápidamente se elevan las voces que claman por un estado fuerte.¿ Cree usted, profesor Saretzki, que en vista de la incapacidad de la comunidad internacional por superar rápido y de común acuerdo el cambio climático, la democracia se ve seriamente amenazada?
En el fracaso de la conferencia climática de Copenhagen estuvieron involucrados no solo estados democráticos, sino también estados no democráticos como China. En la pregunta sobre las consecuencias de ese revés para la política climática y la democracia, debe tenerse en cuenta los diversos niveles políticos; de la incapacidad o falta de voluntad de algunos países en el nivel de las negociaciones internacionales para lograr un consenso sobre regulaciones vinculantes, no se puede deducir de manera directa que la democracia en alguno de esos países esté amenazada.
Expertos en clima, como James Hansen, David Shearman y Joseph Wayne Smith denuncian un fracaso total del proceso democrático de construcción de voluntades a nivel tanto nacional como internacional, y sostienen la necesidad de un régimen autoritario ya incluso para la obtención de un consenso en el ámbito científico. Joachim Schellnhuber busca el remedio en la Noocracia de Platón y el sicólogo social Harald Welzer se muestra impresionado por la eficiencia de la reconstrucción verde en China. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Siempre ha sido y siempre será tentador apostar a un guía con facultades autoritarias cuando uno mismo ya no sabe por dónde seguir. Siempre ha sido y siempre será también más fácil creer en el entendimiento supuestamente superior de un guía resoluto, en vez de recorrer uno mismo el camino más largo y costoso de formarse una opinión y generar una voluntad de acción propias en el marco de una ciudadanía democrática. La exigencia de „liderazgo“ da cuenta sin duda de un espíritu de los tiempos actualmente muy difundido, no solo en los medios.
También en las universidades, por ejemplo de las áreas de ciencias del comportamiento, se familiariza a los estudiantes en “juegos de dictador” en el marco de experimentos de laboratorio. En nuestro país hemos tenido experiencias catastróficas con experimentos políticos que apuestan a un líder fuerte con una comprensión supuestamente superior y una capacidad ilimitada de imponer su voluntad. Una de las contradicciones esenciales de los enfoques centrados en un gran líder es que se hace caso omiso de la pregunta por los intereses propios de los líderes supuestamente visionarios. Ese no es el camino correcto para encontrar una solución adecuada a los complejos problemas asociados al cambio climático.
En la conferencia „The Great Transformation“ jugó usted el rol de abogado de nuestro sistema político. ¿Qué es exactamente lo que se quiere decir con gran transformación? y ¿Logró convencer a los escépticos de la democracia?
En el marco del debate climático, el concepto de Great Transformation se refiere a las transformaciones técnicas, económicas, sociales, políticas y culturales, que en cada caso se consideran necesarias para transformar las sociedades actuales en así llamadas Low Carbon Societies, es decir en sociedades cuya reproducción material vaya acompañada de una liberación notoriamente menor de gases modificadores del clima.
Aquí hay discusiones, por una parte, sobre la medida y la rapidez de la reducción de los gases de efecto invernadero que se necesita: ¿cuán poco es suficientemente poco?, y por otra, sobre la dirección y el alcance de las transformaciones sociales que se requieren para hacer posible una limitación a tiempo del cambio climático. Desde mi perspectiva, no hay buenas razones para buscar esas modificaciones en dirección de un proceso que limite la democracia o definitivamente cree estructuras autocráticas. Si logré convencer con mis argumentos a posibles escépticos del sistema democrático o al público en general es algo que debería preguntarle a ellos. ¿En su calidad de cientista político, considera que los expertos del área de las ciencias naturales son suficientemente competentes como para correr el riesgo con temas como estos?
En el debate público, los expertos con formación académica siempre están en peligro de sobrepasar de manera inadecuada los límites de sus competencias temáticas específicas. En la controversia pública, crece la tendencia a pasar por alto la máxima sobreentendida de la nobleza intelectual y apropiarse de la autoridad de otros expertos científicos para respaldar afirmaciones propias que no caben dentro de la respectiva competencia técnica. Ninguna disciplina está exenta del peligro de tratar de obtener ventajas en debates públicos mediante esta “transferencia de expertis” no declarada.
Confianza en la fuerza del argumento
¿Qué importancia le asigna usted a un cambio sociocultural en la protección climática y cómo podría introducirse este sin imposiciones?
Si entendemos el cambio sociocultural como un cambio de enfoque e interpretación, de valores y reglas, de imagen de mundo y de autoimagen, entonces un cambio de este tipo es directa e indirectamente relevante para la percepción y evaluación del cambio y la política climáticos. La mejor forma de introducir un cambio sociocultural de manera no impositiva en las sociedades modernas –en el área de la política climática o en cualquier otra área de la política- es por medio de la fuerza del mejor argumento, por medio de las buenas razones y por medio de ejemplos convocadores que encarnen soluciones convincentes.
Los críticos sostienen que las reformas y estrategias políticoambientales responden fundamentalmente a una política simbólica de carácter táctico electoral. ¿Qué debería ocurrir para rehabilitar a la democracia?
Las ciudadanas y ciudadanos deberían aprender a diferenciar el circo político electoral de las estrategias comprometidas de resolución de problemas. Y deberían dejarle en claro a las autoridades que para ellos es importante que se dé un tratamiento político serio al problema climático. Las autoridades, por su parte, deberían aprender que no podrán seguir saliéndose con la suya si continúan chuteando la responsabilidad, sino que efectivamente se espera de ellos algo más que táctica electoral, actos simbólicos o una política del clientelismo que intenta hacerse pasar por algo distinto.
es politólogo y trabaja como periodista free lance y escritor en Landshut y Munich.
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Abril 2010
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