Chance

European Angst

 Foto: © Caroline Lessire

Foto: © Caroline Lessire

Durante dos días debatieron en la conferencia “European Angst” autores, científicos, periodistas y estudiantes sobre populismo, extremismo y el creciente euroescepticismo. Un evento alentador del Goethe-Institut de Bruselas.

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Cuando empezaron los preparativos para la conferencia European Angst, algunos acontecimientos políticos apenas se habrían considerado posibles: ni el Brexit ni la elección de Donald Trump como presidente de los EEUU. Eso sí, ya se percibía una sensación atenazante en el corazón de Europa: angustia. O precisándolo más: la preocupación por que el edificio de paz Europa se desmoronara, el temor a que se cuestionaran las bases de nuestra convivencia, a que se pervirtieran los valores comunes.

Ante un público de unos mil oyentes en el Centro de Arte y Cultura de Bruselas Bozar se reunieron en diciembre de 2016 autores, intelectuales, científicos y periodistas de diversas nacionalidades en cuatro mesas de debate. Analizaron las causas del extremismo, reflexionaron sobre los motivos del racismo, sobre el papel de los medios de comunicación y se preguntaron por las posibilidades de hacer frente al extremismo. Sus reflexiones, controvertidas algunas de ellas, se complementaron y cuestionaron por 42 estudiantes de todo el mundo que estudian en universidades europeas.

Dâna Jaf, Irak:
"La participación de los jóvenes puede ser un factor importante para animar el panorama político."

No sé ustedes, pero a mí suele ocurrirme que mis primeras experiencias con nuevos conceptos, sitios y personas son las mejores.

Esta vez tuve la oportunidad de visitar la capital de la Unión Europea, hablar de problemas existenciales que amenazan la existencia de Europa como entidad política y discutir grandes temas con algunos de los principales pensadores del continente, todo ello en el primer congreso al que asistía en Europa. Porque, al visualizar Europa, tiendo a excluir al Reino Unido. Llevo estudiando en el Reino Unido desde septiembre de 2016 y he asistido a congresos en ese país, pero el resultado del referéndum sobre el Brexit y el hecho de que, como persona de nacionalidad iraquí, tenga que obtener un visado Schengen para entrar en todos los demás países de la Unión Europea a pesar de tener un permiso de residencia como estudiante en el Reino Unido, hacen que vea al Reino Unido como una entidad diferente de Europa.

Para asistir al programa de European Angst tuve que ir a Newcastle para volar a Ámsterdam y luego viajar a Bruselas. Cuando le dije al taxista que iba a un congreso sobre racismo, me dijo en el característico acento de Durham (donde estudio): "Estamos en 2016, yo no entiendo como la gente puede acabar siendo racista." Esa era precisamente la principal pregunta del congreso y, al acabar el último día, Slavoj Zizek admitía que es una pregunta sin respuesta.

En el aeropuerto de Ámsterdam, tuve un interesante intercambio de pareceres con el funcionario de control de pasaportes. Cuando me preguntó por el motivo de mi visita, en vez de decir simplemente "turismo", le dije que iba a un congreso sobre racismo en Europa, y él me respondió "pero ¿hay racismo en Europa?".

Era ya de noche cuando llegué a Bruselas. Las pocas personas que vi en el barrio (del que luego supe que había sido objeto de un ataque terrorista hace un año) eran sobre todo jóvenes belgas de ascendencia árabe. Cuando intentaba encontrar el camino al hostal, un repartidor se ofreció a ayudarme. Me habló en francés (yo no hablo francés) y yo le hablé en inglés (él no lo entendía). Por su aspecto, supuse que era de origen árabe, así que empecé a hablarle en árabe. No lo hablaba demasiado bien, pero sí mejor que yo francés y que él inglés. Me bastó para entender que el hostal estaba a la orilla del río. 

A la mañana siguiente, durante el desayuno, conocí a algunos de los otros estudiantes participantes. Hablé y me reí con Aleksandra de Polonia, David de Portugal, Diana de Georgia, Ermin de Finlandia, Anna de Alemania, Breno de Brasil, Lena de Austria, Judit de Hungría, Anabella del Reino Unido, Muhammed de Pakistán, Daniel de EE. UU., Velislava de Bulgaria, Pjotr de Holanda, Pauline de Francia, Marketa de la República Checa y Else Redzepovic, nuestro principal contacto con los organizadores del evento. Los estudiantes tenían unos antecedentes educativos, sociales, culturales y políticos muy diversos. La mayoría hablan dos o más idiomas. Me sorprendió que conocieran Kurdistán. Todos sabían al menos de su existencia, algunos sabían algo más. Tuvimos un muy buen nivel de armonía e interacción. En parejas y por grupos, mantuvimos conversaciones intelectualmente muy interesantes y durante la conferencia los estudiantes contribuyeron de manera significativa a los debates.

