Sobrevivir

¿Autodisciplina? ¡Se acepta el reto!

Foto: (CC0 1.0) Security, pixabay.com

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Ayunar está de moda, al menos en Alemania. Entre Carnaval y Pascua la nación practica el autocontrol durante 40 días.

Dicen de nosotros, los alemanes, que somos disciplinados. Bueno, eso no es más que un prejuicio. Pero hay algo que sí parece confirmado: en estos momentos se ayuna en todas partes. Ya sea de forma material o espiritual, muchos alemanes practican la renuncia en el tradicional período de ayuno cristiano. Con ideas sobre la continencia tan variadas como variado es el abanico de vicios humanos: junto a clásicos como el chocolate, la carne y el alcohol también se ayuna de realidades inmateriales como el consumo de móvil o de Internet. En ese caso se habla de “digital detox”, dieta depurativa digital. Algo más originales son los intentos de renunciar a los embalajes de plástico o al botón de repetición de la alarma del despertador. Con todos mis respetos ante esa categoría reina de la autodisciplina.

Enseguida queda claro qué es lo que buscan muchas personas hoy en día en el ayuno. Renunciamos a aquello que tenemos en exceso: comida, estar localizable en todo momento, contaminación medioambiental, estrés. Para muchos esto no tiene nada que ver con la idea cristiana originaria de penitencia. Lo que se esconde detrás es más bien una indagación acerca de nuestras costumbres de vida y consumo. Pero entonces ¿por qué seguimos ayunando de acuerdo con el calendario cristiano? Una ventaja consiste en que se trata de un marco temporal claramente delimitado con un final a la vista al cabo de cuarenta días. Además, uno no tiene necesidad de justificarse porque en ese período de tiempo parece (curiosamente) legítimo optar por una cerveza sin alcohol. Y, en tercer lugar, uno encuentra compañeros de “sufrimiento”, probablemente esa sea todavía una reminiscencia del tiempo de “pasión” cristiano.
Las religiones no sólo han hecho gala de un gran sentido práctico inventando el ayuno sino también la “ruptura del ayuno”. Así, todos aquellos que no cumplen consecuentemente sus sublimes propósitos están en la mejor de las compañías: parece ser que fueron unos monjes de Maulbronn los que inventaron las “Maultaschen” (pasta rellena suaba) para esconder la carne a ojos de Dios durante la Cuaresma. Por eso en Suabia se llama este plato "Herrgottsbscheißerle" [engañadios]. Tampoco es casual que la cerveza nutritiva (de Cuaresma) se elaborara en los monasterios. Los monjes ya sabían que “siete cervezas equivalen a un filete”.

Pero, si no ayunamos por motivos religiosos, ¿por qué lo hacemos? Esta pregunta nos remite nuevamente a la autodisciplina: en nuestra sociedad de la abundancia la renuncia pone a prueba nuestra fuerza de voluntad. Allí donde hay de todo en todas partes y en todo momento el ayuno se convierte en el desafío definitivo. Además, es bien sabido que no hay mayor dicha que la dicha anticipada. Tras una fase de abstinencia nos alegra mucho más la perspectiva del Domingo de Pascua, festividad que, dependiendo del tipo de renuncia previa, celebramos

a) con una orgía de azúcar: el conejo de Pascua de muchos ascetas del chocolate probablemente no tenga una larga esperanza de vida.

b) en estado de embriaguez: después de 40 días sin alcohol sustituimos encantados el huevo de Pascua por una copita de licor de huevo.

c) disfrutando del sueño ritmado por el botón de repetición de alarma del despertador.

Pero en el mejor de los casos también se logra un efecto duradero: una vez que uno se ha acostumbrado a llevar siempre consigo el táper y la bolsa de arpillera puede que en un momento dado prescinda automáticamente de la bolsa de plástico. Y eso resulta de lo más práctico: pertrechado con una bolsa de arpillera él/ella no sólo seguirá la moda del ayuno sino que lucirá un perfecto look hipster.

Jenny Baumann,

vive en Berlín y trabaja en la Casa de la Historia de la República Federal de Alemania. Si en Madrid hubiera más museos históricos, hace ya mucho tiempo que se habría mudado allí.

Copyright: rumbo @lemania
Marzo 2016

Este texto es una traducción del alemán.

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