¿Tienes algún hobby, cuál? Leer, leer y leer. Tirada en el sofá, en la bañera, bajo el nogal del jardín...
Sin libros el mundo sería claustrofóbico, supondría una limitación a todo aquello que podemos pensar y por lo tanto hacer. Y necesitamos muchos, muchos libros, y sobre todo diferentes. Muchas mirillas abiertas en la pared que se interpone entre nosotros y este mundo a menudo incomprensible.
Mirjam Pressler nació en Darmstadt en 1940 y se crió con padres adoptivos. Después de sus estudios, primero en la Academia de Bellas Artes de Fráncfort y luego en la Academia de Idiomas de Múnich, viajó a Israel donde vivió durante un año en un Kibbuz. Fue duro su regreso a Alemania, de pronto se vio sola con una hija a la que sacar adelante (otras dos se sumaron después). En la decada de los 70 aceptó prácticamente cualquier empleo (trabajó como taxista y dependienta de una tienda de ropa), mientras se volcaba con empeño en sus primeros escarceos literarios. En 1980 hizo su debut con Chocolate amargo (Anaya, 2009). Desde entonces ha publicado más de 30 libros infantiles y juveniles y ha traducido al alemán más de 200 títulos del holandés, flamenco, hebreo, inglés y afrikáans.
De entre todos los galardones que Mirjam Pressler ha recibido a lo largo de su vida cabe destacar la mención especial del Premio Alemán de Literatura Juvenil que obtuvo en 1994 en recononocimiento a su labor como traductora, así como las tres ocasiones en que el conjunto de su obra fue galardonado: en 2001 ganó el premio especial de la Academia Alemana de Literatura Infantil y Juvenil e.V. Volkach, en 2004, el Premio Alemán del Libro y en 2010, la mención especial del Premio Alemán de Literatura Infantil y Juvenil. Si fuese ella, sin embargo, quien premiara su propia creación, las obras afortunadas serían Si llega la suerte, ponle una silla (Ediciones S.M., 1996; descatalogado) y Malka Mai (Editorial Diagonal, 2003). Actualmente vive como autora independiente y traductora en los alrededores de Múnich.
Sin libros el mundo sería claustrofóbico, supondría una limitación a todo aquello que podemos pensar y por lo tanto hacer. Y necesitamos muchos, muchos libros, y sobre todo diferentes. Muchas mirillas abiertas en la pared que se interpone entre nosotros y este mundo a menudo incomprensible.
Mirjam Pressler nació en Darmstadt en 1940 y se crió con padres adoptivos. Después de sus estudios, primero en la Academia de Bellas Artes de Fráncfort y luego en la Academia de Idiomas de Múnich, viajó a Israel donde vivió durante un año en un Kibbuz. Fue duro su regreso a Alemania, de pronto se vio sola con una hija a la que sacar adelante (otras dos se sumaron después). En la decada de los 70 aceptó prácticamente cualquier empleo (trabajó como taxista y dependienta de una tienda de ropa), mientras se volcaba con empeño en sus primeros escarceos literarios. En 1980 hizo su debut con Chocolate amargo (Anaya, 2009). Desde entonces ha publicado más de 30 libros infantiles y juveniles y ha traducido al alemán más de 200 títulos del holandés, flamenco, hebreo, inglés y afrikáans.
De entre todos los galardones que Mirjam Pressler ha recibido a lo largo de su vida cabe destacar la mención especial del Premio Alemán de Literatura Juvenil que obtuvo en 1994 en recononocimiento a su labor como traductora, así como las tres ocasiones en que el conjunto de su obra fue galardonado: en 2001 ganó el premio especial de la Academia Alemana de Literatura Infantil y Juvenil e.V. Volkach, en 2004, el Premio Alemán del Libro y en 2010, la mención especial del Premio Alemán de Literatura Infantil y Juvenil. Si fuese ella, sin embargo, quien premiara su propia creación, las obras afortunadas serían Si llega la suerte, ponle una silla (Ediciones S.M., 1996; descatalogado) y Malka Mai (Editorial Diagonal, 2003). Actualmente vive como autora independiente y traductora en los alrededores de Múnich.