El congreso se dividió en cuatro grupos de trabajo. En cada uno de ellos, un grupo de 10 estudiantes de los 42 compartió escenario con los ponentes. Era una oportunidad increíble y, para mí, la primera vez que muchos de nosotros íbamos a estar con grandes nombres del pensamiento europeo como Herta Müller, Slavoj Zizek, Didier Eribon, Sonia Seymour Mikich y otros. Yo tuve la suerte de que me pusieran en la última mesa redonda, con Slavoj Zizek y Elif Shafak como ponentes.

Se suponía que esa mesa iba a tratar sobre soluciones, pero Zizek acabó diciendo que quizá no haya solución. Me pareció un personaje modesto, divertido y excéntrico. Después del debate, acabó rodeado de gente, joven y no tan joven, que le pedían autógrafos o hacerse selfis o que querían debatir con él. Un señor se me acercó y me dijo al oído "así es como eran antes los filósofos, se juntaban con la gente".

Zizek me pareció sin duda el más interesante de los ponentes, pero no el único con buenas ideas. Elif Shafak hizo comentarios constructivos sobre cómo tratar el populismo en Europa. En su opinión, hace falta un movimiento humanista con nuevas perspectivas de ámbito global que se enfrente al populismo y defienda los valores liberales. Este aspecto lo articularon de diferentes maneras casi todos los otros ponentes, excepto Zizek, que va un poco por libre, y Lukasz Warzecha, periodista polaco que expresó su desacuerdo con las posturas liberales desde las que se etiqueta a los movimientos de derechas como "populistas". Sus comentarios y la forma en que los expresó demostraron una vez más la debilidad del fanatismo en términos de lógica y diálogo, pero podría decirse que el congreso necesitaba contar con un ejemplo de xenofobia y racismo. Warzecha no tuvo problema en afirmar que los inmigrantes de "culturas extrañas" no son iguales que los de culturas similares entre sí. Incluso llegó a decir que la foto de Aylan Kurdi, el pequeño kurdo que se ahogó en el Mediterráneo, era un montaje y se había exagerado. Fue uno de los pocos momentos del congreso en los que el público levantó la voz, interrumpió al ponente o lo abucheó. El moderador, el periodista italiano Beppe Severgnini, a quien ya le estaba costando gestionar el tratamiento de un argumento sobre "injusticia generacional", expuesto por una de las personas de la mesa, controló muy bien el devenir del debate y le dio cada vez menos cancha a la formulación de opiniones fanáticas en nombre de la libertad de expresión.

Es una triste realidad que los discursos populistas de grupos xenófobos, islamófobos y racistas, tanto si se los invita a participar en un congreso como si no, están ganando terreno en algunos países europeos. Este congreso era un intento de entender las causas, los diferentes aspectos de ese auge y las soluciones. 

Un aspecto muy importante fue la forma de organizar el evento. En realidad, era una fórmula nueva en todos los sentidos. Para mí también fue una nueva experiencia. Según se me dijo, no es habitual que los jóvenes compartan escenario con los "grandes" ponentes para hablar sobre "grandes" temas . La presencia de jóvenes estudiantes fue sin duda un giro respecto a la forma de organizar este tipo de encuentros en Europa. Ahora bien, dado el contexto del congreso, resultaba lógico incluir a jóvenes en los debates, y no solo en calidad de mentes curiosas que quieren hacer preguntas, sino como personas con perspectiva propia. Si bien algunos de los ponentes, como Zizek o el sociólogo neerlandés Paul Scheffer, dejaron patente una dicotomía generacional en la que los jóvenes son más progresistas y los mayores lo son menos, queda la esperanza de que la participación de los jóvenes puede ser un factor importante para animar el panorama político.

Después del congreso en Bruselas, empecé una pequeña gira por Europa. Tras una noche en Ámsterdam, fui a Alemania a visitar a un amigo en Núremberg. Visité el Centro de Documentación y Antiguo Terreno de Congresos del Partido Nazi. En este centro, parecido a un museo, aprecié un aspecto que me resultó muy interesante: la cantidad de gente que adoptó una actitud de "esperar a ver qué pasa" ayudó a Hitler a ser lo que fue. Por eso tenemos que tomarnos muy en serio a los grupos populistas y racistas que llegan al poder. Espero que Europa no olvide las consecuencias que el racismo, la xenofobia y el populismo pueden tener para Europa y para el resto del mundo.

En la próxima parte escriben Velislava-Mihaela (Bulgaria) und Anna Kristina (Suiza).

Dâna Jaf,
Durham University, Departamento de Antropología, 1.er año

Copyright: rumbo @lemania
Marzo 2017

Este texto es una traducción del inglés.

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