Costa Rica

Jessica Clark Cohen

Melanie Taylor by Fernando BocanegraJessica Clark Cohen © privado Jessica Clark Cohen nació en 1969 en San José Costa Rica. Su biografía es una lista de eventos cotidianos y prescindibles que la hicieron una persona típica de clase media, afirma. “Crecí en un barrio de profesores universitarios, que me dejó la idea de que es normal que los padres de todo el mundo sean biólogos, matemáticos y músicos. Mi papá es físico, mi mamá era graduada de sociología pero enseñaba portugués. De ella saqué un interés por los procesos sociales y las relaciones entre personas. De él la ciencia y de ella la creencia, muy brasileña y latinoamericana, de que los sueños significan y que la vida tiene un más allá”, dice.

Estudió publicidad, creció viendo videos musicales, luego obtuvo una maestría en literatura inglesa. Ha sido creativa en agencias de publicidad, productora de un programa de videos, guionista en una teleserie y escritora de discursos en la Embajada de su país en Washington, D.C. Hoy día se dedica a la educación. Enseña a escribir y a cómo cambiar el mundo por medio de la innovación social.

Entre su obra cabe mencionar sus novelas “Un fuego lento” (Editorial Costa Rica, 2014), con la que ganó la beca de Fomento a la Creación Literaria del Colegio de Costa Rica, 2013. También es autora de “Telémaco” (Editorial Costa Rica, 2007), “Diagonal” (OLNI, 2009) y el libro de cuentos “Los salvajes” (Editorial Costa Rica, 2006).

“No puedo no escribir”, manifiesta cuando se le pregunta sobre sus motivaciones para hacerlo. “Comencé poco después de los diez años porque era una necesidad. Cuando tomo impulso y todo sale bien, la sensación es una pura endorfina. Adicción, entonces, o ego. Dicen que uno sólo puede escribir lo que se relaciona con uno mismo y en ese sentido todos los escritores somos ególatras, exhibicionistas y divas.”

Jessica afirma ser producto de la generación del video y de la cultura pop. Sus primeras influencias no fueron literarias, sino audiovisuales: Duran Duran y MTV y series inglesas de televisión: Zafiro y Acero, los Invencibles de Némesis. Mucho después vinieron los cómics y la tele oscura: X-Men y Neil Gaiman, Dr. Who, Buffy y Supernatural. Además, aparte de su gusto por la música Funk, Jessica afirma que la mayoría de las canciones de su iPhone son de artistas que escriben y que son brillantes narradores: Peter Gabriel, Live, Joaquín Sabina. Como resultado, dice, su literatura es concisa, un tipo de literatura cinemática (influencia de guionista y de su adicción por el video).

“Del cómic y el manga saqué la violencia psicológica: mis personajes están siempre bajo mucha presión emocional. Los mundos que creo siempre tienen cabida para lo paranormal, pero es un paranormal cotidiano: prefiero la magia instintiva y la telepatía que los zombis”, agrega.

Sobre su estilo afirma, que su definición favorita es la de alguien que dijo que sus cuentos son como pequeñas novelas. “Siempre condenso mucha información en poco espacio. Al mismo tiempo se me ha acusado de no explicar suficiente: sólo digo lo que siento que es necesario para mover la historia. Mi hermana dice que leerme es como estar en una cena de gala donde pasan los postres en una bandeja pero nunca llegan suficientemente cerca. Estoy trabajando en eso, pero tal vez ocupe ayuda psicológica,” afirma.

Entre las cosas que la inspiran, menciona el clima: “diciembre en Costa Rica es sol, viento frío y nubes bajas y rápidas corriendo el cielo, tan cerca que uno casi puede tocarlas. Cuando llueve, uno escucha la lluvia primero, bajando por la montaña y corriendo sobre los techos. Es como si el clima fuera una presencia activa, no solo un contexto y me intriga el poder tras los elementos”. También la inspira caminar por San José y encontrar pequeños (o grandes) detalles desconcertantes, como la estatua de una niña menuda con las manos atadas, el busto de un hombre con una soga al cuello y las contradicciones históricas.

Respecto del istmo afirma que compartimos una pasión y un dominio por el lenguaje: nuestro humor, la forma en que jugamos entre nosotros, la necesidad de renombrar y ponerle apodos y nombres secundarios a todo, hablan de una entrega total al lenguaje.

“Nuestra relación con el tiempo parece ser menos lineal también. También compartimos una historia y una franja de dos centímetros en el mapa y esos dos centímetros nos definen: el mundo cree que todos somos mexicanos y que nos conocemos todos de nombre y eso nos deja con la curiosa herencia compartida de ser los únicos que sabemos que estar sentados juntos en el bus, no nos hace hermanos. Hasta que llega la oportunidad de defendernos frente al mundo, como en el mundial, y ahí todos somos de los mismos, finalmente buenos en algo.”

Un retrato por Vanessa Núñez Handal.


Extractos

Jessica Clark Cohen: Memo personal

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