Guatemala

Francisco Alejandro Méndez

Francisco Alejandro Méndez by ?Francisco Alejandro Méndez © privado Un Café en la Zona 1 de Guatemala City: a primera vista parece un café absolutamente normal, pero a la derecha del mostrador hay un pasillo que lleva a un cuarto en la parte de atrás, que resulta ser un patio interior, techado y bañado en una luz difusa. Francisco Alejandro Méndez es parroquiano del lugar. Y este café con sus ventanas enrejadas, de altos techos y con una galería en el segundo piso podría ser el lugar ideal para un encuentro entre los personajes de sus novelas:

Relatos criminales, ubicados en la ciudad de Guatemala y a los que caracteriza un fino humor. Un humor que el propio autor despliega cuando uno se encuentra con él y se burla de las tapas demasiado saladas que hacen en su restaurante favorito y que, sin embargo, se come con singular alegría. O cuando en su perfil de Facebook postea fotos suyas con perros cuyos hocicos se ven grotescamente cómicos, debido a la perspectiva que les da el gran angular. Allá arriba, dice Méndez señalando la galería sobre nosotros, se encuentra uno de los clubes más populares de la ciudad capital. Ahí dentro todo es posible, dice en tono de conspiración y con una sonrisa torcida, mientras que mira el rostro espantado de su interlocutor. Por la tarde la galería está vacía, y la puerta del club se encuentra cerrada. Pero en la cabeza de quien lo escucha, la imaginación se ha desatado: trasnochadores, vendedores de drogas, prostitutas, travestis y tunantes habitan de pronto el espacio que se halla arriba de nuestras cabezas. Tampoco puede faltar un excéntrico investigador como Wenceslao Pérez Chanán, oficial de la Policía Nacional, que sigue el rastro de los criminales en la última novela negra de Alejandro Méndez. Chenán es un personaje encantador, a veces sagaz e ingenioso, a veces ligeramente estrafalario, que conoce la vida nocturna de la ciudad de Guatemala hasta el más mínimo detalle. Se le puede imputar una gran cercanía con el ambiente, una personalidad que quizá no sea del todo intachable, una forma de investigar que no siempre se basa en sus propias pesquisas si no en el “intercambio de datos”: algunas observaciones de un periodista a cambio del reporte de una autopsia que no se ha dado a conocer.

Pero ver en el detective creado por Méndez a una reencarnación centroamericana del legendario Pepe Carvalho significaría menospreciar el entorno local en el que se mueve Chenán al considerarlo mero colorido local. Aun cuando a Méndez le gusta aludir en sus obras a la atmósfera terrorífica de las novas de Edgar Allan Poe o a la marginalidad de la gran urbe de Los Miserables de Víctor Hugo, sólo se puede entender la mezcla única que nos presenta –instituciones públicas que no se han consolidado del todo, una corrupción generalizada y la espantosa brutalidad de los delincuentes– si se le observa frente al telón de fondo de una sociedad que todavía no ha acabado de superar una guerra civil que duró más de treinta años y que causó el genocidio de la población indígena. Si este punto de partida sociopolítico no provoca una parálisis, es gracias al cinismo y al humor de Méndez: “Mis personajes buscan mofarse de la realidad, de subvertirla y de presentar un mundo en el que podrían ocurrir los hechos que relato”, dice el autor sobre sus personajes. Nacido en 1964 en la Ciudad de Guatemala, Francisco Alejandro Méndez ha publicado más de diez volúmenes de cuentos, ensayos y una novela, Juego de Muñecas (Flacso, 2012). Sus obras han sido traducidas al inglés, al francés y al polaco. Méndez es poseedor de un notable talento doble, sino es que triple: además de ser escritor, trabaja como periodista –es redactor de cultura de la Revista Crónica y escribe una columna semanal en Nuestro Diario– y como docente en la Universidad Nacional de El Salvador, donde da clases de narrativa centroamericana, vanguardias y literatura colonial, entre otras materias, en la Maestría de Cultura Centroamericana. Y las tres formas de escritura –ficción, periodismo y la Academia– se fecundan mutuamente en su obra.
Pero también tiene una pasión totalmente diferente y resistente a las crisis –pero esto lo hubiéramos sabido inmediatamente si hubiéramos tomado en serio sus posts en Facebook–: es criador de perros de las razas English Pointer y Weimaraner. Él mismo tiene nueve perros y afirma con franqueza que se entiende mejor con ellos que con los humanos.

Un retrato por Timo Berger.
Traducción: Claudia Cabrera


Extractos

Francisco Alejandro Méndez: Bar El Pulpo Zurdo

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