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Nichos necesarios: El debate del jazz 2012

Ralf DombrowskiJazz en la mira: muchos músicos jóvenes hacen música improvisada, como por ejemplo Malte Schillers Red Balloon, Foto: Ralf DombrowskiEl Jazz se ha puesto sobre el tapete. Los suplementos culturales debaten sobre él, el Parlamento Alemán le dedicó una hora de incidentes y es protagonista de muchos nuevos proyectos. Un área que ha comenzado a moverse con un destino todavía desconocido. A continuación, una radiografía.

Todo empezó muy sobriamente: la pianista berlinesa Julia Hülsmann, como una de las pocas alemanas representantes del jazz local en el activo sello internacional ECM, como muchos de sus colegas, estaba harta de las condiciones laborales cada vez más adversas. En nombre de un nuevo Sindicato del Jazz, publicó en noviembre de 2011 una "Iniciativa para un jazz fuerte en Alemania", que inicialmente fue suscrita por cerca de 100 músicos y que actualmente suma 1.200 firmas. En el texto se exige, entre otras cosas, un seguro básico para músicos, salas de conciertos y clubes de jazz con subvención estatal, fomento a la exportación y una representación de músicos en gremios relevantes. El objetivo era, entre otros, tener algo concreto en la mano, puesto que el Parlamento Alemán tenía previsto abordar el tema del fomento a la música en marzo de 2012.

¿Puro ruido? Al jazz en Alemania se le imputa la falta de momentos de intensidad, Foto: Ralf DombrowskiCon excepción de un par de comentarios poco entusiastas, el tema al principio casi no tuvo eco en la prensa. Hacia fines del 2012, sin embargo, el diario Süddeutsche Zeitung (SZ) abrió la discusión periodística al calificar la música hecha en el país de "jazz de epígonos" para, según se afirmaba allí, el "público más viejo del mundo". Una réplica del semanario Der Spiegel realizó una cuidadosa defensa del género, pero reconoció a continuación también la existencia de señales contradictorias desde el mundo del jazz. Nuevamente el SZ saltó al ruedo, con un artículo en que se echaba en falta los "grandes momentos" de la música, que se producen no tanto en la reflexión como en la vivencia de la música improvisada en los conciertos. Estaba claro, el debate era necesario.

Jazz relevante

La discusión tomo verdadero vuelo cuando a finales de enero, el SZ publicó las opiniones de un jazzista. El saxofonista Michael Hornstein aprovechó la oportunidad para disparar con ventilador, bajo el título "fuera de servicio", contra los colegas "estancados desde hace 20 años", pero también contra los multiplicadores que en su opinión se enriquecen a costa del jazz. Hornstein expresó que "los únicos que pueden vivir bien del jazz en Alemania son los reporteros, los periodistas y los organizadores de eventos". En conclusión: "Así como el jazz alemán se está mostrando en la actualidad no puede tener ningún tipo de relevancia social." Eso era una provocación y las reacciones no tardaron en producirse.

Disenso sobre la dirección correcta: ¿Cuán importante es el jazz en Alemania? ¿Cuán negro debería ser?, Foto: Ralf DombrowskiSe desató un agitado debate que, sin embargo, no aclaró mayormente dónde podría radicar la relevancia reclamada. El pianista de Colonia Florian Ross escribió, por ejemplo, una carta al director respaldada por diversos firmantes y numerosos músicos, periodistas, organizadores de eventos y blogeros hicieron su propia interpretación del contenido. Otras publicaciones se sumaron a la discusión, como el semanario Die Zeit, por ejemplo, y revistas especializadas como Jazzzeitung. Por su parte, en la hora de incidentes en el Parlamento Alemán, el tema solo logró una tímida resonancia, lo que a su vez provocó los comentarios de la prensa. Finalmente, fue una vez más el SZ el que redondeó el debate, al menos de manera temporal, al reclamar en esta oportunidad en un artículo que demandaba "respeto" para los artistas, a los que antes había certificado como "fuera de servicio", y en otras dos reflexiones se preguntaba por las raíces negras de la música.

