De la escena - actual

Lo político, lo esclarecedor, lo socialmente crítico – lo que los niños y los jóvenes pueden aprender de la literatura.

La competencia lectora es necesaria para poder estar al tanto de las noticias o comprender el programa de un partido. Pero, ¿cuál es el significado que tienen los libros socialmente críticos para niños y jóvenes? y ¿cómo pueden trabajar con ellos los pedagogos y los bibliotecarios?

Ya sea que se trate de un valor como la amistad o de la autoridad con los padres, que aborde el hambre o la migración forzada, las guerras mundiales o las dictaduras militares, casi cada uno de los libros que actualmente tiene éxito, tiene una dimensión política. “El que autores con una postura combativa quieran develar injusticias en nuestros sistemas políticos ya no es tan frecuente en Alemania y en otros países occidentales como lo fue en los años 80´s o los 90´s” opina la Dra. Christiane Raabe, Directora de la Biblioteca Internacional Juvenil en Múnich. Pero es frecuente que los autores deseen abordar temas específicos. “Esto se aplica sobre todo en la literatura realista, la cual en los últimos años se ha diferenciado fuertemente de la literatura fantástica y de la ciencia ficción” asevera la experta.


Jochen Weber y Dra. Christiane Raabe © Biblioteca Internacional Juvenil, Múnich

Un ejemplo de este proceso es el título “Nichts” (Nada) de la autora danesa Janne Teller, que aborda la pérdida de la moral y la incapacidad de los padres; este libro tuvo una fuerte recepción en Alemania y provocó auténticas controversias. Otros temas importantes en la literatura infantil y juvenil son: la huida de las regiones en guerra, tales como Afganistán o de países africanos, además de la pobreza, la violencia y el abuso. “Estos temas se abordan con una franqueza, que hace cinco años no hubiera sido posible” opina Raabe.

Con autoras como Ana María Machado de Brasil o Graciela Montes de Argentina, a partir de los años 80´s inicia la literatura que busca esclarecer e iluminar estos temas en Latinoamérica. Al alemán se tradujeron muy pocos de estos libros, entre los que están “Había una vez un tirano” de Ana María Machado, “En la oscuridad”de Júlio Emílio Braz, “Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre” de Graciela Montes y “La composición” del chileno Antonio Skármeta. Un ejemplo más joven es “Piedra, papel o tijera” de la argentina Inés Garland, ganadora el Premio Alemán de Literatura Juvenil 2014. Ejemplos notables también se encuentran en Colombia y Chile, donde la literatura infantil y juvenil se ha mantenido al margen de los temas políticos y de superación de la historia desde hace mucho tiempo. En parte, los temas sociales fueron llevados a la literatura infantil durante las dictaduras militares en distintos países para salvar la censura. Pero después se ha escrito muy poco al respecto, porque para las editoriales la literatura sobre las dictaduras o las guerras civiles continuaba siendo problemática.

En libros como “No comas renacuajos” de Francisco Monaña Ibañez o “La luna en los almendros” de Gerardo Meneses Claros, los dos colombianos, se aborda la pobreza y la violencia, la guerra y el destierro. En otros, por ejemplo el libro ilustrado “Migrar” de José Manuel Mateo y Javier Martínez Pedro o el libro juvenil “Al sur de la Alameda” de Lola Larra y Vicente Reinamontes, sobre la migración ilegal de México a Estados Unidos o también sobre las protestas estudiantiles en Chile.

No hay tema que la literatura infantil y juvenil no pueda abordar, coinciden Raabe y Weber. Lo importante es la manera o la forma como los autores tratan estos temas: “Desde hace más de 40 años el nazismo tiene un papel importante en los libros infantiles alemanes. A veces se da la tendencia de plantear la perspectiva del yo, a partir de la figura de una víctima, por ejemplo en un campo de concentración. Esto es problemático porque los acontecimientos históricos, que nunca tendrían que haber ocurrido, son usados para crear tensión en la historia” opina Raabe. También asegura que lo más importante es que los libros muestren a los protagonistas infantiles y juveniles con respeto, que los presenten como individuos y no únicamente como miembros de un grupo en específico.

La literatura política infantil y juvenil está presente en los circuitos de las escuelas y las bibliotecas tanto en Alemania, como en Latinoamérica. Raabe y Weber recomiendan a las personas que trabajan en las bibliotecas y a los pedagogos, que no únicamente lean con los niños y los jóvenes, sino que también inicien auténticas discusiones: uno puede ocuparse mucho con el tema sobre el cual se puede investigar el contexto político de la historia del libro, hacer entrevistas a los autores, continuar desarrollando las historias a partir de los personajes en talleres de escritura o con juegos de rol o también desarrollar algo creativo. Con esto no se trata de que los niños o jóvenes aprendan datos. La meta se orienta más a que los niños y jóvenes descubran algo sobre ellos mismos: “Específicamente con los temas, que parecen muy lejanos, se plantea siempre la pregunta: yo, que no he sufrido ni el destierro ni la violencia, que no me ha tocado vivir esa vida y que tampoco participo en esos conflictos – ¿qué podría tener que ver conmigo el tema de esta historia?

Janna Degener
estudió lingüística, literatura, etnología y alemán como lengua
extranjera en la Universidad Libre de Berlín. Trabaja como periodista
independiente y docente en Königs Wusterhausen.
Septiembre 2015
Traducción: Karina Gutiérrez
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