La recientemente creada Biblioteca Alemana tuvo un éxito inesperado, especialmente con sus cursos de alemán. Apenas pocos meses después del inicio de los mismos, el número de alumnos había crecido hasta tal punto que el piso de la calle València se quedó pequeño. En un edificio de la administración pública de la Gran Via 591, esquina con la calle Balmes, se encontraron finalmente unos espacios libres en la tercera planta. En enero de 1957, es decir, solamente catorce meses después de su inauguración, la Biblioteca Alemana ya se trasladaba a su segundo domicilio. Lo que en aquel momento debía ser una solución provisional se convertiría en la sede del «Instituto Alemán de Cultura» –como pasaría a llamarse oficialmente a finales de los años cincuenta– durante los cuarenta y dos años siguientes.
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