Costa Rica

Carlos Fonseca

Melanie Taylor by Fernando BocanegraCarlos Fonseca © Claire Newman-Williams Carlos Fonseca nació en San José, Costa Rica, en 1987. La mitad de su infancia y adolescencia la vivió en Puerto Rico y obtuvo un doctorado en literatura latinoamericana en la Universidad de Princeton. Ha colaborado en revistas como Buensalvaje, Quimera, Otra Parte, entre otras. También formó parte del grupo fundador de la revista de reseñas, El Roommate.

Su primera novela, Coronel Lágrimas, ha sido publicada por la editorial Anagrama en 2015, y ha sido elogiada por Jorge Herrlade y Ricargo Piglia quien, luego de referirse a él como su alumno más brillante, pasó a clasificar su novela como un “caleidoscopio verbal intrigante e inolvidable.” Jesús Ferrer, por su parte, afirmó que ésta constituye una sólida aportación al proceso de modernización narrativa latinoamericana.

El autor, quien reside actualmente en Londres, manifiesta que le interesa explorar las formas en las que América Latina emerge como figura geopolítica y literaria, no sólo dentro del imaginario de la propia región, sino también con relación a una mirada extranjera. “En mi ficción intento explorar las formas en las cuales cierto latinoamericanismo se hace posible a raíz de la mirada extranjera”, afirma.

Sobre las Artes, aunque usualmente no suele escribir sobre escritores ni textos meta-literarios, afirma que le interesan las posibilidades que se abren tan pronto la literatura comienza a dialogar con otras áreas del arte contemporáneo tales como la fotografía, el arte conceptual, la pintura y la escultura. “Me interesan mucho los proyectos narrativos que intentan expandir el concepto que tenemos hoy del arte y su relación con nuestra sociedad”, afirma el autor, que participa de la antología 20/40, editada por el escritor chileno Antonio Díaz Oliva, sobre escritores Latinoamericanos menores de 40 viviendo en los Estados Unidos.

Sobre la política, por su parte, manifiesta que le gusta pensar que todo texto es político, lo quiera o no. “Todo texto articula una forma de concebir la relación del artista con su mundo, del artista con la sociedad. Cuando escribo siempre pienso en las políticas del texto, aunque intento no dejarlo en evidencia”, dice.

Cuando se le pregunta por su motivación para escribir, Carlos afirma que, en su caso, la decisión de ser escritor surgió a raíz de sus lecturas. Asegura que aún hoy se considera primordialmente un lector obsesivo. De ahí el brinco a la escritura fue algo natural. Escribir es un quehacer de hombres solitarios, dice. Y asegura disfrutar mucho de esa posibilidad que le da la escritura, de establecer una suerte de lenguaje privado.

La mirada turística del extranjero que construye un imaginario político de la región, le reporta inspiración también. “Me interesa las formas en las que el llamado primer mundo proyecta sobre América Latina una serie de utopías, miedos, pesadillas y esperanzas, políticas o personales, que acaban por trazar una imagen de los peligros del mundo globalizado actual.”

Por otro lado, según el autor, Centroamérica es una zona que es poco conocida para el lector extranjero. “México, Argentina, Colombia y Cuba han logrado establecerse a raíz de una fuerte tradición editorial, como puntos de referencia para el lector extranjero. Centroamérica, sin embargo, aún hoy se mantiene como una zona literaria opaca, un destino turístico sin literatura. Pocos imaginarían que Rubén Darío, el gran autor latinoamericano de finales del siglo XIX, fue centroamericano. Me interesa en este sentido, cierto sentido de levedad que tiene la región, cierta noción de que todavía la literatura es algo que está por venir”, afirma.

“Creo, por otra parte, que como región nos une la política entera del siglo XX, una serie de conflictos armados que termina hoy por consolidarse en la guerra perpetua y subterránea que trae consigo el narcotráfico. Somos parte de ese gran Sur que sirve para consolidar las fantasías de un Norte desconocido y espectral que para muchos ha llegado, sin embargo, a convertirse en una esperanza económica”, agrega.

Al ser preguntado sobre sus influencias literarias, Carlos afirma haber descubierto la literatura el día en que finalmente leyó a Faulkner. De ahí pasó a leer a obsesivamente a Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo. Luego llegaron las influencias más literarias como Ricardo Piglia, Roberto Bolaño, Georges Perec, o Nabokov. “Dentro de la región, me interesa mucho la obra de centroamericanos como Rodrigo Rey Rosa, Horacio Castellanos Moya y Carlos Cortés, entre otros”, dice.

Entre sus autores recién descubiertos menciona a tres de lengua alemana, de los que se ha convertido en un fanático: W. G. Sebald, Thomas Bernhard y Max Frisch. “Todos, a su modo, me han hecho repensar la forma en que encaro la escritura”, concluye.

Este año, Carlos afirma que espera terminar su segunda novela. Una novela extensa, dice, sobre cómo el extranjero proyecta sobre América Latina sus propias fantasías políticas.

Un retrato por Vanessa Núñez Handal.


Extractos

Carlos Fonseca: Coronel Lágrimas

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