Sobrevivir

Nicht willkommen, pas bienvenue, no welcome…

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Es una lástima que, a efectos prácticos, de nada sirviera que hace escasos meses la palabra “Sozialtourismus” fuera, a modo de llamada de atención, coronada como ganadora de la acción “Unwort des Jahres” o, dicho de otro modo como la palabra más políticamente incorrecta del año 2013.

La aparición de este concepto en la esfera mediática en boca de ciertos políticos desató todo tipo de controversias, pero no debieron ser tantas o al menos no tener el suficiente calado, pues las medidas para evitar el llamado “turismo social” van a empezar a ser aplicadas desde ya. El uso del término llevaba tal trasfondo populista que ha acarreado una reforma legal con el fin de hacer desaparecer la que algunos catalogan como “inmigración de la pobreza”. En nombre de la manida crisis ha habido que hacer una nueva y más profunda lectura, esta vez en Alemania, de la directiva europea sobre la libre circulación. A partir de ahora, aquellos inmigrantes comunitarios que no encuentren trabajo en un plazo máximo de seis meses y que además, pasado ese tiempo, no tengan perspectivas que les auguren conseguir empleo, serán obligados a abandonar el país. La medida puede llegar a aplicarse pasados solo tres meses. Y todo esto, en principio, se ajustaría a la ley. Y todo esto también haciendo oídos sordos a estudios como el de Bertelsmann Stiftung que afirma que “los extranjeros comunitarios aportan al sistema de bienestar más de lo que reciben”.

La explicación (pretexto) sobre la implementación de esta nueva normativa ha sido abiertamente fundamentada por sus creadores y defensores en esa cada vez más extendida creencia de que un número considerable de inmigrantes provenientes de Europa del Sur y del Este están abusando de las prestaciones sociales que ofrece Alemania. De hecho, la ley contempla la expulsión directa de aquellos inmigrantes que defrauden al sistema social. Sin embargo, son ya varios los medios que han acudido a las bases de datos, a los números y a las estadísticas públicas y, a base de estudiar y repasar las cifras, han podido desmantelar esa afirmación y poner en cuestión ese temor al fraude masivo.
Como dijo Angela Merkel, la Unión Europea no es una unión social y, por ello, hay que aplicar una medida de contingencia que evite el abuso de las arcas sociales a gran escala a manos de los extranjeros.
Alguno de los matices de esta noticia me ha hecho recordar aquellos tiempos de colegio en los que el maestro o la maestra de turno castigaba a toda la clase porque a uno o a varios de los alumnos se les había ocurrido hacer una trastada. Una travesura por la que al final pagábamos todos. Aunque el 90% de la clase podía ser ajena a todo, se llevaba el rapapolvo igualmente. Era la coartada perfecta para aplicar una sanción por adelantado de una futura pero improbable diablura por parte de los demás.

El recurso de la represalia general era y ha sido siempre el más fácil. La inocencia se va perdiendo con los años pero ciertas estrategias de castigo se mantienen. Sea como sea, hay que dar ejemplo. Como supuestamente los ha habido que han defraudado al sistema social (o sea, que alguien se ha portado mal) hay que aplicar la mano dura. Aprovechando esa excusa y con los ojos políticos siempre puestos en campaña, se hace un conveniente ajuste que procure mantener todo bajo control.

El resultado será que, si nos portamos mal a ojos de la sociedad alemana o, más bien, a ojos de la autoridad de turno que nos toque (con su arbitrariedad correspondiente), nos tengamos que ir del país. Así que ya saben, sean buenos y acaten las normas, que puede que aún así “se queden sin recreo”.

Frau Dulenta
Redactora de Berlunes© Berlunes.

Copyright: rumbo @lemania
Noviembre 2014

Idioma original: Castellano

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