El Salvador

Georgina Vanegas

Melanie Taylor by Fernando BocanegraGeorgina Vanegas © privado Todos hemos escuchado la frase “cuerpo sin alma”, siempre pensé que una persona así podría ser dos cosas: un desalmado, o sea una persona sin escrúpulos, sin principios, ni valores, o una persona sin motivación, sin chispa, sin iniciativa. Al menos es lo que manejaba hasta que leí “El taxidermista” cuento de la salvadoreña Georgina Vanegas.

Félix tiene una ocupación bastante peculiar en el museo de la ciudad como taxidermista, sin embargo encuentra la manera de sacar el alma del cuerpo de las personas y disecarlas. Esta pasión, se convierte en una profesión oculta, paralela a su oficio habitual que le dio vasta experiencia para que pudiera encontrar el lugar preciso dónde separar el alma de un cuerpo. Extrañamente, los cuerpos continuaban una vida desalmada, sin problema alguno, sin notar que ésta ya no estaba dentro de ellos.

Esta historia, me recordó la novela Robert Louis Stevenson, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, aunque Vanegas le imprime bondad a la extraña pasión del taxidermista, no deja de ser un personaje dual, complejo que vive una doble vida y esconde en un sótano miles de almas que ha congelado en poses singulares de los dueños.

Los personajes que Georgina Vanegas recopila en su libro “El taxidermista” son de una extraña y particular excentricidad. A simple vista son personajes cotidianos, sencillos pero en sus acciones e historias nos encontramos ante ese tipo de protagonistas de una película de Tim Burton o Stanley Kubrick, pero que no llegan a la oscuridad total.

Georgina sabe manejar muy bien la paleta de colores que le imprime a sus relatos que tienen desde un par de amigos que deciden escribir un acuerdo de “divorcio de amistad” con sus todas sus cláusulas, un Dalí que es y no es el verdadero, una excéntrica familia que celebra los velorios en vida, un joven que impone la moda de decir “avemaría” en señal de cortesía, a los que tienen un ataque de tos, hasta la joven Andrea cuyo nombre encierra un Hiato y desafía a su maestro demostrándole con todas las reglas ortográficas y gramaticales que es un “esdrújulo”.

Algunas historias pueden resultar inverosímiles, pero Georgina las cuenta con tanta convicción, que nos demuestra que es una escritora que tiene mucho que contar que su destreza con la narración no es pretensiosa, es sublime y le imprime buen ritmo a cada relato que con intimidad nos cuenta, como si se tratara de pasajes de su familia, de sus amigos, nos involucra con complicidad entre la cena, los muebles, las cuitas que ella con gracia y astucia expone de estos particulares personajes que tienen vida propia, retoman sus almas, sacuden sus vidas, posan para una fotografía y nos dejan una sonrisa en los labios.

Un retrato por Madeline Mendieta.


Extractos

Georgina Vanegas: El Taxidermista I Georgina Vanegas: El Taxidermista II

    Enlaces