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Denise Phé-Funchal: Estás

ESTÁS

Estás allí, tras la ventana, sentado junto a mí en el bus, presente al momento del café de la mañana. Estás. Te has pegado a mi cuerpo, te reproducís en mi ropa, veo tu rostro en cada esquina. Camino y te veo a vos, siento tu respiración en el cuello, las manos de dedos grandes que me esperan en el supermercado, que están siempre atentas, dispuestas a atraparme.
Huyo, camino rápido, no escucho, huyo de vos. Guardé todos tus recuerdos en una caja de galletas. Tus manos de grandes dedos, los sapos de turrón y los animales del circo que me regalabas. Creí que me dejarían en paz. Que el aroma que aún quedaba de las galletas de mantequilla suavizaría tu recuerdo, dormiría tus palabras y me haría olvidarlas. Creí que olvidaría el roce de tus manos. Guardé la caja al fondo del armario, detrás de ropa, abrigos, cajas de zapatos, detrás de torres de bellas revistas, de vestidos largos que cubrieran el brillo de la caja.
Ahogué tus canciones tras botellas vacías de perfume, me olvidé de vos, te dejé en la última esquina de la memoria, esperando que murieras, abrir el periódico y encontrarme con tu obituario, con el pésame a tu esposa y a tus hijos. Guardé todo en la caja de galletas que la abuela abría cada vez que llegabas a casa. Intenté olvidarlo todo, quemar todos los recuerdos. Lo intenté desde el día que cruzaste la puerta de mi casa para impregnarte en mi cuerpo.
Pero tus fantasmas me persiguen. Las palabras, el roce de tus manos, el color de tu piel surgen con más fuerza cada vez que quiero olvidarte. Cada vez que destapo la caja y prendo fuego a los animales de circo, a los sapos de turrón, a tus manos de dedos grandes, que se queman ante mis ojos y me dan momentos pequeños de felicidad. Felicidad que termina, felicidad que se acaba cuando las llamas se extinguen y con tu asquerosa sonrisa como soplo de vida, se recomponen tus manos de grandes dedos, los animales de circo y los sapos de turrón.
Escondo tu voz tras la música, detesto tu rostro en otros, evado el color y el aroma ácido de tu piel. Intento, ruego, quiero, deseo olvidar tus manos. Encontrarme con manos nuevas, con dedos delgados, con una boca que no me recuerde a la tuya. Intento, ruego, quiero, deseo, conjuro borrar tu voz de mi memoria, el aliento pesado en mi cuello, la promesa de turrones, de completar el circo.
Cubrí tus recuerdos de recortes de periódico, de calcomanías y dibujos. Los dejé al fondo de la caja, rodeados de postales de viaje, fotos de familia, letras de canciones que ahogaran tu voz. Convertí a mis amigos imaginarios en carceleros, ordené que acabaran contigo, que te torturaran hasta obligarte a dejarme.
Pero nunca lo hiciste. Seguís allí. Estás. Desando que otro cuerpo se acerque a mí para volver a ocuparlo, para que no sienta nada más. Nada más que no seás vos, que no sean tus manos. Y yo ignoro el brillo de tu mirada en otros ojos, invento tonos graves que cubran tus palabras, intento convencerme de que no estás allí, que esta vez has desaparecido, que no volveré a escucharte, no volverán los fantasmas de los animales de circo. Pero siempre estás, siempre otras manos me hacen recordar las tuyas.
Desde el primer día decidiste acompañarme hasta la muerte. Me obligaste a aceptar tu compañía, a huir cada vez que siento tus manos de dedos grandes en el roce de dedos delgados. Me obligaste a aceptar sapos de turrón y animales de circo. Exigiste silencio y te impregnaste en mí, en las sillas y los muebles que replican tu regazo. Dejaste la temperatura de tu piel en todas las manos. Y yo escapo, escapo de todas las personas, corro, huyo, en todas estás vos, explorando mi cuerpo, mis piernas de cinco años.
"Estás" fue publicado en "Buenas costumbres" por F&G Editores 2011

    Sobre la autora

    Cuando recorre la Ciudad de Guatemala, Denise Phé-Funchal no sólo lleva un cuaderno, sino también una grabadora, con la que captura ruidos y voces. La capital del país centroamericano con la más alta densidad de población fue considerada peligrosa durante mucho tiempo. Incluso ahora, 18 después de haber terminado la guerra civil, es raro ver turistas en el Centro Histórico. Pero la ciudad se encuentra en medio de un cambio vertiginoso. Más...

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