Sobrevivir

Sírvase usted mismo (y no olvide pagar)

Foto: (CC0 1.0) toddwmac, pixabay.com

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La llegada de la primavera a Alemania es uno de los acontecimientos que más felicidad genera entre los españoles que viven aquí ya que los termómetros al fin dan una tregua tras largos meses con bajas temperaturas y los rayos del sol asoman cada vez con más fuerza.

Durante este tiempo, los campos y jardines se pueblan de flores que tiñen el paisaje de vivos colores y ofrecen una de las imágenes más bellas del país.
Y es entre praderas florecientes y huertos cultivados donde encontramos una costumbre muy arraigada entre los alemanes que consiste en que algunos agricultores permiten a quien lo desee que coja de sus tierras lo que en ella tengan sembrado, a cambio de dejarle una contribución monetaria.

La frase del “sírvase usted mismo” cobra aquí todo su sentido, ya que solo tienes que llegar a la parcela, coger las flores, frutas o verduras que más te gusten y dejar el dinero en una caja que dispone de una pequeña ranura y que suele estar junto a un cartel que indica el precio de cada producto. Lo más llamativo es que el agricultor no está presente y no hay nadie vigilando,
simplemente se fían de que vayas a pagar por lo que has cogido. Increíble, ¿verdad? Así, muchos alemanes cogen directamente del campo las fresas con las que luego cocinan las típicas tartas germanas o cargan el maletero del coche con cajas de patatas.

La primera vez que yo hice uso de este método fue por casualidad. Me habían invitado a cenar y no llevaba regalo, así que cuando vi un campo repleto de tulipanes y el cartel de “Flores para cortar uno mismo” encontré la solución a mi problema. Agarré las tijeras que el agricultor había dejado para los clientes y me adentré en la parcela.
Lo cierto es que al principio me resultó raro coger lo que allí había sembrado porque sentía que estaba robando, así que decidí sacar un billete de diez euros por si de repente aparecía el agricultor, poder mostrarle que mi intención era la de pagar. Y con las tijeras en una mano y sin soltar el dinero en la otra, logré hacer un ramo espectacular.
El pago fue sencillo porque un cartel indicaba el coste por unidad, así que dejé el dinero en la caja y me fui pensando si habría algo más típico alemán que llevar flores a una cena, mejor aún si eran cogidas por uno mismo.

Ana Gragera
trabaja como profesora de español en Múnich y lo compagina con sus otras dos pasiones: el periodismo y la escritura. Le encanta la naturaleza que hay en el sur de Alemania, especialmente los Alpes y los majestuosos lagos que abundan en Baviera.

Copyright: rumbo @lemania
Junio 2016

Idioma original: Castellano

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