Wladimir Kaminer: Retrato

El humor bueno tiene que ser peligroso.

Wladimir Kaminer


Wladimir Kaminer nace en 1967 en Moscú. Se forma como ingeniero de sonido para teatro y radio, posteriormente estudia Dramaturgia en el Instituto del Teatro de Moscú. En el año 1990 se traslada a Berlín, donde vive inicialmente en una residencia del barrio de Marzahn. Más tarde ocupa un piso en el barrio de Prenzlauer Berg, aprende alemán y empieza a escribir. Publica textos de forma regular en periódicos y revistas. La Russendisko, o ‛disco rusa’, que dio nombre a su primer libro de relatos y le hizo famoso de la noche a la mañana, sigue teniendo lugar periódicamente en el Café Burger.

Actualmente, el prolífico autor es sin duda uno de los berlineses más conocidos, a pesar de que, según sus propias palabras, en un principio no tenía la intención de quedarse en esta ciudad. Con el tiempo ha establecido su residencia en Berlín, a la vez que se ha hecho un lugar en la escena literaria alemana. «En privado, un ruso, profesionalmente, un escritor alemán», escribe en su página web.

Kaminer mezcla la lengua alemana con un humor inconfundiblemente ruso, lo cual, es cierto, no le hace realmente peligroso, pero con ello da de lleno en el blanco del absurdo. Es un minucioso observador y analiza las pequeñas cosas de la vida con humor y sentido común.

Russendisko (La disco rusa), su ópera prima, fascina aún hoy con anécdotas originales sacadas de la vida cotidiana berlinesa. Un emigrante ilegal ruso escapa a la deportación saltando de un segundo piso, salto que es afortunadamente amortiguado por un cartel del partido de extrema derecha NPD. El lector recibe además una lección de sexo por teléfono en ruso y conoce a búlgaros que se hacen pasar por turcos propietarios de tenderetes de comida rápida.

Unos años y muchas historias más tarde, Kaminer presenta, con Ich bin kein Berliner. Ein Reiseführer für faule Touristen (Yo no soy berlinés: una guía para turistas vagos), una fantástica y original guía turística. También esta vez sumerge al lector en una ciudad que sigue viviendo de sus contradicciones y lo conduce a lugares apartados de los destinos turísticos habituales. Nos presenta un criadero de perros salchicha y un restaurante mongol, así como una granja que organiza actividades para niños. Algunos de estos lugares pueden resultar desconocidos incluso para los berlineses más arraigados.

A pesar de que en su guía turística Kaminer se ofrece como candidato a la alcaldía, al final parece haber elegido el papel de observador escribiente. Es obvio, pues, que Wladimir Kaminer sigue anteponiendo el humor a la política.

Por sus obras literarias ha recibido el Premio Ben Witter (2002) y el galardón literario de la Fundación del Acero de la ciudad de Eisenhüttenstadt (2005).

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