Agricultura urbana: de la felicidad de hacer la cosecha en la ciudad

La añoranza de lo verde, el anhelo de comer de una manera sana y a un buen precio aprovechando los terrenos yermos de la ciudad: la agricultura urbana es para muchas ciudades un paso importante para una vida mejor y representa un pequeño pedazo de autarquía en un mundo globalizado. Presentamos ejemplos de Berlín y Múnich.
“Hoy y cada día: verdura y hierbas frescas esperando ser recolectadas, ¡no es broma!”. El cartel está situado a pocos metros del ruidoso cruce de la Moritzplatz, en Berlín, y marca la entrada al huerto urbano de Prinzessinnengarten. Robert Shaw y Marco Clausen, los responsables de la sociedad de interés público Nomadisch Grün, cultivan en estos 6.000 metros cuadrados arrendados verduras de cultivo biológico. Hace un año el recinto era aún un terreno yermo lleno de escombros; hoy crecen en él calabazas, rábanos, patatas y el sentido de comunidad. Los dos fundadores de este huerto urbano pudieron confiar desde el principio en el enérgico apoyo de sus vecinos y vecinas. Robert Shaw: “Nosotros creamos el marco para este lugar. Todas las personas que vienen a plantar, a arrancar las malas hierbas, a regar y a charlar en nuestro café, le dan vida.” Jóvenes del barrio de Kreuzberg inspeccionan los parterres, hortelanos-activistas discuten sobre la patata, una maestra y sus alumnos se mezclan entre mujeres inmigrantes rusas o turcas entendidas en diferentes cultivos. Ellas son las mejores consejeras de Robert Shaw –agricultor autodidacta– en lo que se refiere al cultivo de verduras. En el Prinzessinnengarten todo el mundo puede recolectar y comprar verduras y hierbas, y aquellos que colaboran de manera regular, compran a muy buen precio. A diferencia de las clásicas colonias de huertos alemanas, aquí no hay parterres individuales, con una excepción: los niños y niñas de escuelas y parvularios se cuidan de “sus” huertos desde la siembra hasta la cosecha.
Diseño urbano desde abajo

La agricultura en la ciudad no es una idea nueva. En los años setenta ya surgieron en Nueva York los primeros community gardens, pequeños oasis verdes con parterres de flores y cultivo de verduras para consumo propio.
Los fundadores del Prinzessinnengarten de Berlín se inspiraron en el terreno de cultivo urbano de Cuba, donde se venden frutas y verduras libremente, según la ley de la oferta y la demanda: un nicho de mercado en el socialismo cubano y una manera de atenuar los efectos de la crisis alimentaria y económica. Robert Shaw tuvo la oportunidad de apreciar, durante su estancia en Cuba, los sanos alimentos de la huerta urbana, la atmósfera relajada del huerto comunitario y la posibilidad de poner en práctica ideas sin grandes obstáculos burocráticos.
Tierras de cultivo móviles
Todo aquel que quiera participar en el diseño de su ciudad, puede hacerlo: el éxito del Prinzessinnengarten se basa en parte en la posibilidad de apropiarse de espacios urbanos de una manera práctica y provechosa. Los horticultores de la Moritzplatz han convertido un terreno yermo que tenían delante de casa en una zona llena de vida.
Sin embargo, en un punto esencial, el Prinzessinnengarten se diferencia de sus modelos: los parterres son portátiles. Las verduras crecen en cajas de plástico en desuso, las patatas, en sacos de arroz, las hierbas, en bolsas de leche viejas. Estos métodos hacen posible un cultivo independiente de la calidad del suelo presente en el terreno y permiten que el huerto urbano sea móvil. Al fin y al cabo, el oasis de la Moritzplatz es un huerto temporal, ya que, cuando el Fondo Inmobiliario de la ciudad de Berlín (Berliner Liegenschaftsfonds) venda los terrenos, los granjeros urbanos deberán retirarse. La mudanza de Nomadisch Grün no debería suponer ningún problema gracias a la concepción del cultivo en cajas: es una forma de agricultura que puede funcionar también en terrados de edificios, en aparcamientos o en terrenos yermos temporales de todo tipo.
