Voces



Amilcar Packer

Fotógrafo, artista y filósofo

Brasil




Desde tu óptica, ¿cuáles son las principales cuestiones y problemáticas del Sur Global?

Voy a empezar con dos frases. La primera es del poeta chileno Vicente Huidobro: “Los cuatro puntos cardinales son tres, el norte y el sur”. Y la segunda es del artista sueco-argentino Runo Lagomarsino: “If you don’t know what the South is, it’s simply because you are from the North”. Ambas me gustan mucho realmente, pero al mismo tiempo creo que veo las cosas de una manera un tanto distinta.

“Sur Global” es un término que ha venido empleándose para reemplazar de una manera políticamente correcta el uso de nomenclaturas tales como “Tercer Mundo”, “países subdesarrollados” o “países en vías de desarrollo”, para generar una denotación supuestamente menos colonialista, menos subordinada y a priori emancipadora en potencial. Sin embargo, así como esos términos, y al igual que el término Latinoamérica al que querría traer a este diálogo, “Sur Global” es un concepto sumamente problemático, simplista, ambiguo y demasiado general. Sucede que el mismo estipula criterios presuntamente objetivos, científicos, tales como el idioma y el hemisferio del globo (la etimología, la brújula y el ecuador) que, a decir verdad, enmascaran determinantes históricos, sociales, políticos, económicos y raciales de contextos violentados desde hace siglos por los sistemas coloniales y, dicho sea de paso, todavía vigentes. Y por el capitalismo en sus diversas manifestaciones. En parte de Canadá se habla en francés, un idioma latino, y no por ello el país es tenido como parte integrante de Latinoamérica. Se estima que en Estados Unidos hay más de 41 millones de hispanohablantes nativos; es decir, es más del 10% de la población total estadounidense y el equivalente a la población total de Argentina. Y no por ello se considera que EE.UU. forma parte de América Latina. Cabe también recordar que Puerto Rico, comúnmente referido como el 51st State of America, es tenido como un “estado libre asociado” de EE.UU., y tiene al español como lengua oficial.

O sea, a los Estados nación “exitosos” que integran el selecto grupo de los países tenidos como desarrollados y que están en el Hemisferio Sur del planeta, tales como Australia y Nueva Zelandia, no se los considera como parte del “Sur Global”. Noruega es un país que pasó una buena parte de su existencia bajo el dominio de Dinamarca y después le fue entregado de regalo a la corte sueca. En el siglo XIX, más de la mitad de su población migró a causa del hambre y la miseria, y recién a partir de la década de 1950, con la extracción del petróleo, el país “compró” su ingreso al “mundo civilizado”. Me parece que Noruega tendría todo como para que se la considere como una excolonia, pues algunas de sus poblaciones nativas (los saamis) fueron atacadas y expulsadas. Hablan un idioma que puede pensarse como una lengua franca y, por qué no decirlo, un creol, un criollo del danés. Y durante siglos fueron explotadas por otras naciones.

Por ende, la mayoría de los Estados del “Sur Global” se encuentran en el Hemisferio Norte del planeta. Entonces los términos Latinoamérica y Sur Global no se refieren propiamente a aquello que formulan. Y esto no es precisamente un detalle, pues la posición epistémica de ser (del) “Sur Global” ubica a países, pueblos, grupos, individuos, regiones y culturas de partida en una posición de subordinación. De alguna manera, esto ya aparece implícito en la pregunta, en la medida en que algunos lugares, algunos cuerpos, algunas “cosas” históricamente marcadas están determinadas por descarte mediante “cuestiones y problemáticas”, cuestiones éstas que deben resolverse.

Es como si el formar parte del “Sur Global” necesariamente determinase una posición deudora de algún tipo de explicación, justificación, respuesta o búsqueda de una solución para su y debido a su precariedad, su pobreza y su violencia. O de no ser así, se exige algún tipo de autoafirmación orgullosa, casi que nacionalista. Ambas operaciones se concretan ante la referencia por excelencia: la reverencia al “Norte Global”. El “Norte” es tenido como aquello que “nortea”, la dirección que ha de seguirse, el camino seguro, etc. Los usos de las palabras revelan la gramática colonialista que está implicada en el término “Sur Global”.

