Sobrevivir

¿Tren o autobús? – Cuestión de hábitos viajeros

Foto (Ausschnitt): Henrik Becker @flickr, CC BY-SA 2.0Photo (detail): Henrik Becker @flickr, CC BY-SA 2.0

Photo (detail): Henrik Becker @flickr, CC BY-SA 2.0

Lo que para españoles, irlandeses y estadounidenses es completamente normal en sus respectivos países, para nosotros, los alemanes, ha supuesto una pequeña revolución: desde enero de 2013 por las autopistas alemanas circulan autobuses de largo recorrido. Algo enteramente nuevo en el país de la tarjeta de descuento del ferrocarril, las reservas anticipadas y los amantes de los trenes eléctricos.

Antes del viaje

Mi viaje comienza en la Zentraler Omnibusbahnhof (ZOB), la estación central de autobuses de Berlín. Me propongo ir a Hamburgo y de hecho este es mi primer (!) viaje en un autobús de largo recorrido. Los motivos son obvios: tengo tiempo pero poco dinero. Por tanto encajo exactamente con el perfil de cliente que tratan de captar las empresas de autobuses de largo recorrido porque, aunque el viaje de Berlín a Hamburgo dura sus buenas tres horas, sólo me cuesta 14 €. Detusche Bahn, la compañía de ferrocarriles alemanes, cubre el mismo trayecto para gente con menos tiempo pero con más dinero: una hora y media por 78 €, si uno viaja sin recurrir a las tarifas reducidas o a la tarjeta de descuento.

Como usuario habitual del tren y amante del ferrocarril llevo en mi equipaje una buena ración de curiosidad pero también otra de escepticismo. Y veo confirmadas mis expectativas desde el primer momento: probablemente la ZOB es uno de los lugares más feos de todo Berlín. Tan deslucido y triste que uno no puede evitar sentirse de mal humor. Cuando pienso en la Estación Central de Berlín, con su impresionante arquitectura, sus vistas al Spree y a la cúpula del Reichstag... pero dejémoslo ahí. Porque también hay algo que me sorprende: el público de la ZOB ofrece una mezcla más variada de lo que esperaba. Junto a mucha gente joven (probablemente con poco dinero) veo también muchas personas mayores (probablemente con mucho tiempo) y viajeros procedentes del extranjero (probablemente sin tarjeta de descuento del ferrocarril). Lo que no se ve en las terminales de los autobuses es gente en viaje de negocios (con portátil pero sin tiempo), probablemente estén sentados en los “compartimentos silenciosos” del tren de alta velocidad.

Partida

Mi viaje a Hamburgo comienza puntualmente y tengo un asiento garantizado sin necesidad de reservarlo, a diferencia de lo que ocurre en el tren. Tampoco tengo que hacer transbordo. Hablando de "transbordos": ¿cuándo han transbordado realmente los alemanes de las vías a la carretera? Primero hubo que poner fin al monopolio de Deutsche Bahn en el ámbito de largo recorrido. Porque hasta finales de 2012 los autobuses no podían cubrir los trayectos que ya hacía el tren. Pero, como la red de líneas ferroviarias de Alemania, el "país del tren", está muy desarrollada, de facto no existía ninguna alternativa al ferrocarril salvo el coche. (Y, si éste no va lleno en viaje compartido, no supone una alternativa razonable ni desde el punto de vista económico ni desde el punto de vista ecológico). El estado estaba detrás de esa reglamentación: el tren había sido durante mucho tiempo una empresa pública y el padre estado temía que algunos de los trayectos que tanto dinero había costado construir quedaran desaprovechados si existía la opción de recorrerlos en autobús. Pero al final el servicio de largo recorrido (trayectos de más de 50 km) quedó liberalizado en enero de 2013. El primer año viajaron 8,2 millones de personas a bordo de autobuses de largo recorrido; en 2015 se espera que el número de viajeros llegue a los 20 millones. Con un total de 130 millones de viajeros anuales, el tren sigue siendo el medio de transporte de masas por antonomasia en Alemania, pero surge la pregunta de hasta cuándo continuará siéndolo: la diferencia de precio entre el tren y el autobús es de un 139% por término medio. Ahora bien, en realidad esos son precios dumping, la mayoría de las empresas de autobuses aún no son lucrativas. Por eso los expertos dan por sentado que en el futuro los billetes de autobús ya no se podrán comprar a precio regalado.

Durante el viaje

A todo esto tengo que decir que puedo investigar estas cifras durante el viaje porque dispongo de conexión a Internet gratuita, otra ventaja más de los autobuses de largo recorrido frente al ferrocarril. No obstante, no me siento tan a gusto como en el tren de alta velocidad. ¿Será sólo por la falta de espacio para mover las piernas y la mala calidad del aire? Quizá también se deba a una sensación que yo vinculo a viajar en autobús: lo asocio más a las excursiones del club de bolos y a los viajes a granjas-escuela que a formas modernas de viajar. Y pienso inevitablemente en países poco desarrollados que no se pueden permitir una cara red ferroviaria. ¿No supone un retroceso ese transbordo alemán de las vías a la carretera? No necesariamente. Más bien es cuestión de prioridades. Si a uno le gusta viajar rápido, cómodo y seguro debe optar por el tren. En cambio con el autobús se viaja de forma más económica y respetuosa con el medio ambiente.

Destino

Y ¿dónde termina el viaje? El mío al menos concluye puntualmente en la Estación Central de Hamburgo. Eso hace que me sienta algo más conciliador: en la ciudad hanseática los viajeros del tren y del autobús arriban al mismo (bello) lugar. Queda abierta la cuestión de si los autobuses de largo recorrido triunfarán en Alemania, el “país del tren”. En cualquier caso los ferrocarriles alemanes están reaccionando ante la competencia y prometen más tarifas reducidas y conexión a Internet gratuita. Además, a partir de otoño de 2015 la reserva de plaza también será gratuita. Lo ideal sería que esta competición tuviera dos afortunados ganadores: los fans del autobús y los fans del tren. Los estudiantes del DaF serán los que se lleven la peor parte: dentro de poco en el A2 no sólo aprenderán a decir: “Wo bitte geht es zum HBF?” [Por favor, ¿por dónde se va a la estación central de tren?] sino también:
“Entschuldigung, wie komme ich zum ZOB?” [Perdone, ¿cómo llego a la estación central de autobuses?]. Los viajes en autobús podrán alargarse un poco más pero, cuando se trata de hablar, los alemanes siguen abreviando alegremente.

Jenny Baumann,
vive en Berlín y trabaja en la Casa de la Historia de la República Federal de Alemania. Si en Madrid hubiera más museos históricos, hace ya mucho tiempo que se habría mudado allí.

Copyright: rumbo @lemania
Julio 2015

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