“¡Nosotros plantamos, vosotros hacéis la cosecha!”
Benjamin Bauer y Max von Grafenstein, en cambio, apostaron por un terreno de cultivo estable. Después de los estudios de agricultura ecológica, los dos horticultores llegaron a la capital con la idea de montar un negocio según el principio de “¡Nosotros plantamos, vosotros hacéis la cosecha!”. Sus clientes potenciales son urbanitas estresados que no tienen ni tiempo ni conocimientos para hacer de horticultores, pero que se quieren alimentar de una manera sana y arrancar personalmente del suelo la rúcula, los nabos o los rábanos. Los dos horticultores fundaron el huerto de Havelmathen (Bauerngarten Havelmathen) en el límite oeste de Berlín, un gran huerto en forma de circunferencia con un espiral de hierbas en el centro. Una parte del terreno se puede arrendar por 290 € por temporada, semillas, herramientas, riego y asesoramiento incluidos. Los arrendatarios deben tan solo arrancar la mala hierba y hacer la recolecta. El horticultor urbano Benjamin Bauer está satisfecho con la primera temporada: “En total tenemos 72 clientes contratados que vienen al huerto con su familia y sus amigos, de manera que en estos momentos hay unas 270 personas que hacen uso de nuestro huerto.”
Una nueva dimensión en el desarrollo de la ciudad
Los iniciadores del proyecto Agropolis, de Múnich, persiguen un ambicioso objetivo estratégico. Este equipo de arquitectos, urbanistas y paisajistas se ha comprometido con el “redescubrimiento del cultivo en la vida cotidiana urbana” y trabaja para consolidar la producción local de alimentos como nueva dimensión en el desarrollo de las ciudades en el siglo XXI. Esta concepción se ha convertido en una propuesta concreta para la extensa zona de nueva edificación de Freiham, en el oeste de Múnich, proyecto que ganó en el año 2009 el concurso de ideas Open Scale, organizado por la ciudad de Múnich. Freiham, este nuevo distrito que en el futuro acogerá a 20.000 nuevos vecinos, estará en construcción durante treinta años. “Nosotros proponemos poner en marcha una granja temporal en Freiham, con el fin de hacer posible un aprovechamiento provisional y consecuente de las superficies de construcción”, dice el arquitecto y urbanista Jörg Schröder de Agropolis. El proyecto prevé el cultivo de los terrenos y la cría de vacas, cerdos y gallinas.
La agricultura urbana del futuro
“Este uso provisional es un pieza fundamental para integrar de manera programada en el desarrollo de la metrópolis de Múnich la agricultura y la alimentación”, dice Schröder. Se prevé la creación de avenidas de 7.000 árboles frutales; las familias podrán adquirir “derechos de recolecta” para árboles concretos. De acuerdo con el proyecto de Agropolis, a partir de 2015 el Viktualientram (“tranvía de los alimentos”), el tranvía de la línea 19, transportará alimentos frescos desde el huerto de Freiham hasta el centro de la ciudad, una vía de abastecimiento recomendable también desde el punto de vista de la protección del medio ambiente. Y es que el transporte a las ciudades de productos alimenticios producidos fuera de la región representa una parte importante de las emisiones de dióxido de carbono que se producen en ellas.
Con el fin de ampliar su campaña por la agricultura urbana, Agropolis apuesta por la interconexión de las diferentes iniciativas existentes relacionadas con la alimentación sana y sostenible. En el “plano de la alimentación” deben constar todas: tanto los 42 mercados de Múnich como las 12 granjas municipales, el programa de huertos con más de 6.000 parcelas para el cultivo particular o las fincas rurales del cinturón verde de la metrópolis.
I así será probablemente la agricultura urbana de mañana: ecológica, dividida en terrenos de poca extensión, móvil y bien conectada.
es periodista independiente residente en Berlín.
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Agosto 2010
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