Costa Rica

Carla Pravisani

Melanie Taylor by Fernando BocanegraCarla Pravisani © Laura Benedicto Carla Pravisani tiene una sonrisa cálida, algo que invita a conversar con ella. Es rápida y lista, como debe ser alguien que se dedica a la consultoría en estrategia y creatividad.

Aunque nació en Misiones, Argentina, en octubre de 1976, ha vivido en Costa Rica desde hace 12 años, donde ha desarrollado su carrera como escritora.

Actualmente se desempeña como directora del proyecto online Casa de Escritura. Carla tiene además un master en Creación Literaria en la Pompeu Fabra y un posgrado en literatura digital por la Universidad de Barcelona.

“Cuando escribo lo primero que trabajo es la arquitectura narrativa (la coherencia, la verosimilitud, la estructura), segundo la frondosidad (que lo contado tenga relieve); finalmente la desmalezada (eliminar adverbios, verbos comodines, metáforas narcisistas, errores gramaticales, etc). Trabajo como un obsesivo pintor de brocha gorda: en capas”, afirma cuando se le pregunta por su oficio y la forma en que lo ejecuta.

Ha publicado dos libros de cuentos “Y el último apagó la luz” (Perro Azul, 2004) y “La piel no miente” (Uruk, 2010), que resultó ganador del Premio Nacional de cuento 2012, “Aquileo J. Echeverría”, que es el máximo galardón que da el gobierno de Costa Rica a artistas de diversas ramas.
Además ha publicado dos poemarios “Apocalipsis Íntimo” (Mención Luis Cardoza y Aragón, 2010) y “Patria de Carne” (Guayaba, 2014). En el 2012 ganó la beca de Creación para el Fomento de las Artes Literarias del Colegio de Costa Rica.

En cuanto a sus motivaciones para escribir, afirma que la escritura ha sido un proceso de ambición escalonada. “Al principio el gran logro era terminar lo escrito. Lo segundo consistió en que tuviera una forma. Lo tercero en que alguien lo leyera y que, por supuesto, le pareciera bueno. Y cuando ya todo eso de alguna manera sucedió, me di cuenta de que el mayor logro de escribir es escribir. Vencer todos los días la pereza.”

Como fuentes de inspiración menciona los espacios geográficos, los estereotipos y los estigmas. “Me he dado cuenta de que muchas de mis historias trabajan sobre las consecuencias individuales de una determinada percepción colectiva. También me interesan las migraciones y las identidades diluidas, los procesos de pérdida y de duelo, los conflictos raciales y de clase”, dice.

Saúl Bellow, Juan Carlos Onetti, Mario Levrero, Alice Munro, Truman Capote son algunos de los autores que la inspiran. “Me seduce lo que Carver llamaría “los universos coherentes”. Me interesan los autores que logran consolidar una manera única de ver el mundo. Esa forma especial de contemplar las cosas. Creo que eso es lo que más talento y claridad requiere”, asegura.
“Onetti decía que no hay que escribir conforme a la idea que tenemos de la literatura, sino conforme a lo que queremos decir. Creo que escribir es dejar que el lenguaje encuentre su propia forma. Obedecer a la inteligencia narrativa inconsciente. Y para eso el mayor secreto es no mentirse a uno mismo”, agrega.

“Como migrante, me siento a gusto en Centroamérica. Es un territorio que me resulta familiar pues comparto los mismos complejos: esa necesidad de afirmación constante y la sensación de estar en la periferia. En mi país, Argentina, vivía en una provincia y debía explicar continuamente que yo no era de Buenos Aires. Así que mi mejor identidad siempre ha sido la de “no ser de un lugar”, dice finalmente, cuando se le pregunta por el significado que para ella tiene escribir desde Centroamérica.

Un retrato por Vanessa Núñez Handal.


Extractos

Carla Pravisani: Castillos en el aire Carla Pravisani: Locaciones

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