Arte, Ciudadanos y Fronteras

IDENTIDAD Y MIGRACIONES

Entrevista a Alejandro Grimson

El racismo del “imaginario europeísta”

Desde los comienzos de la Independencia Buenos Aires aparece como sinónimo de Argentina, un proceso que con el tiempo se acentuará cada vez más y que conducirá a que en la actualidad nos presentemos como “descendientes de los barcos”. Sin embargo, para entender la composición racial y social de nuestro país es necesario tener en cuenta a las poblaciones originarias, los mestizajes y los flujos migratorios fronterizos.

Por Gustavo Pablos

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Imagen de uso libreDesde siempre, o al menos desde un origen difícil de precisar, incluso aunque retrocediéramos al pasado colonial, se dice que nuestro país está conformado por un “crisol de razas”. Para la inmensa mayoría de los ciudadanos descendemos de los barcos, somos hijos de inmigrantes de diversos países europeos, pero sin embargo esta rápida definición no da cuenta cabalmente de nuestra composición, ya que deja a un margen pueblos originarios, mestizos, descendientes africanos, e inmigrantes fronterizos. Por ese motivo existen divergencias entre los datos que arrojan las investigaciones históricas y antropológicas y el relato que emana del “imaginario europeísta”, un relato que se desarrolló a fuerza de exclusión material y simbólica.
En esta entrevista, Alejandro Grimson, Antropólogo, especialista en migraciones, frontera, identidad, entre otras problemáticas, desarrolla algunas ideas relativas a la composición de la sociedad argentina y a los efectos que produjo la hegemonía de ese “imaginario europeísta”. Grimson señala que “no vamos hacia un país crecientemente homogéneo, como se creía en un momento, sino hacia un país muy heterogéneo”, y que el desafío para el futuro consistirá en “articular esa diversidad con igualdad social”. En ese sentido, como es habitual escuchar o leer, y más que nada en fechas de conmemoraciones independentistas o emancipatorias, las inquietudes principales continúan remitiendo a qué tipo de nación y de sociedad queremos construir, o incluso a otra más inaugural: quiénes somos y en qué dirección queremos desarrollarnos.


Un relato que se remonta a 1810

Es frecuente leer o escuchar que “los argentinos venimos de los barcos”, ya que descendemos de una gran variedad de migraciones europeas, y eso ha dado lugar a lo que se suele denominar como “crisol de razas”. ¿Cuál es la lectura que hace de este relato?

En primer lugar, ese crisol de razas se da en muchos países del mundo, como Brasil, Estados Unidos o Francia. Lo que sucede es que mientras en Brasil se habla de las tres razas que hacen al brasileño, el componente afro, el indígena y el europeo, en Argentina se da la peculiaridad de que esa mezcla es de razas europeas: la raza polaca, la española, la italiana, y así sucesivamente. Nosotros hablamos de la mezcla de razas para referirnos supuestamente a la combinatoria de las naciones europeas, por lo tanto son razas completamente inventadas por nosotros. En ese imaginario nacional europeísta la mitad de la población está excluida porque tiene ascendencia indígena (no entra en el relato de “bajamos de los barcos”), otro 4 % porque tiene alguna ascendencia africana (y no eran esos los barcos de los que habla el imaginario europeísta), y después hay entre un 2 % y un 3 % de inmigrantes de los países limítrofes: Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay (un porcentaje que se mantiene estable desde 1869 hasta 2001 en todos los censos nacionales).

¿Cuáles son las causas de la conformación de ese “imaginario europeísta”?

Tiene que ver con que en el siglo XIX, más que nada en 1810, cuando se comienza a imaginar la independencia, el término argentino quería decir, básicamente, porteño o rioplatense. Desde ese momento empieza una relación muy complicada y dramática en la historia argentina entre Buenos Aires y la Argentina. Hasta hoy muchos académicos, por no mencionar políticos y periodistas, cuando quieren hablar de Buenos Aires dicen la Argentina, y cuando piensan en nuestro país se refieren a algunas cuadras de Buenos Aires. Aquí llegan los turistas y dicen que es una ciudad europea, por supuesto, porque ellos no salen de 30 cuadras a la redonda desde el Obelisco. Pero si van hacia la periferia de la ciudad, la mayor parte de Buenos Aires es como un agujero completo en ese imaginario nacional.

