Guatemala

Wingston González

Melanie Taylor by Fernando BocanegraWingston González © Timo Berger Existen esos momentos en los que la magia rebasa el escenario: en el jazz, con Charly Parker o Charles Mingus y sus grandiosas interpretaciones; en el teatro, cuando los actores hacen que el público se olvide de que están viendo sólo una función. También algunos escritores logran desarrollar una similar fuerza de expresión en sus textos. Uno de ellos es Wingston González. El poeta, nacido en 1986 en Livingstone, una pequeña ciudad en el Caribe, vive desde hace varios años en la Ciudad de Guatemala.

Resulta difícil describir su literatura en pocas palabras, sin caer en los lugares comunes de los Estudios Postcoloniales: hibridismo, polifonía, the subaltern speaks... Pues los poemas de Wingston González se sirven de diferentes referencias culturales, historia de la Biblia, interpretaciones de la Tora y convicciones sostenidas por los Testigos de Jehová, personajes de la mitología de los garifuna (una minoría negra en Guatemala), ritos del vudú haitiano, citas textuales y formatos de la lírica anglosajona, el Modernismo francés, la poesía concreta de Brasil y su coqueteo con la gráfica, y, no en última instancia, de influencias de la música popular, el reggaeton, el son, la rumba, la salsa, además de todas sus lecturas de los contemporáneos, citas textuales de telenovelas, películas de dibujos animados, superhéroes y animés, novelas gráficas y grafitti, etc.

Quizá sea necesario escucharlo leer en vivo para comprender al fenómeno Wington González en todas sus facetas. Pues las versiones en texto de sus poemas son sólo partituras, que interpreta frente al público. Los videos de sus lecturas disponibles en internet, y que en su reproducibilidad técnica pierden el aliento vital, sólo pueden transmitir una vaga idea de la intensidad con la que Wingston González se entrega a la literatura y a la vida. Pues cuando toma el micrófono, inclinado ligeramente hacia adelante, y recita sus versos, éstos suenan ora como plegarias, ora como canto hablado, ora como Soul. Sentimos el ritmo, la mugre en la voz, las imágenes se suceden unas a otras como disparos de un fusil de repetición y llenan el espacio, induciendo en los escuchas un trance perturbador.

Sus volúmenes de poesía han aparecido en Guatemala, Costa Rica, México y Argentina, sus textos han sido publicados en revistas literarias y antologías. Para mantenerse, trabaja como lector en la Editorial Cultura del Ministerio de Cultura y Deporte.

A diferencia de uno que otro poeta centroamericano, González no profesa el culto al “poeta maldito”: no bebe alcohol, no le ocasiona conflicto contar que antes fue muy religioso. Y hasta hoy le sigue gustando desmenuzar fragmentos de la Biblia en sus poemas. El soundtrack de su juventud, contó una vez, fueron los sermones itinerantes de los Testigos de Jehová. También son fuente de inspiración los cantos de los descendientes de esclavos de África occidental, que escaparon de sus captores y fueron a dar a la costa de Guatemala. De su fusión con los caribes que ahí residían surgió una lengua propia, que Wingston González emplea en poemas como o lereru Bungiu, junto con un español de ortografía bastarda, surgido del contacto cultural. Este español se mezcla, además, con el inglés caribeño en el poema Deep Sailent Complete es.

Wingston González es un gran filántropo, esto es evidente y notorio. Hace no mucho tiempo invitó a su casa a quien esto escribe. Ya era tarde, y la Ciudad de Guatemala no goza de muy buena reputación tras la caída de la oscuridad. Pero Wingston González insistió en la visita: “Cociné para ti.” Tras una pequeña odisea en el metrobús, de haber sido recogido personalmente en la semidesierta Plaza Barrios, de un traslado en bicicleta organizado espontáneamente y de un recorrido a pie, sus ojos resplandecieron cuando finalmente levantó la tapa de la olla de vapor: dentro había frijoles, salchichas y un poco de tocino, que acompañó con arroz y ensalada. Se creó un sonido integral. Igual que en su poesía que, sin jerarquías eurocentristas, mezcla los recuerdos y la lengua de los esclavos fugitivos con citas textuales de la lírica anglosajona, la poesía en español de América Latina y el slang callejero de la Ciudad de Guatemala. Aunque Guatemala tenga tres placas tectónicas, treinta y dos volcanes y dos costas oceánicas, existe un solo Wingston González.

Un retrato por Timo Berger.
Traducción: Claudia Cabrera


Extractos

Wingston González: Miss muñecas vudu Wingston González: Espuma sobre piedras

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