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Tatort: todos los domingos a las 20:15 horas en Alemania

Foto (Ausschnitt):  Andreas Klein (zwergen-power @flickr), CC BY-SA 2.0Photo (detail):  Andreas Klein (zwergen-power @flickr), CC BY-SA 2.0

Photo (detail): Andreas Klein (zwergen-power @flickr), CC BY-SA 2.0

“¿Dónde estuvo el domingo entre las 20:15 y las 21:45 horas?” Muchos alemanes pueden responder tranquilamente a esta pregunta clásica con la coartada: “En casa, viendo Tatort”.

La serie policíaca “Tatort” [en alemán, lugar del crimen] es la más antigua de la televisión alemana, cada tarde de domingo desde el año 1970 reúne a toda la nación expectante ante el televisor. Aproximadamente diez millones de personas siguen esta serie de género negro cuya acción se desarrolla cada semana en una ciudad alemana diferente. Y desde 1990 tanto en el este como el oeste: aunque todavía existe “Polizeiruf 110” (fue el equivalente a “Tatort” en la RDA), actualmente los comisarios de “Tatort” investigan en toda la república federal, desde el lago de Constanza hasta Kiel, desde Saarbrücken hasta Dresde.
A veces incluso junto a sus colegas de “Polizeiruf”, trabajo en equipo de este y oeste gracias a la reunificación.

En “Tatort” cada ciudad tiene su propio equipo de investigación. Tenemos al tipo “un tanto misántropo” al que cada vez es más frecuente ver acompañado de una joven y atildada colega (Kiel, Viena), la clásica pareja hombre y mujer en todas las combinaciones imaginables ― ex-cónyuges (Leipzig), parejita enamorada en secreto (Weimar), compañeros de piso de larga duración (Ludwigshafen) ― y dentro de poco también el primer equipo compuesto únicamente por comisarias (Dresde). Así cada fan de “Tatort” tiene su comisario favorito.
Preguntar por ello es tema seguro de conversación en cualquier fiesta. Además, resulta muy revelador: dime qué “Tatort” te gusta más y te diré quién eres. Está claro que todo el que responda Thiel y Boerne de Münster es amigo del enredo. Por el contrario, los fans de Munich y Wiesbaden son más bien exigentes. Y la fracción de Colonia apuesta por la tradición.
¿Por qué es tan popular “Tatort”? Por un lado, ofrece variedad regional: cada domingo una ciudad diferente, cada domingo un dialecto distinto. El colorido local desempeña un papel importante: aunque es cierto que ahora casi todos los comisarios hablan alemán estándar, según la región de que se trate hay por lo menos un forense con acento sajón o una testigo que habla en cerrado suabo del sospechoso vecino que jamás limpia la escalera cuando le toca. Y eso genera familiaridad. Igual que cuando uno se alegra al reconocer lugares o peculiaridades de la propia ciudad. Por ejemplo, todos capítulos cuya acción se desarrolla en Colonia terminan obligatoriamente delante del puesto de salchichas “Wurstbraterei” con vistas a la catedral.

A esto hay que añadir el “ambiente de oficina pequeñoburgués”, vemos cómo trabajan comisarios completamente normales y no héroes de acción salvadores del mundo. “Tatort” forma parte de la rutina alemana desde hace años, por algo en muchas ciudades existen bares “Tatort” o peñas “Tatort”. Igual que los comisarios al final detienen al asesino y restablecen el orden, “Tatort” también pone un “ordenado” punto final a una semana muchas veces turbulenta.

Además “Tatort” tiene un claro trasfondo de crítica social. Rompe tabúes al abordar temas que de los que no se suele hablar (violencia doméstica, homofobia, corrupción), presenta diversos ambientes alemanes (el barrio chino, el estamento político, los grupos de emigrantes) y se ocupa de temas de política actual (Stuttgart 21, islamismo, energía verde). De este modo se convierte una y otra vez en el espejo donde se ve reflejada la sociedad alemana.

Por todo lo dicho “Tatort” es piedra de toque infalible a la hora de calibrar el “arraigo” en el país de cualquier “nómada” llegado a Alemania:

1. Todos los domingos te sientas puntualmente delante del televisor a las 20:15 horas.
2. Tienes un comisario “Tatort” favorito.
3. Sabes quién es Horst Schimanski.

Si uno no cumple alguno de estos tres criterios es porque probablemente no lleva suficiente tiempo en Alemania. O es uno de esos tipos de dudosa calaña que realmente no pasan las tardes del domingo viendo “Tatort”. Debe haberlos... aunque yo todavía no me he topado con ninguno. ¿Que cómo es posible? Pues porque a esa hora estoy sentado delante del televisor...

Jenny Baumann,

vive en Berlín y trabaja en la Casa de la Historia de la República Federal de Alemania. Si en Madrid hubiera más museos históricos, hace ya mucho tiempo que se habría mudado allí.

Copyright: rumbo @lemania
Octubre 2015

Este texto es una traducción del alemán.

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