A principios del siglo XX hubo un relato de recuperación del gaucho que funcionó como un antídoto contra los inmigrantes europeos (y eso fue reivindicado en parte por el imaginario nacional), posteriormente lo que pasó a ocupar la escena urbana fue la migración del campo a la ciudad, o la de las provincias más periféricas hacia las ciudades más industrializadas, principalmente a partir de la década del ‘30. Ese proceso hizo que estas ciudades blancas, o en algún sentido criollas, fueran tomando otros tonos, frente a lo cual el relato del inmigrante europeo aparece como el antídoto contra las nuevas migraciones, que iban constituyendo las bases de los nuevos movimientos sociales, del movimiento obrero, de los trabajadores. Y también en parte de lo que en los ‘40 decantó con el fenómeno del peronismo, es decir, con la ocupación del espacio urbano por “la negrada”. Entonces, nosotros vivimos en un país sin “negros” pero los peronistas son “negros”. Es decir, la mitad de los habitantes son “negros” pero en el país no hay “negros”. De ahí viene esa frase tan fuerte que dice “en la Argentina no hay ni negros ni indios”, entonces no hay racismo. Desde la izquierda tradicional, las posiciones más críticas al racismo dicen que no hay “negros” ni indios porque los mataron a todos. Al intentar denunciar al imaginario nacional lo ratifican, y por eso estamos hablando de que la mitad de la población queda excluida de los dos imaginarios.


¿Nueva inmigración o nueva visibilidad?

R4. Frontera bolivia. By Stevage (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (www.creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0) or GFDL especto a los “inmigrantes fronterizos”. ¿Cuáles son las características generales?

Las migraciones de estos países no son nuevas, son fenómenos muy antiguos que vienen del siglo XIX. Lo nuevo es que desde fines del XIX hasta mediados del XX la migración boliviana estaba en Jujuy y en Salta, la chilena en la Patagonia, la paraguaya en el nordeste, pero entre las décadas del ‘60 y el ‘80 esas migraciones se van desplazando desde las zonas más cercanas a la frontera hacia las grandes ciudades. Es decir, para las clases medias urbanas, para los intelectuales, para las clase altas, se trata de una nueva migración porque, sobre todo a partir de los ‘80, la gran mayoría de los migrantes está asentada en las grandes ciudades. Por eso lo nuevo no es que estén en el país, sino que son visibles para los poderosos. Otro punto es que los hijos de los inmigrantes muchas veces son considerados extranjeros, tanto en la escuela como en diferentes espacios y circunstancias de la vida social. Por ejemplo, los hijos de bolivianos nacidos en nuestro país no son considerados argentinos sino bolivianos. En ese sentido se da un fenómeno de racialización de la identidad, donde las clases medias urbanas ven más bolivianos de los que en realidad hay, y además tienden a considerar bolivianos a todos aquellos que tengan rasgos indígenas, lo cual también sucede en ciertas zonas de la Patagonia con los chilenos. A contramano de la integración de principios del siglo XX, éste es un fenómeno que muestra que vamos extranjerizando argentinos, y de ahí la percepción de que hay muchos más extranjeros de los que realmente hay.

¿Cómo ha sido la composición de estas migraciones fronterizas?

Cada una de las migraciones tiene especificidades. Si uno observa los 150 años de migraciones va a encontrar que la migración uruguaya descendió, mientras que la boliviana y la paraguaya crecieron, y a su vez quelas migraciones de clase media vinculadas a fenómenos políticos descendieron porque se han consolidado las democracias en el continente. En ese sentido, en los últimos años la causa de las migraciones es económica, y con una preponderanciade bolivianos y paraguayos. Dentro de los porcentajes de migrantes fronterizos, por ejemplo la migración uruguaya y chilena de la década ‘70 son migraciones políticas, de la misma manera que muchos argentinos emigraron a otros países de Latinoamérica en los ‘70. Pensemos que el golpe en Uruguay y en Chile se produce en 1973, antes que acá. En el caso paraguayo, sabemos hoy que en Argentina funcionaron por muchos años los comités políticos de la mayor parte de los partidos democráticos, y también que mucha gente migró por razones laborales pero asociadas a que no podían conseguir empleo si no estaban afiliadas al Partido Colorado. Por lo tanto, es dudoso que hayan sido migraciones económicas clásicas.


