Chance

Gramática y nostalgia

 Foto: © Birke Resch

Foto: © Birke Resch

En los cursos de integración, los refugiados deben aprender alemán en entre 6 y 7 meses. Sin embargo, por lo general, nada más lejos de la realidad: la lengua alemana tiene sus trucos, incluso para los titulados universitarios este ritmo de aprendizaje es un desafío y muchos de los que participan en estos cursos todavía están luchando para superar las experiencias traumáticas que sufrieron al escapar.

“¿Qué hiciste ayer, Omar?”.

Mi pregunta saca al joven de 19 años de su modorra matutina. La clase se ríe, Omar se pone derecho y esboza una sonrisa. Lleva una camiseta ajustada bajo una camisa a cuadros y vaqueros con agujeros en las rodillas.

“¿Ayer?”. Observo cómo trabaja su cabeza. Está tratando de recordar el vocabulario nuevo. Entonces, lo consigue:
“Nadar”, dice triunfante.
“¿Dónde? ¿En la piscina?”.
“No, no”, Omar se queda pensando. Rami, que está sentado a su lado, le ayuda. “¡Lago!”.
“¡Qué bien! Ayer hizo tanto calor… ¡Buena idea!”. Me giro hacia la pizarra y escribo: “Ayer nadé en el lago” (Ich bin gestern im See geschwommen).

Omar asiente con la cabeza. Este chico aparece casi cada día en clase (algo que no es precisamente lo habitual en los cursos de integración) y quiere aprender alemán rápidamente a toda costa. Para financiar su viaje a Alemania, trabajó durante un año en Irak solo y dejó a su familia en Siria.

“Nour, y tú, ¿qué hiciste ayer?”.
Nour, una joven segura de sí misma que hoy lleva un pañuelo en la cabeza con los colores del arcoíris, contesta tras reflexionar brevemente:
“Recoger a mi hija”, dice entonces.
“Muy bien. ¿Y dónde?”.
“Guarde”.
Escribo: “Ayer recogí a mi hija de la guarde” (Ich habe gestern meine Tochter von der Kita abgeholt). Subrayo con rojo los verbos auxiliares que se emplean en las dos frases en alemán (habe del haben y bin del sein) y me vuelvo a girar hacia la clase. “¿Por qué?”

En ese momento, tengo a 18 pares de ojos que me miran fijamente sin saber qué decir.
“¿Por qué bin geschwommen?”, pregunta Kamil con razón.
“Eso es. ¿Por qué bin geschwommen?”, le doy la razón y animo a mis alumnos a que respondan asintiendo con la cabeza.

Mi clase ya conoce el pasado con el verbo auxiliar haben, pero que el pretérito perfecto compuesto alemán (Perfekt) de los verbos de movimiento se forma con sein es algo nuevo para ellos. Tras los artículos, la conjugación de los verbos irregulares y el acusativo, el pretérito perfecto compuesto alemán es el siguiente gran obstáculo de la lengua alemana con el que mis alumnos deben lidiar en poquísimo tiempo. Todas estas lecciones gramaticales se imparten en las primeras 8 semanas y, para entonces, deben dominarse… en teoría.

Escribo una A y una B en la pizarra y uno las letras con una flecha. Entonces, camino especialmente lenta de una pared de la clase a la otra. Me siguen unas miradas que no entienden nada. “Esto es el movimiento de A a B”, digo. “Formamos los verbos de movimiento con sein. Por ejemplo, gehen (ir), kommen (venir), schwimmen (nadar).
¿Qué más?”.
“¡Spazieren gehen! (pasear)”.
“Sí”.
“¡Auto fahren! (viajar en coche)”.
“Muy bien”.
“¡Tanzen! (bailar)”.
“Hum… No”.
Otra vez me encuentro con rostros turbados. Si “bailar” no es movimiento, entonces, ¿qué es? Como demostración, ejecuto un par de pasos de baile al momento, lo que inmediatamente provoca risas en mi auditorio. “Bailar es movimiento, pero no de A a B”. “Ahhh…”, dice la clase. La tensión acumulada se desvanece.

A continuación, les doy a mis alumnos del curso un primer ejercicio fácil para que practiquen lo aprendido. Mientras el resto trabaja, me siento junto a Arjun que mueve la cabeza con resignación. Arjun, de 36 años, ya vive en Alemania desde hace 10 años y trabaja de cocinero en un restaurante indio. Allí es donde ha aprendido a chapurrear alemán. Domina las expresiones especializadas que necesita para cocinar. Conoce todas las especias y hierbas por sus nombres. Para su trabajo no necesita nada más y, sin embargo, tiene que aprobar el curso de integración. Por eso, a pesar de que trabaja hasta tarde por la noche, aparece en clase por la mañana agotado pero siempre puntual a las 9.

