El Salvador

Vanessa Núñez Handal

Melanie Taylor by Fernando BocanegraVanessa Núñez © Daniel Mordzinski Hay una foto de Vanessa Núñez Handal en la que mira hacia arriba, expectante. Esta foto, tomada desde abajo con una luz difusa, llena inevitablemente de esperanzas al espectador. La fotografía es de Daniel Mordzinski, quien es considerado en América Latina como el fotógrafo de los escritores. Mordzinski logró captar una profunda verdad acerca de Vanessa Núñez Handal:

No permite que ningún obstáculo la saque del camino que se ha trazado. Pero no porque crea ingenuamente en la bondad, sino precisamente porque se ha asomado a los abismos de la maldad. Siendo una niña le tocó vivir la guerra civil en El Salvador. “Nunca entendí cuándo ni cómo comenzó la guerra”, dice acerca de esa época la narradora de su segunda novela, Dios tenía miedo, publicada en 2011 en Guatemala.
En el libro, helicópteros sobrevuelan por las noches el barrio en el que vive la narradora en primera persona, y tiran bombas que hacen temblar también las paredes de su casa. La cotidianidad en la guerra: mejor voltear la mirada cuando, de camino a la escuela en el auto del padre, pasa uno frente a semáforos de los cuales cuelgan cadáveres mutilados… y es que siempre son los otros los afectados, los “subversivos”. Cuando la niña empieza a hacer preguntas demasiado insistentes, el padre rápidamente da por terminada la conversación.

No obstante, Vanessa Núñez Handal sigue preguntando, quiere entender a fondo los acontecimientos de la historia más reciente de su país, no acepta el voltear la mirada, el silencio. “Me inspira la incoherencia entre la realidad y los recuentos históricos.” Quizá este afán por explicarlo todo ¬–o como ella misma dice: “La investigación para mí es fundamental”– sea la razón de que primero haya estudiado Derecho.
Todavía hoy trabaja como jurista, aunque cada vez con menos frecuencia. Pues su gran pasión es la literatura, misma que comparte con otras autoras y autores, tanto principiantes como experimentados. Y discute en talleres acerca de los nuevos textos de los participantes.

En sus propios textos –novelas y cuentos– tiende a confundir al lector, a quien sorprende, somete a shocks, conduce a falsas conclusiones y, justamente, en sus cuentos cortos, a veces no le ofrece explicaciones. Algunas cosas las deja intencionalmente en el aire. Como en su narración Látex. La policía lleva a un chico herido a un hospital, donde es operado. Sin embargo, a pesar del juramento hipocrático, al cirujano no parece importarle demasiado la vida de su paciente: es operado sin anestesia y pronto muere. Las circunstancias precisas de su muerte así como el motivo de sus heridas los omite Vanessa Núñez Handal, en lugar de ello nos muestra cómo en un país algunas vidas valen menos que otras. Quizá el joven fuera miembro de las Maras, las pandillas que tienen la estructura de una organización mafiosa y que aterrorizan a El Salvador de postguerra. En otra narración, Berenice, una mujer muere de repente… ¿murió durante el acto sexual? Un triángulo amoroso se da entre la narradora en primera persona, su novio y el cadáver, hasta que las dos mujeres logran finalmente escapar a su manera.

Vanessa Núñez Handal cree en la fuerza de la ficción: “[...] en mis novelas trato de abordar un tema poco aparente; como la complicidad de los que guardan silencio en una guerra o la locura como medio de escape a una sociedad opresiva y restrictiva.” Pues la ficción es importante para aprehender la realidad, crear espejos que le muestren a la sociedad su propio rostro, lo cual con frecuencia no es un espectáculo agradable. O como constata con sobriedad la protagonista de su segunda novela: “Crecimos con bombas y balazos, con miedo y con precauciones, con silencio y volteando la mirada para que ni los soldados ni los guerrilleros fueran a creer que estábamos en contra.”

Ninguno de los autores que la ha inspirado en su propia escritura –dos novelas y cuentos cortos publicados en varias antologías– son originarios de Centroamérica: Virginia Woolf, Henry Miller, Anaïs Nin, Octavio Paz y Carlos Fuentes.

No obstante, considera que Centroamérica es una región a la que vincula un legado en común: “Durante más de 300 años fuimos una capitanía”, en tiempos de la Colonia. Pero también es consciente de que “Centroamérica quedó dividida por los intereses económicos de los grupos poderosos de cada una de las regiones.” Y quizá precisamente su literatura, que no se conforma con el status quo, pueda hacer una pequeña contribución para cuestionar y modificar el curso de las cosas.

Un retrato por Timo Berger
Traducción: Claudia Cabrera.


Extractos

Vanessa Núñez Handal: El Estreno Vanessa Núñez Handal: Dios tenía miedo

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