"El Goethe-Institut ha sido mi segunda residencia."
Francesc Abad: el transformador de la memoria

Francesc Abad (Terrassa, 1944) trabajó desde joven en el sector textil. Artista autodidacta, una estancia en el año 1971 en Nueva York supuso su inicio en el arte conceptual. Fue miembro del Grup de Treball, vinculado a las problemáticas del franquismo tardío. Su trayectoria se fundamenta en una voluntad utópica de transformación de la realidad mediante el arte. Ha expuesto en España y en el extranjero.
Señor Abad, su relación con Alemania tiene un carácter particular. ¿Nos podría explicar alguno de sus aspectos? ¿Cómo ha surgido su interés por la cultura alemana en este marco?
Bueno, es un poco largo de contar, pero, básicamente, mi primera relación con el Instituto Alemán se da entre los años 1972 y 1975, cuando el director era el doctor Hebel. Eran los tiempos del final del franquismo y el Goethe-Institut nos ofreció sus espacios para poder trabajar. Surgió el Grupo de Trabajo, un grupo de crítica social y política, que se pudo crear gracias al instituto, ya que en esos momentos en que Franco estaba en el poder no hubiera sido posible de otra manera. El refugio que nos ofreció el Instituto Alemán fue tan importante que yo creo que sin este espacio de cultura muchos grupos de este país no hubieran podido existir. Este fue también mi primer gran encuentro con la cultura alemana, de la cual a mi personalmente siempre me han interesado la escuela de Frankfurt, Adorno, Benjamin, Horkheimer...
Mi relación con el Goethe-Institut ha sido constante y fructífera. Me interesé mucho por la figura de Walter Benjamin, sobre quien he trabajado mucho, sobre todo sus últimos años, el paso de la frontera por Portbou... Y este trabajo se pudo hacer gracias al Goethe-Institut, con la responsable de cultura del momento, Eva-Maria Schneider, que me ayudó entre otras cosas a recoger información para poder seguir adelante.
Después la cultura alemana me ha interesado muchísimo, porque tal vez es una cultura de resistencia, como en el caso de Walter Benjamin, que aguantó aquí, en Europa, yo creo que porque aún había algunos valores que hacía falta defender.
¿Ha estudiado alemán alguna vez?
Yo no he estudiado nunca alemán, vengo de una generación que a los catorce años ya estaba trabajando en la fábrica para ayudar a mantener a la familia. Empecé a estudiarlo, pero tenía tantas obligaciones que fue imposible. Nuestra generación ha vivido de su experiencia y de su trabajo en la fábrica. Es una experiencia de trabajo continua que liga mucho con los tiempos grises y oscuros del franquismo. Tampoco tengo estudios universitarios. Se podría decir que soy completamente autodidacta.
¿Cuántas exposiciones ha realizado con el apoyo del Instituto?
Para mí, el Goethe-Institut ha sido mi segunda residencia. Con eso quiero decir que sin el instituto yo no hubiera podido hacer mi trabajo y aquel Grupo de Trabajo no hubiera existido.
Actualmente el Grupo de Trabajo se ha revitalizado, ya que después de muchos años el MACBA ha reivindicado la posición de estos grupos radicales que habían sido muy importantes en Alemania y Europa. Y lo eran porque desde una España fascista la mirada de Cataluña se dirigía a Europa para poder funcionar.
Trabajé con el Goethe-Institut para el homenaje a Walter Benjamin. También hay una escultura de Paul Celan en Barcelona que existe gracias a su apoyo, así como una obra de nuevas tecnologías, del año 2000, que se llama “Wart War”.
Personalmente he tenido una relación de amistad con Ulrike Hofmann, la responsable de cultura después de Eva Maria Schneider, y fue en su época que desarrollé mis trabajos más importantes. Para mí la relación con el Goethe-Institut es una cosa muy normal, excepto estos últimos años, que he tenido compromisos profesionales.
¿Qué cambios en el Goethe-Institut le han llamado más la atención desde el momento en que lo conoció hasta ahora?