“No entender”, me dice ahora y vuelve a mover enérgicamente la cabeza. Paso a paso, terminamos juntos cada uno de los ejercicios, pero sigue desconcertado.

Un curso de integración normal comprende 660 horas y dura entre 6 y 7 meses aproximadamente. Esto no es mucho para lograr el nivel lingüístico B1 en una lengua extranjera totalmente diferente a la del alumno. Según el Marco común europeo de referencia para las lenguas, esto significa que los estudiantes deben poder “informar sobre experiencias y acontecimientos, describir sueños, esperanzas y objetivos y dar breves motivos o explicaciones sobre planes e intenciones”. Me pregunto cuántos alemanes aprenderían en medio año a conversar sobre sus sueños, esperanzas y objetivos en árabe.

Los cursos de integración generales están pensados para estudiantes rápidos y experimentados con una buena formación escolar. Según mi experiencia, el ritmo de aprendizaje de estos cursos los convierte en un reto, incluso para los titulados universitarios. Pero, además, a mi clase también acuden Tarek, que en Turquía trabajó como conductor de autobús y sólo fue unos pocos años al colegio; Aida, ama de casa y madre de 2 niños procedente de Siria; y justamente Arjun, el cocinero, que me puede explicar en alemán las recetas de los más deliciosos platos indios, pero que suele desesperarse con la gramática alemana. A juzgar por esta heterogeneidad tan notable, diferenciar el nivel entre unos alumnos y otros en una clase es sólo posible en muy contadas ocasiones y, de este modo, aproximadamente la mitad de los alumnos del curso apenas tendrá la oportunidad de aprender.

La clase está agotada. Saco mi pelota del bolso y asusto a Hasim que tiene que atraparla de forma inesperada. Esta táctica obtiene el efecto deseado: ahora todos están espabilados.

“¿Qué hiciste ayer, Hasim?”.
Auto fahren (viajar en coche)”.
“Vale, pero ahora dímelo con el verbo: con ‘ich bin…”.
Ich bin Auto gefahren (viajé en coche)”.
“Tú no tener coche”, le suelta Zain y se mete en el bolsillo a toda la clase que se echa a reír.
“Aquí no, pero en casa sí”, se defiende Hasim.

Kamil se pone serio. “Esto así para todos”, dice. “En casa, todo: casa, coche, familia, trabajo… todo. Aquí nada. Ahora, todo fuera. Y no hablar alemán: ni trabajo ni dinero. ¿Qué hacer?”.

Escucho y asiento con la cabeza. Cada dos por tres, surgen esos temas. Mis alumnos sirios me cuentan con desesperanza lo destrozada que está su patria, cómo tuvieron que huir y abandonar a familiares que ya no pueden traer a su lado porque, desde hace poco tiempo, en la mayoría de los casos, los sirios sólo siguen recibiendo protección subsidiaria. Y lo extraños que se sienten ahora en un país cuya lengua no hablan y cuya cultura no comprenden.

Es sorprendente lo mucho que pueden transmitir con un par de nociones de alemán y su expresión corporal. Los sentimientos son algo universal. Cualquiera que así lo desee puede entender o, por lo menos, intuir lo que la pérdida y las experiencias traumáticas han causado a los refugiados. Como, en general, la tragedia de los destinos de muchas personas es difícil de soportar, en algún momento nos enmudece.

Y, entonces, retomamos la clase y actuamos como si fuera importante si el pretérito perfecto compuesto alemán de fahren se forma con haben o con sein... porque está claro que mis alumnos deben aprender alemán… y porque, a veces, es preferible sentirse desesperado por la gramática alemana antes que por la vida misma.

Birke Carolin Resch

estudió etnología en las universidades de Hamburgo, Copenhague y Ámsterdam especializándose en el tema de la inmigración. Aunque nació en Berlín, ha sido en estos últimos cuatro años cuando ha conocido y aprendido a querer a la capital alemana. Ahora, la vida la ha llevado a Lisboa donde trabaja como profesora de alemán por cuenta propia y, en cuanto tiene un minuto libre, dibuja y escribe sobre Lisboa y Berlín en su blog Zwischen Lissabon und Berlin.

Copyright: Tudo Alemão
Febrero 2017

Este texto es una traducción del alemán.

    TransEur(H)opeTheatre

    40 Jugendliche aus 4 Ländern treffen sich, um ein Theaterstück auf die Bühne zu bringen

    Rumbo Alemania - Blog

    Rumbo a Alemania - el blog para jóvenes nómadas

    Alumniportal Deutschland

    La red on-line para todos los ex-alumnos relacionados con Alemania.