Pasado y presente

En todo este debate se ha discutido sorprendentemente poco sobre contenidos artísticos. El Jazz hoy es más que su historia. Representa una diversidad de ramificaciones estilísticas más allá de sus raíces norteamericanas, una red globalizada de culturas musicales de improvisación. No sin razón se está llevando a cabo también actualmente en Estados Unidos un debate sobre si el jazz debe rebautizarse como BAM: Black American Music.

El pianista y compositor, Foto: Ralf DombrowskiPero al confundir la crisis de las ventas con una crisis de la música, se está desconociendo el desarrollo de las últimas dos décadas. En Alemania, hay tantos músicos jóvenes de excelencia como nunca antes, lo que en buena medida es el resultado de la creación de departamentos de jazz completos en las escuelas superiores de música durante este período. Tras los nombres de famosos como Michael Wollny, Angelika Niescier, Henning Sieverts, Nils Wogram o Johannes Enders, hay otros cientos de talentos.

El jazz alemán, en este sentido, no tiene un problema de calidad sino de comunicación. El jazz también se debe aprender a escuchar. Pero sus músicos, sus conciertos, sus grabaciones y sus CDs llegan a muy pocos interesados. Y no es que falten consumidores, como evidencian algunas exitosas historias de clubs dirigidos inteligentemente, como el "Birdland" en Neuburg/Donau, el "Stadtgarten" de Colonia o el "A-Trane" de Berlín; de festivales que están viviendo un boom, como "Enjoy Jazz"; y de festivales tradicionales como el de Moers a orillas del Rin. Sobre este tema, nadie ha dicho hasta ahora casi ninguna palabra en el marco del debate.

Así y todo futuro

Nadie que abrace la profesión de jazzista espera estrellato y riqueza. Lo hace porque es su talento y porque es lo que le gusta. Sin embargo, este músico como artista en términos generales, y también como representante de una música que cristaliza la libertad y la democracia, puede esperar, por lo menos, una parte del reconocimiento y el apoyo que son habituales para aquellos que pertenecen al establecido canon artístico. Pero aquí la situación se presenta muy diversa a nivel regional. En Berlín, por ejemplo, con su vibrante movimiento cultural y su escueto presupuesto, los artistas trabajan la mayoría de las veces en condiciones más bien austeras. Algo similar ocurre en el más bien tradicional Hamburgo, enamorado últimamente de los festivales, donde el Hamburger Abendblatt realizó un análisis de la escena local bajo el título de "Jazz en crisis". En Stuttgart, por su parte, o en la pudiente Múnich, las condiciones de trabajo son por lo general mejores.

Una posibilidad para enfrentar esta diversidad de situaciones sería el fomento centralizado de la infraestructura cultural, desde la garantía y la creación de salas para tocar, pasando por una reforma del instituto de derechos de autor, hasta la subvención de giras en el país y en el extranjero. Otra opción podría ser un mayor compromiso en etapas tempranas de la educación una cantidad considerable de periodistas y personas con poder de decisión en el ámbito cultural les vendría bien escuchar más jazz y abrirse a una curiosidad desprejuiciada para descubrir la diversidad de atractivos de la actual música progresiva improvisada.

La pianista, compositora y nueva directora de la Unión de jazzistas alemanes (UDJ por su sigla en alemán) Julia Hülsmann, Foto: Ralf DombrowskiPero hasta ahora, el mundo público camina a paso de tortuga, lo que para los músicos ha constituido un incentivo. En el intertanto, Julia Hülsmann y los co-iniciadores del Nuevo Sindicato del Jazz, se hicieron cargo y restructuraron la Unión de jazzistas alemanes, institución creada en los años setenta pero que había estado parcialmente inactiva por un largo tiempo. Y el foro berlinés "Dach/Musik" (Techo/Música) creado en marzo de 2012 está buscando posturas comunes con todos los representantes de la escena musical independiente. "Se trata de que el jazz como expresión artística pueda seguir desarrollándose y no se quede estancado, porque en este caso es seguro sí que a los músicos no les quedaría más que trabajar como taxistas“ dice Julia Hülsmann, que también esta vez mantuvo su actividad en segundo plano. Primeros pasos en nuevas direcciones y todavía mucho por discutir.

Oliver Hochkeppel
es periodista cultural del diario Süddeutsche Zeitung.

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Mayo 2012

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