Lo que sitúa en el “Sur Global” no es la posición geográfica, el estar en el Hemisferio Sur, ni tampoco es la ausencia de pecado, por parafrasear a Ney Matogrosso. Del mismo modo que lo que ubica en el “Norte Global” no es el estar en el Hemisferio Norte. No lo sé, pero a lo mejor debemos referirnos al “Sur Colonia”, al “Sur Colonizado”, al “Sur genocida” y al “Norte imperialista”, al “Norte beligerante”. Lo mejor sería abolir esta polaridad geográfica que en gran medida formula una especie de posibilidad de resolución mediante una especie de reversión o de inversión de los polos, como si el “Sur Global” pudiese algún día venir a ser, pudiera algún día tornarse el futuro “Norte Global”, y así aportar alternativas para “salvarse” a sí mismo y “salvar” al planeta de la violencia y la destrucción generalizada.

Pero para contestar la pregunta: Para mí, una de las cuestiones fundamentales de las regiones, los países y los pueblos empaquetados en el “Sur Global” reside precisamente en que deben responder regularmente ante una epistemología colonial plagada de términos variantes y generalizadores, y composiciones y recortes geopolíticos que se les imponen como condición de existencia. Creo que esta situación impide efectuar formulaciones que puedan trabajar con las complejidades, las tensiones y las especificidades locales, que puedan operar autodeterminaciones de manera dinámica para la imaginación de posibles emancipadores cuyo ethos sea capaz de engendrar dispositivos que apunten a una predominancia constante de la justicia social.

¿Para qué sirve el “Sur Global”? ¿A quién sirve el “Sur Global”? En resumen, habría mucho por desplegar, pero digamos tautológicamente que, para mí, las problemáticas y las cuestiones más fundamentales del “Sur Global” se refieren al hecho de que una parte del mundo ha sido transformada en “Sur Global”. Esto hace que el Sur y particularmente el “Sur Global” constituyan la problemática y no algo que tenga problemáticas que deben resolverse. El Sur ‒y más específicamente la parte “Sur Global” del Sur‒ no se salvará a sí mismo, no salvará al Norte Global ni mucho menos salvará al mundo.

¿Dónde se ubican las lagunas en el diálogo Sur-Sur?

La respuesta anterior determina buena parte de la respuesta a esta segunda pregunta. Esta última lleva implícito que existe un diálogo Sur-Sur, y que ese diálogo tiene lagunas, al igual que el hecho de que esas lagunas pueden situarse en algún lugar. Por eso creemos que tenemos en este caso la responsabilidad de explicitar al menos qué entendemos por “diálogo”, de qué “Sur” hablamos cuando decimos “Sur-Sur” y qué entendemos también que son dichas “lagunas”.

Empecemos entonces por las lagunas, que es quizá lo más fácil. Si es que lo entiendo bien, las “lagunas” en este caso determinan una falta, un déficit, un problema, un defecto, un espacio dejado abierto, adrede o no, y que puede o podría o podrá quién sabe algún día ocuparse. Una laguna puede referirse también a un espacio en blanco: complete este espacio o déjelo en blanco. Quizá podamos denominar acá con el nombre laguna al “espacio de los blancos”, ésos que pueden darse el lujo y el privilegio de no contestar, de quedarse en silencio, de no ser marcados, pero de ser algo así como el soporte ontológico, la sustancia de las marcas.

Esa laguna como espacio de los blancos trae aparejado nuevamente algo de la lógica que comentaba antes, que indica que existe algo que está mal y que debe resolverse, solucionarse, completarse. Y esto se naturaliza y se convierte en evidencia. Del mismo modo, la laguna que ha de llenarse aparece como una oportunidad (¿para los blancos?), lo cual en el mundo en que vivimos constituye la seña para pensar en negocios. Así se incurre en el riesgo de pensar que las lagunas están allí para llenarlas, y más aún, para tomarlas como oportunidades que deben capitalizarse. Entonces se toman los cuerpos y los territorios marcados colonialmente (nuevamente) en su potencial de disponibilidad, como oportunidades, dado su carácter lagunar.

Al decir diálogo podemos pensar en una conversación, una relación, un vínculo, un intercambio, una asociación, una colaboración; tratados, acuerdos. Todo esto con una determinada reciprocidad dialógica que no se basaría en relaciones asimétricas de poder, desigualdad y sujeción. Pero al decir Sur-Sur en el presente contexto nos referimos entonces a relaciones entre países y regiones, agentes, autores, grupos, colectivos, asociaciones, instituciones, empresas y gobiernos pertenecientes a lo estipulado como parte del “Sur Global”: de América del Sur, de América Central, del Caribe, de África y de Medio Oriente, de buena parte de Asia. En definitiva, de los países a los que alguna vez se denominó como subdesarrollados, en vías de desarrollo o del Tercer Mundo, que fueron colonizados y que pasaron por guerras coloniales y/o por guerras del capitalismo mundial integrado, cuyos sistemas económicos y su organización del trabajo se basaron y aún se basan en la esclavización y en la segregación y cuyas fronteras, entre tantas otras cosas, les fueron impuestas por los imperios del “Norte Global”, en el marco de acuerdos y tratados unilaterales y sin el consentimiento de los pueblos que en ellos habitaban y que en algunos casos aún se obstinan en habitar, al costo de sus propias vidas.

