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Criticar en alemán: la comunicación intercultural

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Decir lo que uno piensa no es algo que se dé por sentado en todas las culturas. En Alemania, sí. Muchos alemanes critican de manera abierta y directa. Pero también aquí deberían seguirse algunas reglas.

Un directivo alemán atiende con un empleado checo el stand de la empresa en una feria. El stand está en un lugar muy favorable, directamente a la entrada. Está cubierto de vidrio, el sol brilla, hace mucho calor. “Es insoportable el calor aquí”, dice el jefe al atardecer. A la mañana siguiente llega un poco más tarde y el stand ya no está. Lo encuentra en la parte posterior de la nave. “¿Pero qué es esto?”, le pregunta exaltado a los empleados checos. “Lo pasamos a un lugar con más sombra”, responde. Pero quién les dijo que hicieran eso, pregunta el jefe. “¿Cómo quién? Usted.”, le responden.

¿Estilo de comunicación directo o indirecto?

Esta escena la describe la psicóloga y entrenadora intercultural Sylvia Schroll-Machl en su libro Die Deutschen – Wir Deutsche. Fremdwahrnehmung und Selbstsicht im Berufsleben. (Los alemanes: Nosotros, los alemanes. La percepción ajena y la mirada propia en la vida laboral) En él compila sus experiencias en el trabajo con empleados de empresas que operan a nivel internacional. En un capítulo ilustra qué tan directa o indirectamente se comunican las personas de diferentes culturas. “El estilo de comunicación alemán es conocido en todas partes por ser muy explícito y directo”, escribe Schroll-Machl. “Abordan de manera directa lo que no les gusta y aquello con lo que no están satisfechos.” Sacando la conclusión inversa, habría que decir: cuando los extranjeros critican a los alemanes, deben hacerlo con palabras claras.

Crítica constructiva

“A la forma ya de suyo directa de la crítica, se le suma que con frecuencia ésta no es objetiva y constructiva, sino negativa”, dice Carmen Spiegel, profesora de lengua alemana y su didáctica en la Escuela Superior de Pedagogía de Karlsruhe. Frases como “Lo estás haciendo mal” o “Así no se hace” son totalmente improductivas, opina Spiegel, quien se ha dedicado a estudiar la competencia conversacional y la interculturalidad. “Esos comentarios no le sirven de nada a la persona criticada.”

Spiegel recomienda no ser nunca sólo negativo y no usar “tener que” o “deber”. Es mejor formular las frases en subjuntivo, eso le quita peso al conflicto, es decir: “yo haría…” en lugar de “tienes que…” Quien, por ejemplo, se disguste por las tazas sucias en la cocina de la oficina no debería decir: “No debes dejar las tazas sucias sobre la mesa”, sino mejor: “¿Podrías meter las tazas a la lavadora de trastos en cuanto termines de usarlas?” “Cuando es posible, también se debería resaltar lo positivo y ofrecer alternativas”, dice Spiegel. “Tales críticas estimulan la reflexión, ‘Así no se hace’ sólo provoca resistencia.”

Los alemanes tan directos

El brasileño Adans Aldani da Silva aprendió poco después de haber llegado a Alemania que algunos alemanes dicen de forma muy directa lo que piensan. Nunca olvidará cuando fue por primera vez al supermercado y estaba poniendo tranquilamente sus cosas sobre la banda de la caja, y la cajera le gritó: “¡Pero rápido, por favor!” El joven de 24 años se quedó espantado. “En Brasil nunca nadie diría algo así.” Pero entre tanto también les encuentra algo positivo a los mensajes tan claros de los alemanes: “A mí los alemanes todavía me parecen algo duros, pero también me gusta que no disimulan”, dice. “Simplemente dicen: esto está mal. Eso también ahorra tiempo.” Ahora bien, da Silva no se imagina que él mismo pudiera contradecir de manera directa o criticar a una persona.

Hay que pensar muy bien cómo queremos criticar, afirma la experta Carmen Spiegel. ¿Qué quiero lograr en la otra persona? ¿Cómo se siente ésta con la crítica? Sobre todo, la crítica nunca debe tener una carga emocional, es decir que, de ser posible, no debería externarse en la situación que ha provocado la molestia. Además, uno debería partir de su propia disposición y formular la crítica de manera correspondiente. Por ejemplo: “Es que a mí me parece poco higiénico que las tazas sucias se queden tanto tiempo sobre la mesa.”

También otros son directos

Sylvia Schroll-Machl considera que el estilo directo de comunicación de los alemanes contrasta sobre todo con las culturas asiáticas. En ellas no se acostumbra criticar con palabras, un problema que ha sido mencionado se convierte en conflicto. Pero dice, por experiencia propia, que no sólo muchos indios, chinos y japoneses sienten que los alemanes son directos y poco diplomáticos, sino también muchos británicos, españoles y turcos.

La israelí de 27 años Sharon Harel no tiene este problema. A ella los alemanes no le parecen particularmente directos. “En Israel también lo somos”, dice, “además, también un poco agresivos”. Vive desde hace dos años en Alemania, y está casada con un alemán. “En realidad, siempre digo lo que pienso.” Y nunca ha tenido dificultades por ello. Sin embargo, sí le sorprendió algo que le pasó en Berlín hace poco: estaba parada con su bicicleta junto a la puerta en un vagón de metro bastante lleno. En las estaciones trataba de no estorbar la entrada y salida de las personas. “Pero sí estorbaba”, dice y cuenta cómo finalmente una mujer le gritó: “¡Bájate con todo y tu maldita bicicleta!” “Me sentí muy ofendida”, recuerda. “A pesar de que la mujer tenía razón. Hubiera bastado con que me bajara y me volviera a subir. Pero le hubiera gustado que la mujer le dijera: “¿Te puedes bajar un momento con tu bicicleta, por favor?”

Katja Hanke,
es periodista independiente en Berlín.

Traducción: Claudia Cabrera
Copyright: Goethe-Institut e. V.,
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