Diversidad con igualdad social

¿Cómo ve la conducta desde el Estado?¿Se promueve la inclusión?

Después de que en los períodos democráticos se otorgaran amnistías (más que nada durante la segunda mitad del siglo XX, para legalizar a inmigrantes que no tenían documentación, ya que las dictaduras tendían a ser muy persecutorias), llegamos a los años ’90, que fueron muy particulares. Desde el presidente yel gobernador de Buenos Aires hasta una cantidad muy relevante de voces del Estado, plantearon que el delito y la desocupación eran provocados por la nuevaola de inmigración. Nosotros discutimos en aquel período con muchos otros investigadores, y se demostró que teníamos razón cuando en 2001 pudo verse que la inmigración no había subido desde hacía una década. Es decir, estamos hablando de una fantasía diseñada desde el Estado y desde ciertos medios de comunicación, con la intención de establecer un chivo expiatorio a la crisis económica y social de esa época. A partir de 2002 se convierte en algoinverosímil y ridículo acusar a los inmigrantes de la crisis argentina porque quedó al desnudo cuáles eran las causas estructurales de esa situación. En ese momento se produce una situación interesante, y es que a partir de un consenso entre los partidos políticos se establece una nueva ley de migración que termina con la ley de la dictadura, profundamente discriminatoria, autoritaria, y por lo tanto se genera una plataforma normativa que le concede derechos humanos a los inmigrantes, además de acceso a la salud, la educación, etc. Por supuesto que igualdad de condiciones quiere decir que si la educación pública funciona mal, también va a funcionar mal para los inmigrantes, y lo mismo si funciona bien. Si bien subsisten problemas serios y graves en cuanto a los trámites, es indudable que estamos en un parámetro distinto respecto a décadas anteriores. En este aspecto, como también en el caso del matrimonio igualitario, Argentina pasa a ser uno de los países más democráticos, ya que si comparamos lo que sucede acá con lo que sucede en Estados Unidos y en España se ve que hay una voluntad de establecer la igualdad de derechos.

¿Y cuál es la actitud del ciudadano común respecto a los inmigrantes fronterizos?

El imaginario europeísta persiste a pesar de lasnormativas migratorias. Tenemos problemas serios de discriminación y racismo porque la implementación de esa norma no implica en absoluto la transformación de ese imaginario, que sigue siendo predominante en la escolarización, en lasmaneras de narrar la historia nacional, etc. Estas discriminaciones de las que venimos hablando están muy anudadas en términos de nacionalidad, raza y clase social. Se trata no solamente de personas consideradas, desde el imaginario dominante, inferiores y con pocas capacidades y posibilidades de acceso, sino que también tienen menor potencial económico, menor capital social y menor inserción en el sistema educativo, de salud, en las redes culturales, etc.

¿Qué se debería hacer desde el Estado más allá de lo que se está haciendo en materia de legislación?

Si quisiéramos lograr nuevos avances no alcanzaría con nuevas normativas sino que deberíamos afrontarlo como un problema cultural, mucho más profundo y más difícil de revertir, pero no por eso imposible. Se podría hacer mucho desde la educación, los medios, las políticas culturales, y sería importante que los dirigentes políticos y otros referentes incorporasen a sus planteos el problema de la identidad. Pero también se puede ver que estos inmigrantes, estas poblaciones que no están incluidas por el imaginario europeísta, se organizan y se consolidan por sus propios medios, algo que ha crecido notablemente en los últimos tiempos.

Reseña bio-bibliográfica

Alejandro Grimson es Doctor en Antropología  por la Universidad  de Brasilia. Decano del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional  de San Martín. investigador del CONICET. Director de la colección “Miradas  antropológicas”, de Editorial Prometeo. Ha publicado, entre otros, los  siguientes libros: Relatos de la diferencia y la igualdad (1999), Fronteras,  naciones e identidades. La periferia como centro (2000), La nación  en sus límites. Contrabandistas y exiliados en la frontera de Argentina-Brasil  (2003), El otro  lado del río. Periodistas,  Nación y Mercosur en la frontera  (2002), Interculturalidad y comunicación (2000), Conflictos globales,  voces locales. Movilización y activismo en clave transnacional (compilador  con Sebastián Pereyra, 2008).