Verboten!!! Yo fui Erasmus en Bonn…


Diego González cuenta de su experiencia Erasmus en Bonn desde la perspectiva de una Alemania „civilizada y estricta“
Un día después de mi llegada a ese nuevo mundo llamado Alemania, mientras caminaba con una compañera de clase observando todo lo que había a mi alrededor, justo cuando cruzaba una estrecha calle donde no paseaba nadie, por el centro, escuche a mis espaldas : “¿Haben Sie Augen?”. Qué sorpresa la mía, cuando al girarme vi que esa pregunta que, aunque mis conocimientos de alemán eran escasos comprendía, me la hacían dos policías bastante imponentes. Acto seguido sonreí levemente y cotesté: “don´t understand alemán”, y ambos policías con un gesto me indicaron que el semáforo estaba rojo para cruzar los peatones y añadieron: “aufpassen!”
Más tarde me enteré que podría haber sido multado, que era lo habitual y que había tenido suerte. Me llevé las manos a la cabeza cuando lo supe, porque, si no hay nadie, pues cruzo y ya está, como siempre. Este fue para mí el primer ejemplo del orden y civismo de este país.
A los pocos días, me di cuenta de que ese camino de otro color marcado en la calle era para las bicicletas, vehículo de supervivencia en esta ciudad. Yo, que apenas recordaba cómo se montaba en bici y que nunca llegué a pensar que llegara a ser lo habitual para ir de un sitio a otro. Hasta las abuelitas más acicaladas para comprar el pan las conducían y sin ningún tipo de preocupación, sin atar, las dejaban en la puerta del establecimiento en cuestión al que iban a comprar y nadie, nadie se la robaba. En España esa bicicleta hubiera sido robada en cinco minutos, seguro. Y a veces, yo que a todos sitios iba caminando, se me olvidaba que iba pisando esa dichos línea de otro color que indicaba que sólo las bicis podía circular por allí…¡qué peligroso! Más tarde me enteré que si te pillaban pisando donde no debías mientras andabas, que te podían multar…otra vez este asunto de las multas…¡Dios mío!
¡Halten Sie!
Pero ahí no termina la cosa, es que un día que caminaba hacia la Universidad (qué palacio tan hermoso), me di cuenta que había una pendiente que pasaba por debajo de la vía del tren, donde se indicaba mediante grandes y coloridos carteles que sólo se podía pasar caminando y los ciclistas tenían que bajarse y hacer ese tramo a pie.
Qué sorpresa la mía, cuando, un día que un ciclista no respetó esta señalización, justo al pasar esta pendiente, le paró un policía que, aguardaba el momento escondido junto a un árbol del mismo color de su chaqueta y le dijo: “Halten Sie!” Tras pasar por su lado comprobé que le había multado, creo que con cinco Euros. Una vez más la multa volvía a ser la protagonista de mi vida diaria desde que llegué.
Diego González Bautista,
Copyright: Todo Alemán
Septiembre 2012
Idioma original: Español
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Septiembre 2012
Idioma original: Español











