Sobrevivir

El späti

Foto (Ausschnitt): juliaviajando (juliakranz @flickr), CC BY 2.0Photo (detail): juliaviajando (juliakranz @flickr), CC BY 2.0

Photo (detail): juliaviajando (juliakranz @flickr), CC BY 2.0

Sin spätis Berlín dejaría de funcionar. Forman parte de la vida berlinesa como el aire que se respira. Cumplen una función de importancia vital que se hace muy patente precisamente ahora, en verano.

A los berlineses les gusta pasar los fines de semana de barbacoa en uno de sus innumerables lagos o haciendo picnic en uno de sus innumerables parques. Pero los habitantes de la capital también acostumbran a ser “espontáneos” y “desorganizados” y prefieren decidir en el último minuto cómo pasar el fin de semana. Hacer una gran compra semanal es una costumbre demasiado burguesa. Pero tener la nevera vacía el domingo es incompatible con hacer un picnic espontáneo a orillas de un lago. El único capaz de resolver este dilema (berlinés) es el späti.

En realidad se llaman “Spätverkaufsstellen” [tiendas para compras de última hora] y se calcula que hay más de 1000 en Berlín. Están abiertas las 24 horas del día y venden todo lo necesario para sobrevivir. Surgieron en la RDA y originariamente estaban destinadas a trabajadores por turnos que salían del trabajo cuando las tiendas ya estaban cerradas. Ahora uno compra en el späti una cerveza para tomar de camino a casa después de pasar la noche en el club o los ingredientes para hacer una ensalada de pasta para el picnic del domingo. Además, el späti cumple una importante función social: anima a salir un rato de casa el domingo por la tarde y a intercambiar unas palabras con otros seres humanos.
Pero también se puede quedar con los amigos en la puerta del späti para tomar una cerveza antes de salir de marcha. Y durante el campeonato del mundo de fútbol muchos spätis sacaron fuera sus televisores y se convirtieron espontáneamente en unas public-viewing-locations de lo más populares, porque abastecerse de cerveza durante 90 minutos en estos locales sale mucho más económico que en el bar.

En este sentido puede que lo más parecido a los spätis sea la cultura de “chiringuito” propia de Colonia, cuyo significado social está siendo objeto de un estudio científico. Probablemente el local más conocido sea la “Wurstbraterei” de los episodios de la serie policíaca “Tatort” que transcurren en Colonia, donde los comisarios Ballauf y Schenk se zampan sus salchichas al curry tras haber dado caza al asesino. La laboriosidad de los propietarios de los spätis se conoce en España por los chinos, ellos también parecen pasar día y noche en sus tiendas. Y a menudo colabora la familia entera. En ambos casos la interpretación del derecho laboral es extremadamente “flexible”. En Berlín la ley que regula los horarios de apertura de los comercios sólo permite vender los domingos flores, periódicos, pan, bollos y productos lácteos entre las siete y las 16 horas. La venta de alcohol es tabú. Por tanto, en realidad cualquier compra nocturna o dominguera en un späti, por inevitable que sea, supone infringir el reglamento. Si pasa por allí alguien de la oficina de orden público al späti le puede caer una multa o incluso pueden obligarlo a cerrar.

Esto no puede ser, pensó una joven de Neukölln, y lanzó una petición online haciendo un llamamiento a reivindicar el derecho a la venta en domingo de los spätis. Porque, al fin y al cabo, es el único día de la semana en que las pequeñas tiendas de la esquina no sufren la competencia de los supermercados y de las grandes cadenas que venden a precios baratos.
Pero ciertos comentarios online resultan un poco sospechosos: es evidente que algunos berlineses temen que los políticos pretendan convertir a los asilvestrados capitalinos en burgueses muniqueses. Suponen que detrás de los que critican a los spätis se esconden estrictos legalistas suabos. Aunque ese dudoso patriotismo local no encaja con la muy alabada liberalidad berlinesa.

Pero también hay comentarios agradecidos y originales, de gentes que aprecian al späti como “firme punto de referencia” de la vida del barrio y manifiestan su agradecimiento a los incansables propietarios de estos locales: “Last night a späti saved my life”. Eso es importante porque parece que algunos berlineses “espontáneos” y “desorganizados” encuentran natural que ellos descansen el séptimo día pero el späti abra. Y lo cierto es que sólo gracias a los späti los berlineses se libran de lo que Gorbachov advirtió a un Honecker reacio a las reformas en la visita que hizo a Berlín oriental en 1989: “La vida castiga a quien llega demasiado tarde”. Hoy en día el lema berlinés es:
“Quien deja las compras para más tarde en el späti será recompensado día y noche con una variada oferta”.

Jenny Baumann,
vive en Berlín y trabaja en la Casa de la Historia de la República Federal de Alemania. Si en Madrid hubiera más museos históricos, hace ya mucho tiempo que se habría mudado allí.

Copyright: rumbo @lemania
Julio 2015

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