Voces


Fabiane Borges. Foto Ana Cifuentes Ponce

Fabiane Borges

Psicóloga

Brasil


Fabiane Borges. Foto Ana Cifuentes Ponce

Según su punto de vista, ¿cuáles son las principales cuestiones y problemáticas del Sur Global?

Las de siempre: el empobrecimiento de las clases bajas, la mediatización mediada por los intereses del mercado, la exploración de las industrias, la precariedad masiva, el agotamiento de los recursos naturales para apoyar a los países en desarrollo, las élites no comprometidos con los intereses de su propio pueblo, que colaboran asiduamente en el mantenimiento de la miseria por interés propio, la corrupción de los gobiernos, los monocultivos que destruyen los bosques, los proyectos de desarrollo simplistas importados de los países ricos sin singularidades regionales, la falta de inversión en las inteligencias locales, etc.

¿Cuáles son las lagunas del diálogo Sur-Sur? ?

Al llegar a África o a India, al Oriente Medio, o al viajar por países de América Latina, tuve una misma impresión: que no sabía casi nada acerca de estos lugares. Hay una máquina de producción de informaciones transmitidas por medios de comunicación a veces sesgados y a veces fetichistas, que no abordan los problemas con conocimiento de causa, sino con metáforas adecuadas y discriminación étnica; que constantemente muestran, o bien el exotismo tradicional, o el caos de la violencia, el terrorismo o la pobreza. Intentan ocultar las formas de vida, las relaciones, las negociaciones, las formas de supervivencia o las relaciones comunitarias, promoviendo a través de esa ignorancia masiva terrenos fértiles para las diversas “intervenciones” con el apoyo de los mediotizados.

Apunto hacia los medios de comunicación como uno de los principales problemas en relación con el diálogo del Sur Global, ya que ellos comunican “verdades” y homogeneizan los problemas, creando imágenes y valoraciones conformes con sus pactos de intereses mercadológicos o de guerra. Salvo algunas excepciones de medios más comprometido con la crítica y la profundidad de campo, los cuales, no obstante, siguen siendo en su mayoría terriblemente verticales. A principios del siglo XXI, Internet era la gran promesa de generación de plataformas de comunicación más horizontales, donde a través de canales abiertos, redes, correos electrónicos, sitios web y blogs era posible acceder de forma menos intermediada a realidades locales y ello tener mayor acceso a los eventos generales referentes al Sur Global. Este tipo de acceso es más activo, pues posibilita la manifestación, la crítica, la profundización de los conocimientos, el intercambio más equilibrado entre las partes interesadas. Internet amplió el espectro terrestre y aún funciona en la medida en que nos ha traído más claridad sobre los modos de vida de los países del “Tercer Mundo”, ya que los modos de vida de los países “desarrollados”, como el fatídico american way of life nos había sido introducido hasta el agotamiento.

Esta promesa, sin embargo, se encuentra en riesgo. Todo la horizontalidad tecnológicamente posible equivale a terrenos, pedazos de tierra, fuentes de disputa. Un extraño paisaje diseñado (programado) por libertarios y mercenarios, y los primeros están en la mira del poder, suicidados, muertos, escondidos en miedo, exiliados; y los segundos crean el diseño, formulan proyectos, promueven tendencias de manera conforme con intereses del mercado y el mantenimiento de su propio poder. El resto son los usuarios que aún ejercen su pequeña libertad en cuanto proporcionan datos para Big data, ya sean datos revolucionarios o reaccionarios. Lo que es interesante señalar aquí es que la comunicación sigue estando mediada por los intereses del mercado, pero que TODAVÍA es posible, a través de Internet, crear nichos de relaciones transcontinentales y, sí, nichos de relaciones en el Sur Global. Esto es, al menos, un proceso de desalienación y de auto-reconocimiento que debería ser fortalecido ampliamente por los Estados interesados.

Es importante, sin embargo, que estas redes no sólo son promovidas por Estados o mega-compañías o congresos universitarios al estilo importado de Europa o Estados Unidos, sino que estas relaciones se promuevan a gran escala, fortaleciendo proyectos, reuniones, intercambios masivos entre los países del Sur Global. Lo que sería sorprendente y liberador es que, en estas reuniones, surgieran nuevos paradigmas más allá de la idea ya desgastada de progreso y desarrollo, que se discutieran temas más reales, más concatenados con las exigencias de nuestro planeta y sus habitantes (ecodemandas).

¿Cómo se relacionan los episodios “A la mesa” y “Tecnochamanismo”, en los que usted participó, con estas lagunas y problemáticas?

