Alemania no promueve la arquitectura ostentosa
La gente de ese país está reaccionando a la caída del muro (1989) y los espacios responden a las actuales condiciones de vida
Estas construcciones se distinguen por sus estructuras simples, con fachadas curvas, en forma de semicírculos o con ventanas voladas en forma de cubos y rectángulos.
Igualmente son notables por el uso de materiales simples como el acero, el concreto, el ladrillo y el cristal, aunque algunas ya incorporan materiales inteligentes.
Fue en Alemania donde se fundó la Bauhaus, primera escuela de diseño y arquitectura durante los años 30, que fue un parteaguas del desarrollo de espacios a escala mundial.
Pero ahora descubrimos un panorama distinto que surge como una respuesta a la ostentación y superficialidad de la arquitectura de autor que ha proliferado en los últimos años alrededor del orbe.
"La moderna arquitectura alemana no ofrece un nuevo estilo de vida, sino que por el contrario, parece que está reaccionando ante una situación social que se dio en nuestro país tras la caída del muro (en 1989) y la reunificación alemana", explica Ullrich Schwarz, curador de la muestra y director del Colegio de Arquitectos de Alemania en exclusiva para EL UNIVERSAL.
Agrega que los espacios son el resultado de las condiciones del país.
"Ahora tenemos a esta nueva Alemania grande, unida, y lo que queremos ver es si esta nueva situación política y social se refleja en la arquitectura y nos parece que así es; hoy existen diversas manifestaciones al respecto y la primera surge a contrapelo de lo que ha pasado en la arquitectura mundial, en la que se han dado unas estructuras espectaculares, de un efecto mayúsculo, como el museo Guggenheim de Bilbao.
"En nuestro suelo, a partir de los años 90, los alemanes tuvieron que acostumbrarse a una nueva vida, a una nueva situación; no sabían cómo iba a ser el futuro y la reacción fue replegarse a una actitud más sencilla y más modesta arquitectónicamente hablando, no tan espectacular".
Schwarz explica el subtítulo de la exposición (una modernidad reflexiva): "Para mí, la modernidad reflexiva es un desarrollo de la posmodernidad, en la que se está planteando el fin de las grandes narraciones, cuando llegó un momento en que los grandes proyectos del futuro resultan inciertos.
“Este lo que produjo fue un proceso de introspección en el que se llegó a concluir que debían aclararse objetivos que se perseguían y en el que se tuvo conciencia de que las grandes estructuras y formas arquitectónicas no iban a solucionar ningún tipo de problema social, ecológico o económico", describe.
Además, el curador Schwarz menciona que esta apreciación de la arquitectura también es cosa de actitud. "A los alemanes se nos achaca que somos demasiados serios, pero creo que esto tiene la ventaja de que también nos tomamos en serio los problemas. En el lenguaje arquitectónico, ahora no se trabaja a partir de la forma".
Dice que la arquitectura de firma con sello personal como la desarrollada por notables como Zaha Hadid, Rem Koolhaas o Frank Gehry tiene una gran efectividad mediática y se vuelve muy comercial, sobre todo por la difusión que le dan los medios. "Sería imposible competir con estas grandes figuras, no tendría sentido. Entonces, en Alemania, hacemos arquitectura sin autor; no es importante quién construyó una obra, sino atender las necesidades del usuario", expresa.
La vanguardia germana
Una de las obras expuestas que más llaman la atención es la casa R 128, en Stuttgart, a las afueras de Berlín, del arquitecto: Werner Sobek.
Se trata de un ejemplo de modernidad, presidido por la tecnología.
"Es una casa de cristal; puedes verla por todos lados, no utiliza energía eléctrica, sino que la genera por medio de celdas fotovoltáicas que absorben la energía solar.
"En esta casa, aun siendo un ejemplo extremo de modernidad, se reconocen muy bien problemas que se discuten actualmente en la arquitectura alemana, como los de la energía y la ecología. Es un ejemplo brillante que combina un alto refinamiento tecnológico con un gran elegancia y estética".
La innovación en materiales
"Se utilizan materiales sencillos, económicos y tradicionales como la madera y el ladrillo, pero también otros nuevos, de uso industrial, como grandes placas de plástico para hacer los techos de las casas.
Hay en Alemania una exploración e investigación de materiales inteligentes. En este sentido, ya se utilizan dos placas de vidrio que llevan en medio de ellas un gas especial que reacciona de manera inteligente al sol. Si hay más radiación, se vuelven más oscuras y si hay menos se ponen más claras, como los lentes para sol. También regulan la temperatura en interiores, y a primera vista no se notan.
En ese desarrollo de materiales inteligentes, los ingenieros alemanes están en la punta de lanza", concluye Schwarz.
