Autores | Alemania

Alexander García Düttmann | Obra-Fragmento

Fragmento de “VIAJE A LA INDEPENDENCIA, SENTIMENTAL Y EN ZIGZAG”

Para los artistas y los curadores con quienes conversé en Santiago, el tema de la independencia y de su bicentenario es un tema impuesto desde afuera o desde arriba, un tema del estado al que no se prestará mucha atención o que a lo sumo provocará una polémica. Si me apoyo en las aclaraciones de Brugnoli, el concepto político de independencia es el resultado de una “idealización” que el concepto mismo también efectúa. Pienso que quiere decir que obtener la independencia es adoptar un modelo preexistente, midiéndose con este modelo y prolongando así dependencias previas, mientras que al mismo tiempo crea también nuevas dependencias. En Uruguay me informaron de que una fábrica de celulosa finlandesa fue ubicada en las verdes orillas del Río de la Plata en contra de la voluntad de los vecinos argentinos y sin que la importancia de esta fábrica para la economía local fuera digna de mención. Es también en nombre del comercio y los negocios que Bolívar juega la carta de Europa en contra de España. Se desprende de estos datos que la independencia de un país o incluso de un continente puede consistir en la libertad de elegir de quién – de qué otro estado o de qué otro continente se va a depender. A menos, claro, que la dependencia elegida no sea, en verdad, una dependencia impuesta a la fuerza. Investigadores uruguayos que se ocupan de letras y de arte dudan que el estado haga construir monumentos o lugares conmemorativos para celebrar su independencia dentro de dos años, fecha fijada por el gabinete durante mi estancia. Cuando se celebró el centenario todavía se edificó un estadio. El arte que busca probar su independencia y que por lo tanto rechaza cualquier función meramente representativa en relación con el estado y la nación, resistiéndose a cumplir con la exigencia de consolidación político-nacional y crear obras de género épico o histórico, como lo hizo el pintor Blanes con su partidaria puesta en escena del “Juramento de los Treinta y Tres Orientales” – este arte, ¿puede aliarse con la política tan sólo en la lucha por el reconocimiento, en una lucha siempre reanudada y a la que las instituciones estatales y su cronología siempre ponen fin? Nelly Richard, crítica de arte, recuerda el doble frente en el que se mantenía la “avanzada” en el arte chileno después del golpe militar. Contra el Chile de los militares y contra el Chile de una izquierda marginada, oprimida y perseguida, contra dos tradiciones artísticas de la independencia que tenían en común considerar el arte como transmisión de mensajes y que negaban ambas la ruptura, la destrucción de la unidad histórica y la descomposición de una subjetividad social orgánica, resultó político un hermetismo que no comprometía el carácter artístico del arte. El hecho que Richard interprete entonces los enigmas de la “avanzada” en clave de transposiciones “metafóricas”, de mensajes cifrados y por descifrar, contradice su propio argumento. Ahora bien, esta interpretación contradictoria del arte muestra que todavía queda por ver cómo la independencia artística puede ser eficaz desde una perspectiva política. ¿Cómo debe concebirse la relación entre arte y política si está en juego algo más que un simple acercamiento del arte a la política, algo más también que el acercamiento de la política al arte practicado, según se ha podido decir, por los Tupamaros en Uruguay?
Traducción: Alexander García Düttmann