Inauguración de la exposición
“Menos Tiempo que Lugar”
3 de marzo de 2011 
en el Museo Caraffa, Córdoba
“Menos Tiempo que Lugar”
3 de marzo de 2011 
en el Museo Caraffa, Córdoba
Exposición: 04.03.2011.-28.04.2011
“Menos Tiempo que Lugar” – Introducción del curador
Hay menos tiempo que lugar / no obstantehay lugares que duran un minuto
y para cierto tiempo no ha lugar.
Mario Benedetti
Un misterioso poema de Mario Benedetti inspira un proyecto que, con recursos contemporáneos, investiga los 200 años de la Independencia de América latina. En la exposición que presentamos converge el trabajo de intelectuales y artistas. “Menos Tiempo que Lugar” indica que tomamos distancia de la tradición que antepone la celebración de efemérides y la conmemoración de fechas notables para más bien acercarnos desde el ahora a los sitios en que tales acontecimientos han tenido lugar y en los que se oye su pulso. De este modo, recuperamos el significado de la Independencia articulando sus ecos locales a través del arte y las ideas contemporáneas.
El lugar deviene en tiempo
La muestra es, por un lado, una cartografía, en tanto obedece a una dramaturgia geográfica y permite que diferentes países del continente y el mundo desfilen ante nosotros. Por el otro, es un haz de tiempo que explora la historia palpándola año a año. Lo que así surge es un “cronotopo”, como llamó el lingüista y teórico literario ruso M. Bajtín a la unidad indisoluble de tiempo y espacio. Ya incluso Richard Wagner había imaginado una transformación del tiempo en espacio cuando al llegar al santo Grial Parsifal exclama:
“Apenas avanzo, y sin embargo siento que ya me encuentro lejos”, a lo que Gurnemanz responde: “¡Ya lo ves, hijo mío, aquí el tiempo se vuelve espacio!”
Aquella “trama singular de espacio y tiempo” Walter Benjamin la denominará más tarde “aura”, como la manifestación irrepetible de una lejanía, por cercana que pueda estar.
Menos Tiempo que Lugar: ¿Acaso esto significa que tenemos menos tiempo que espacio, que el tiempo se nos escapa de las manos mientras seguimos buscando un lugar donde establecernos, que al final tenemos dónde permanecer pero el tiempo se nos ha escurrido?
Por último, el poema bien puede hacer referencia al legado de Simón Bolívar, que anduvo sin descanso entre Venezuela, Europa y los países andinos, pero que al final, repudiado por todos, no tuvo ni un lugar fijo ni tiempo suficiente para culminar su obra.
La Carta de Jamaica
Desde su exilio en Kingston, en septiembre de 1815, es decir sólo pocos años después de la independencia de Venezuela, Simón Bolívar – entonces de treinta y dos años – escribió su legendaria Carta de Jamaica dirigida a un amigo inglés. En éste, su escrito más importante, el prócer de la independencia esboza un grandioso panorama de América que abarca toda la región desde los EE.UU. hasta Argentina y Chile. El vibrante análisis comienza con una descripción de los movimientos independentistas entre 1810 y 1815, así como de las razones que llevaron a los “españoles americanos” a la independencia. Le sigue un llamado a Europa a apoyar la causa hispanoamericana. En la tercera parte, Bolívar, a quien muchos consideran el más grande político sudamericano de todos los tiempos, se explaya sobre las perspectivas de futuro de las diferentes repúblicas. Concluye este ensayo de elegante redacción con un llamado a la unidad de los pueblos americanos. “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América”.
Bolívar y Humboldt
La Carta de Jamaica se presenta por varias razones como un buen punto de partida para un gran programa multidisciplinario en torno al Bicentenario de la Independencia de América latina. Por una parte está dirigida a todo el continente, incluso al mundo entero, si bien Brasil, cuyo destino tomó un rumbo diferente, no se menciona directamente; por la otra, las visiones de Bolívar permiten que la Carta mantenga su vigencia en el presente y el futuro. Finalmente también hay una clara referencia a Alemania, puesto que en su escrito Bolívar menciona varias veces al “barón de Humboldt” quien, en palabras de Bolívar, hizo más por América que todos sus conquistadores.
Muchos mitos se han tejido en torno a los dos encuentros de Alexander von Humboldt con su amigo Bolívar de 1804 en París y 1805 en Roma. Incluso en Venezuela hay quienes dicen que Humboldt habría sido el padre intelectual del movimiento de independencia latinoamericano e inspirado al “Libertador”. A la guerra que se desató en las colonias españolas después de su partida la calificó como “una de esas grandes revoluciones que sacuden y despiertan a la humanidad”. Sin embargo, ya advirtió hace 200 años de los peligros de la discordia política, de la fragilidad de las instituciones, el incumplimiento de las leyes y el despotismo de los caudillos.
El pulso de América
La exposición considera posiciones artísticas abiertas a las decisivas transformaciones sociales y culturales a las cuales los estados americanos se ven sometidos en la actualidad. Obviamente no se espera de los artistas que nos entreguen recetas para la política contingente ni tampoco un “diseño político”.Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas
Pablo Neruda, Un canto para Bolívar
El proyecto se puede leer también a partir de las transformaciones dramáticas que América latina ha vivido en las últimas décadas. De la noche a la mañana, apacibles ciudades capitales se convirtieron en megaurbes incontrolables y desbordantes, rodeadas de barrios pobres y marginales. Paisajes vírgenes se transformaron en una devastada tierra de nadie. Pero los artistas también incorporan la inquebrantable vitalidad de la población multiétnica del continente, su espiritualidad y creatividad. Ocupan puestos de escucha abandonados hace tiempo y registrarán el temblor subterráneo que se anuncia.
Recorriendo el continente
Lo que para los exploradores del siglo XIX –como Langsdorff, Florence y Taunay– fue mera curiosidad por descubrir una “terra incognita”, en los trabajos de los artistas contemporáneos se convierte en una cartografía de las corrientes políticas y culturales que atraviesan el continente.Los artistas e intelectuales que participan de nuestra exposición han explorado América latina en todas las direcciones. Visitaron ciudades pequeñas y apacibles en el interior de los países y megaurbes desbordantes y abarrotadas. Sitios aferrados al pasado y modernas metrópolis que se han ocupado de extirpar hasta los últimos vestigios de historia. Los artistas languidecieron en inhospitalarios desiertos de hormigón y disfrutaron la elegancia y el sosiego de los patios interiores y la arquitectura colonial español. En La Paz, se preguntaron si acaso la autodeterminación de la población indígena podría dar un nuevo curso a la historia, y en Buenos Aires, si los movimientos sociales podrían ser una respuesta a la globalización.
Ofrecerle refugio al tiempo
Algunos artistas recorrieron el Camino del Inca en Perú y Ecuador, otros los barrios populares de Medellín y Caracas. Mientras tanto otros contemplaron la historia y sus reveses desde una perspectiva irónica.
En algunas ciudades el tiempo transcurre demasiado rápido, en otras con extrema lentitud. En algunas, al arte contemporáneo le cuesta echar raíces, en otras se lo recibe con los brazos abiertos
Hay lugares que sólo duran un instante –son aquellos momentos singulares que sólo el arte puede captar–, y para ciertos tiempos, dice Mario Benedetti, no hay lugar. Quizá esta paradoja pueda aplicarse al presente, que comprime extremadamente el tiempo pero sin ofrecerle un hogar ideal en ninguna parte. Parece que sólo el arte es capaz de situar el tiempo actual y de ofrecerle refugio.
Alfons Hug, curador