Bueno, yo creo que en los primeros años, sobre todo los setenta y ochenta, el Goethe-Institut fue esencialmente un espacio de cultura. Se enseñaba alemán y otras cosas en la biblioteca, pero la cultura era muy importante. Creo que el instituto tenía la misión de potenciar la cultura, una cultura crítica desde un punto de vista socialdemócrata, que es lo que aquí no había, y era muy importante que un pueblo con una democracia consolidada, como puede ser la alemana, pudiese ayudar a nuestro país y a la gente de aquí. Posteriormente, el Goethe-Institut se ha convertido –y yo pienso que debe ser así, ya que la globalización ha cambiado muchas cosas– un poco más en un lugar de estudio del idioma alemán. Con eso no quiero decir que no se haga cultura, se están llevando a cabo muchos proyectos importantes. Pero con tantas instituciones como existen ahora, actualmente la misión ya no es tan esencial como antes.
Y ahora que les han concedido el premio Príncipe de Asturias –junto con los institutos Francés, Italiano y Británico–, hay que tener presente que sin la gente de los institutos de cultura extranjeros, y básicamente el Goethe-Institut, que yo creo que llevó todo el peso y que “se la jugó” y se enfrentó a un régimen antidemocrático, muchos de nosotros no estaríamos haciendo el trabajo que estamos haciendo.
¿Recuerda algún momento destacado en todos estos años de contacto? ¿Algún hecho especialmente memorable?
El Goethe-Institut siempre ha sido un lugar de grandes discusiones, sobre todo en los años setenta y ochenta, de discusiones políticas difíciles, con la policía fuera... Había que aguantar muchas cosas, pero yo pienso que el doctor Hebel lo llevó muy bien. Fue un lugar donde el diálogo y la confrontación de diferentes posiciones políticas o ideológicas se pudieron desarrollar como una cosa normal. Posteriormente el Instituto ha supuesto un ayuda económica, más que nada asistencial, para poder llevar a cabo un trabajo. Pero para mí no ha sido nunca un lugar de tertulia, ha sido un lugar de trabajo.
¿Diría que el contacto frecuente con el Goethe-Institut ha tenido alguna influencia en su trabajo artístico? Si es así, ¿cuál?
No creo que haya tenido mucha influencia. El Goethe-Institut me ha ayudado a desarrollar un pensamiento más “germánico”, si se puede decir así, pero es porque yo mismo ya llevaba esta línea. Pero sin su ayuda no hubiera podido hacer parte de mis trabajos más esenciales.
El Goethe-Institut me ha ayudado a pedir lo que he necesitado de Alemania. Para la realización del trabajo sobre Paul Celan, por ejemplo, fue necesario contactar con editoriales como la Suhrkamp, con algún escritor, solicitar la cesión de derechos... Era todo muy complejo y el Goethe-Institut ayudó mucho a superarar los escollos y permitir así que se hiciesen trabajos "non profit" como el nuestro, que es un trabajo de investigación las ganancias económicas del cual no son relevantes.
¿Qué esperaría del Goethe-Institut en el futuro, tanto personalmente como en su proyección en Cataluña?
No lo sé, es difícil ver el futuro. Espero que el Goethe-Institut continúe ayudando a la gente que desde el país hacemos cultura con unas ciertas afinidades. Creo que debe continuar ayudando a la gente joven para que pueda llevar adelante sus proyectos. Eso no significa que nuestra democracia, nuestras instituciones no estén echando una mano. Hay un punto de vista más amplio que el Goethe-Institut puede aportar, y que es necesario que aporte, porque a veces no es un problema de dinero, sino de apoyo, de enlace con la cultura alemana, a la cual se quiere acceder sin conocer el idioma o sin poder desplazarse al país.
Si tuviese que dar un consejo al actual director del instituto, ¿cuál sería?
No me gusta dar consejos, pero tal vez podría dar uno. Pienso que el Goethe-Institut debería insistir más en ayudar a la gente que estamos aquí y hacemos cultura relacionada con Alemania. Entiendo que una de las funciones del instituto es traer la cultura alemana aquí, pero sería interesante también que se ayudase a llevar la cultura que se hace aquí a Alemania, que la gente que hemos estado trabajando al lado de la cultura alemana algún día pudiese exponer en Alemania..
Muchas gracias por esta entrevista.
Artista
Texto traducido del catalán






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