De la escena - actual

Antonio Malpica, escritor imposible


De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Lectura (ENL) los mexicanos leen un promedio de 2.94 libros al año. Antonio Malpica los escribe. En 2001, luego de ganar un concurso de novela para niños de Ediciones Castillo, apareció su primer libro, y ya no se detuvo: desde entonces ha publicado 41, un promedio de 2.92 libros por año.

Algunos de sus colegas creen que es un hecho insólito y han dicho que “Toño” Malpica debe ser extraterrestre o que tiene un ejército de monos esclavos que le escriben los libros:
“En 15 años (o menos), Toño Malpica ha escrito, él solo, lo que produciría toda una generación de escritores, por eso siempre sospeché que comandaba a un ejército de monos entrenados para escribir”, dice su colega Jaime Alfonso Sandoval. Otros, como Ana Romero, creen, simplemente, que “no existe”. “Toño Malpica no puede existir. Nadie puede ser tan talentoso y a la vez tan humilde. Nadie hace detectives y niños de la calle y asesinos seriales y seductores y futbolistas y tigres como él los hace: impecables. Malpica no existe, en realidad es un personaje nacido de la pluma del verdadero Toño Malpica”.



Tan solo en 2011, por ejemplo, publicó 9 libros. Ya ha ganado casi todos los premios de literatura infantil y juvenil en México, y hace unas semanas obtuvo uno de los mayores reconocimientos para un escritor especializado en libros para niños y jóvenes: el Premio Iberoamericano SM. Es el primer mexicano, en los diez años de historia del Premio, en ganar los 30 mil dólares que otorga la Fundación SM. Cuando lo llamaron por teléfono para avisarle, Malpica confiesa que no podía creerlo, estaba muy concentrado, escribiendo su novela número 42.

Como Dostoyevsky o Balzac…

El destacado editor y director de la Biblioteca Vasconcelos, Daniel Goldin celebró el Premio de la Fundación SM, pues ha trabajado de cerca con Toño y lo admira como autor.
“Toño es un narrador nato. Como Dostoyevsky o Balzac, para él narrar una historia de manera amena es primordial, pero no es lo único pues la literatura es una manera de explorar el mundo y sus misterios. No de aclararlos. Celebro que este año recaiga el premio en un autor que haya asumido de manera tan cabal y fresca esa misión esencial de la literatura”.

Verónica Murguía, quien por su novela Loba, se convirtió en la primera mexicana en ganar el Premio Internacional de Novela Gran Angular dice: “Uno de los aspectos más sorprendentes de la obra de Toño es la variedad de temas y el humor delirante que se filtra en casi todos, y digo casi, porque hay unos en los que uno se ríe y se espanta por partes iguales”.

Y Alberto Chimal: “Autores como Toño Malpica me inspiran un sentimiento extraño: una mezcla de admiración (sincera, chapeadita, robusta: la que es inevitable ante los artistas realmente grandes) y pesadumbre. La pesadumbre es porque uno es colega de Toño, y hace su luchita, pero no está tocado por la gracia: jamás podrá escribir tanto, con tanta velocidad, con mano tan segura. Ni modo: lo hace él, por suerte para el mundo en general y para los muchos lectores que tiene y que disfrutamos sus obras”.

Una infancia feliz

En esta entrevista conocemos un poco más de este escritor, que es ya el más importante de la LIJ en México. ¿Cómo era tu vida de niño? Tuve una infancia muy feliz. Mi mamá nos daba mucha libertad. Vivía en Satélite y teníamos unos cerros muy cerca de la casa a los que mi hermano y yo nos íbamos por horas y horas. Tuve muchos amigos, jugábamos de todo, futbol, béisbol… lo que más nos gustaba era jugar a los exploradores.

¿Cómo era ese juego?