Creo que aquella mesa fue importante para aclarar algunas cuestiones relacionadas con el tecnochamanismo. Por ejemplo: no es una red de antropólogos, aunque tenemos algunos muy interesantes alrededor nuestro. Tampoco es una red de indigenismo, a pesar de que su indigenismo es evidente y muchos programas tienen a los indígenas como participantes y referencia. No es una red de artistas, aunque hay muchos artistas involucrados. No es una red de permacultores, a pesar de tener muchos proyectos de permacultura y agroforestería. No es una red de música electrónica, a pesar de incluir una gran cantidad de aquella. No es una red de tecnología, a pesar de tener muchos tecnólogos y de ser este un tema central.

Es una red de personas interesadas en pensar y producir tecnología y conocimientos ancestrales, teniendo como objetivo las tecnologías libres, autónomas, colectivas, colaborativas, open source. Y la ancestralidad está dirigida a los conocimientos tradicionales, pero también los imaginados, manifiestos subjetivos, expresiones de los saberes del cuerpo, del arte, del performance, de la música, de los rituales y las cosmologías libres y también para el futuro, es decir, las utopías que serán engendradas a través de este acoplamiento, los proyectos para el futuro (que también es pasado), el ancestrofuturismo .

La función de esta red es pensar los modos de producción tecnológica, la autonomía tecnológica o las ideologías que hacen autostop con la tecnología, y competir en su desarrollo. Y, al mismo tiempo, ampliar el concepto de ancestralidad, más allá de lo humano y la temporalidad lineal. Así que no se trata de un intento de inclusión tecnológica de personas sin tecnología, ni de espiritualización de los tecnócratas, sino de promover acción entre los fundamentos de la tecnología y la ancestralidad, que promuevan a su vez una ciencia más comprometida con un pensamiento más múltiple y, viceversa, un pensamiento más comprometido con una ciencia más múltiple.

Para entender mejor tal vez sea necesario comprender que no estamos de acuerdo con la ideología que observa la producción de tecnología de progreso y desarrollo a través de la competencia del mercado, ya que esta competencia se basa en el bloqueo del flujo, la programación de la obsolescencia y la promoción del consumo irresponsable. Por no mencionar que el proyecto tecnológico en pleno ascenso es justamente el de supercontrol y supervigilancia. Estamos en la mano de un Dios malvado, de gran magnitud, que a todos nos esclaviza y asegura la vida suprema sólo para sus elegidos.

Llevar el chamanismo a la discusión tecnología es importante porque él disputa el imaginario monoteísta de la superpotencia, impregnándolo de multitudes espectrales, anímicas, poblaciones. La tecnología aquí se pone al servicio de algo distinto al poder y al control: es decir, al servicio de exigencias insurgentes, de las necesidades locales, de la curiosidad científica, de los proyectos colaborativos. El tecnochamanismo, entonces, es una utopía colaborativa.

Como red de colaboración utópica (pero también distópica y entrópica), ella está empezando a mover estos conceptos y prácticas a través de los encuentros que promueve. Ella sólo funciona como red, no es un proyecto gubernamental ni puede ser ampliada a un tamaño global, ni podrá ser mayor que ella misma, sólo es infinita mientras dure. Pero es internacional y se relaciona con redes afines, promoviendo debates, dirigiendo saberes que pueden ser puestos al servicio de grupos o pequeñas comunidades, trasladando experiencias de un lado al otro, promoviendo rituales libres, que activan la imaginación y el campo de las relaciones inconscientes. La red es una clínica social para el futuro, precisamente porque lidia con esas ancestralidades (campo subjetivo, clínico, inconsciente), con esos tipo de sociedades (redes comunitarias, comunidades indígenas, grupos de Internet, comunidades internacionales), y con esos futuros (disputa el imaginario sobre el futuro, el Antropoceno, las prácticas de desantropocenización). Subjetividad – Sociedad – Futuro. ¿Qué otros seres humanos podemos llegar a ser?

No sabemos a ciencia cierta cuánto repercute el tecnochamanismo en los países del Sur. Sabemos que en América Latina tiene suficiente atractivo con personas comprometidas de países como Ecuador y Colombia. Pero creo que puede ser una gran propuesta empezar a pensar en esta confluencia entre el Sur Global y el ancestrofuturismo del tecnochamanismo. No habrá ninguna transformación tecnológica o del futuro sin un cambio paradigmático de los sujetos y sus modos de desear.

Fabiane Borges es doctora en Psicología Clínica. El enfoque de su investigación es el spaceart, la relación entre arte y tecnología, el chamanismo, el performance y la subjetividad.