Al hablar de “diálogo Sur-Sur” surge algo así como una idea de relación entre pares, entre iguales o al menos entre supuestamente semejantes. Pero, si lo que amalgama al “Sur Global” es precisamente la situación colonial, la subordinación, el avasallamiento, la imposición de la condición de subdesarrollados, la precariedad infraestructural y la de las organizaciones políticas, como así también la pobreza y la violencia económica social, racial, política y cultural, ¿cómo establecer un diálogo entre pares, si la condición impuesta es de avasallamiento y destitución? Uno termina ubicado en una posición que implica aceptar aquello que le fue impuesto para poder hablar, para poder hablar sobre eso y sólo sobre eso, y partiendo únicamente de eso.

La condición de “Sur Global” necesariamente genera una postura siempre deudora, de falta, de laguna. El hablar de un “Sur Global” constituye una manera de perpetuar la imposición de una situación históricamente lagunar, en el sentido de falta y de falla, para buena parte del planeta. Debemos pensar que quizá existan hoy en día más relaciones entre Brasil y Sudáfrica que entre Brasil y Perú, que entre São Paulo y Manaos, que entre el barrio Jardins y el barrio São Miguel Paulista de la ciudad de São Paulo. Es decir, uno puede vivir como si estuviera en el “Norte Global” estando en el “Sur Global”, y mantener intensos y regulares diálogos “Sur-Sur” con quienes viven en situaciones de “Norte Global”. En otras palabras, ¿esas divisiones polares constituyen efectivamente herramientas lo suficientemente precisas y críticas como para lidiar con la complejidad de las permanencias coloniales, del extractivismo, de la mundialización del capitalismo y particularmente de la financiarización del mundo? Me parece que es fundamental pensar que los procesos de descentralización y de combate contra las asimetrías de poder no son axiales ni tampoco lineales o entre bloques opuestos; y para ello es necesario dejar de orientarse según coordenadas geopolíticas generalizadoras.

¿De qué manera el episodio ¡Urgencias!, en el cual participaste, se relaciona con esas lagunas y esas problemáticas?

Bueno, la serie de las respuestas sigue como en un dominó. ¡Urgencias! es una de las iniciativas que empezamos a organizar en 2016 en colaboración con el Goethe-Institut São Paulo como parte del Programa de Acciones Culturales Autónomas (P.A.C.A.) que tuvo inicio en 2014 y que en la actualidad cuenta con la participación de Suely Rolnik, Tatiana Roque, Max Jorge Hinderer Cruz y yo. Las sesiones de ¡Urgencias! deben verse entonces como parte de una constelación de gestos que hasta este momento comprende el Seminario Público: Micropolíticas, que estuvo organizado entre 2014 y 2016 por Max, Acácio Augusto y yo, y las distintas presentaciones que hemos venido haciendo desde 2015 en Casa do Povo y sus registros, disponibles online en: https://vimeo.com/user6047650, al igual que los textos publicados en el periódico Nossa Voz.

Son gestos mínimos que esperamos que puedan aportar al ejercicio de la conversación pública como política de producción de subjetividad, como modo tal de forjar y difundir herramientas de intervención crítica en la realidad local y quizá con resonancias que vayan más allá. El P.A.C.A. cuenta con la colaboración del Goethe-Institut São Paulo, y así es como integra los Episodios del Sur, es decir, es uno de dichos Episodios. Pero nuestras actividades no apuntan al “Sur Global”, no elaboran el “Sur Global” ni tampoco echan mano de tal terminología. Tampoco pensamos en un privilegio axial o geopolítico de y para las discusiones que intentamos promover.

Amilcar Packer coordina el P.A.C.A. (Programa de Acciones Culturales Autónomas) y fue nominado en 2012 al premio Pipa. Sus trabajos en video y fotografía investigan los límites del cuerpo y su relación con el espacio.