Vivíamos en una colonia del Estado de México cuya cercanía con los cerros sin fraccionar de aquellos tiempos facilitaba la expedición. Mi hermano Javier y yo formábamos parte de un club (¿o sería más correcto llamarlo “pandilla”?) donde varios niños de nuestra edad nos lanzábamos toda la tarde (o hasta un día entero si eran vacaciones) a explorar los cerros. Nos metíamos a las cuevas, nos maravillábamos con la fauna del lugar, inventábamos leyendas respecto al sitio.

¿A qué juegas hoy?

Lamentablemente me volví muy urbano y ya no juego a eso ni en la sala de mi casa. Hoy juego mucho con mis hijos: deportes, juegos de mesa, a armar legos, a armar rompecabezas, a los piratas, a la guerra de las galaxias, a las luchas… con mi hermano sí sigo jugando, pero a otras cosas. A la banda de rock y al teatro, principalmente.

¿Qué momento viviste en la infancia que juraste que era magia pura?

Hubo una vez, durante una de nuestras expediciones al cerro en el que creímos descifrar una especie de código escrito en la geografía del lugar. Según nosotros era un mensaje mágico de tiempos ancestrales, de visitantes de tierras remotas. Y estaba cifrado en la localización de algunos cactus, cuevas, parajes, todo parecía conformar parte de un entramado, un patrón. Por algunos días nos pareció que estábamos al borde de algo importante. Luego… simplemente no supimos descifrar nada y lo abandonamos. Si había algo escrito ahí, es seguro que las nuevas colonias que llegaron después lo borraron definitivamente.

¿A qué le tenías miedo?

Vivíamos en una casa grande, de tres pisos. Uno de mis más grandes temores era quedarme completamente solo en esa casa. Otro: que llegara la noche, todos estuvieran ya dormidos y yo siguiera viendo -solo, por supuesto- la tele en el piso inferior. El camino de regreso hacia mi habitación siempre estaba colmado de susurros, de escalofríos, de tactos inexplicables.

¿Qué no te has atrevido a contar todavía? ¿Cómo empezaría esa historia?

Confieso que, cuando una historia me demanda ser contada, me deja sin alternativas. Desde que nace la semilla en mi mente, escribirla deja de ser opcional: simplemente sé que tengo que hacerlo. Por supuesto, no me pasa con cualquier historia, solo con aquellas que me prenden fuego al interior, que no se va a extinguir sino hasta que termine la escritura. Por lo mismo, no hay historias que no me “atreva” a contar; si no lo he hecho es, simplemente, porque estas no me lo han demandado.

¿Cuál ha sido el tema que más te ha costado abordar en una historia?

Me pesa mucho escribir sobre el maltrato a los niños en cualquiera de sus acepciones. Por ello trato de que mi literatura sea más bien lúdica. No obstante, es cierto también que a veces la historia demanda echar luz sobre esas zonas oscuras, como en Los mil años de Pepe Corcueña o Adonde no conozco nada. Objetivo miedo, donde lo abordo de un modo aún menos tangencial; me costó muchísimo trabajo.

¿Cuáles son los tabúes a los que te enfrentas cada día?


Me da la impresión de que el máximo tabú de nuestros días es el miedo a mostrar debilidad. El mundo nos ha hecho creer que hasta dar una moneda a un pordiosero es señal de flaqueza. O preguntar por una calle. O soltarse a llorar en el cine. A lo mejor ni es un tabú. A lo mejor nada más es un miedo como tantos otros. Pero de que existe, existe. Y lo lamento porque también a mí me asalta de vez en cuando y lo único que consigue es deshumanizar a las personas. Hubo un tiempo en el que no era problema ser imperfecto y tener dudas y equivocarse. En cambio ahora es el máximo pecado. Ojalá hiciéramos más frecuentemente el ridículo para no olvidar que justo eso somos.

¿Cuándo has decidido que es mejor guardar silencio?

Cuando no me gusta lo que estoy escribiendo. Prefiero botarlo a la basura que hacer pasar a los demás por el incordio de leer algo que ni yo mismo puedo disfrutar.
Adolfo Córdova
Periodista, escritor y promotor de lectura nacido en Veracruz y radicado en la ciudad de México.
Octubre 2015

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