La gente de ese país está reaccionando a la caída del muro (1989) y los espacios responden a las actuales condiciones de vida
Estas construcciones se distinguen por sus estructuras simples, con fachadas curvas, en forma de semicírculos o con ventanas voladas en forma de cubos y rectángulos.
Igualmente son notables por el uso de materiales simples como el acero, el concreto, el ladrillo y el cristal, aunque algunas ya incorporan materiales inteligentes.
Fue en Alemania donde se fundó la Bauhaus, primera escuela de diseño y arquitectura durante los años 30, que fue un parteaguas del desarrollo de espacios a escala mundial.
Pero ahora descubrimos un panorama distinto que surge como una respuesta a la ostentación y superficialidad de la arquitectura de autor que ha proliferado en los últimos años alrededor del orbe.
"La moderna arquitectura alemana no ofrece un nuevo estilo de vida, sino que por el contrario, parece que está reaccionando ante una situación social que se dio en nuestro país tras la caída del muro (en 1989) y la reunificación alemana", explica Ullrich Schwarz, curador de la muestra y director del Colegio de Arquitectos de Alemania en exclusiva para EL UNIVERSAL.
Agrega que los espacios son el resultado de las condiciones del país.
"Ahora tenemos a esta nueva Alemania grande, unida, y lo que queremos ver es si esta nueva situación política y social se refleja en la arquitectura y nos parece que así es; hoy existen diversas manifestaciones al respecto y la primera surge a contrapelo de lo que ha pasado en la arquitectura mundial, en la que se han dado unas estructuras espectaculares, de un efecto mayúsculo, como el museo Guggenheim de Bilbao.
"En nuestro suelo, a partir de los años 90, los alemanes tuvieron que acostumbrarse a una nueva vida, a una nueva situación; no sabían cómo iba a ser el futuro y la reacción fue replegarse a una actitud más sencilla y más modesta arquitectónicamente hablando, no tan espectacular".
Schwarz explica el subtítulo de la exposición (una modernidad reflexiva): "Para mí, la modernidad reflexiva es un desarrollo de la posmodernidad, en la que se está planteando el fin de las grandes narraciones, cuando llegó un momento en que los grandes proyectos del futuro resultan inciertos.
“Este lo que produjo fue un proceso de introspección en el que se llegó a concluir que debían aclararse objetivos que se perseguían y en el que se tuvo conciencia de que las grandes estructuras y formas arquitectónicas no iban a solucionar ningún tipo de problema social, ecológico o económico", describe.
Además, el curador Schwarz menciona que esta apreciación de la arquitectura también es cosa de actitud. "A los alemanes se nos achaca que somos demasiados serios, pero creo que esto tiene la ventaja de que también nos tomamos en serio los problemas. En el lenguaje arquitectónico, ahora no se trabaja a partir de la forma".
Dice que la arquitectura de firma con sello personal como la desarrollada por notables como Zaha Hadid, Rem Koolhaas o Frank Gehry tiene una gran efectividad mediática y se vuelve muy comercial, sobre todo por la difusión que le dan los medios. "Sería imposible competir con estas grandes figuras, no tendría sentido. Entonces, en Alemania, hacemos arquitectura sin autor; no es importante quién construyó una obra, sino atender las necesidades del usuario", expresa.
La vanguardia germana
Una de las obras expuestas que más llaman la atención es la casa R 128, en Stuttgart, a las afueras de Berlín, del arquitecto: Werner Sobek.
Se trata de un ejemplo de modernidad, presidido por la tecnología.
"Es una casa de cristal; puedes verla por todos lados, no utiliza energía eléctrica, sino que la genera por medio de celdas fotovoltáicas que absorben la energía solar.
"En esta casa, aun siendo un ejemplo extremo de modernidad, se reconocen muy bien problemas que se discuten actualmente en la arquitectura alemana, como los de la energía y la ecología. Es un ejemplo brillante que combina un alto refinamiento tecnológico con un gran elegancia y estética".
La innovación en materiales
"Se utilizan materiales sencillos, económicos y tradicionales como la madera y el ladrillo, pero también otros nuevos, de uso industrial, como grandes placas de plástico para hacer los techos de las casas.
Hay en Alemania una exploración e investigación de materiales inteligentes. En este sentido, ya se utilizan dos placas de vidrio que llevan en medio de ellas un gas especial que reacciona de manera inteligente al sol. Si hay más radiación, se vuelven más oscuras y si hay menos se ponen más claras, como los lentes para sol. También regulan la temperatura en interiores, y a primera vista no se notan.
En ese desarrollo de materiales inteligentes, los ingenieros alemanes están en la punta de lanza", concluye Schwarz.
Gerardo León, El Universal, 22.03.2007



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