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Vanessa Núñez Handal: Dios tenía miedo

XX | YY

Vanessa Núñez Handal: Dios tenía miedo 1)
Éstos son mis recuerdos.
Disparan y es de noche. Los helicópteros desprenden misiles con una detonación que hace pensar en un abismo en el cielo.
Mamá y papá permanecen callados. No hay luces en casa ni en diez cuadras a la redonda. La french poodle ladra histérica. Igual que a nosotros la ha despertado el estremecimiento de las paredes. El sonido se incrementa. Algo se estrella contra el techo. Me oculto bajo la cama. Sé que si una bomba nos abatiera, no quedaría nada. Sigue el silencio. La noche se paraliza sobre nuestra casa.
El monstruo se desplaza como una araña negra en el cielo. Su estruendo se convierte en eco. Se ha alejado a sembrar miedo y luces de bengala en otra parte.

2)
Debemos entender como un milagro que Pablo haya incorporado a su pensamiento la enseñanza que nuestro Señor Jesucristo le ofrecía...
–¿Qué pasaría si los helicópteros se equivocaran y dispararan sobre nuestra casa?, –pregunto a papá en un susurro.
–No pensés en eso –responde incómodo–. Los soldados saben diferenciar entre los subversivos y la gente decente.
Por eso a los cristianos de corazón nos molesta que tergiversen los Evangelios con fines políticos...
–¿Y si pasara?
–Pedile a Dios que no sea así.
–¿Por qué estamos en guerra?
–Porque hay intereses divididos.
–¿Eso qué significa?
–Guardá silencio y poné atención –dice por fin, molesto.
Me aburre la misa, digo en voz baja. Miro a todas partes. El rostro sereno de la gente me da miedo. Papá dice que no existe el infierno.

3)
Saco una revista de la repisa. En dieciséis años la he ojeado dos veces. Veo en sus páginas amarillentas cosas que me causan desasosiego.
En la portada una niña de cabello negro y ojos in tensos sostiene una paloma entre las manos. El animal intenta alzar el vuelo. La niña parece asustada. Sus noches y sus miedos deben de ser también los míos.

4)
Aunque las bombas y los balazos se habían escuchado la mayor parte de la noche, papá pensó que se trataba de algo sin importancia.
A la mañana siguiente, cuando me llevaba al colegio en su auto, decidió pasar por la avenida que corría paralela a la nuestra. Papá no tuvo tiempo de girar. Sólo alcanzó a decir que debía taparme los ojos. No logró identificar que aquello que colgaba de las copas de los árboles que bordeaban la ancha avenida de doble vía, eran pedazos de cuerpos. Y yo, sentada en el asiento trasero, no pude dejar de ver aquel horror, que fue mi primer enfrentamiento con los años de pavor que habríamos de vivir durante la década siguiente.
Papá condujo hasta el colegio en silencio. Yo no me atreví a preguntar si debía sentir pena por los muer tos que la guardia, según escuché luego en la radio, recogió con palas y bolsas plásticas, a fi n de evitar una hedentina en una de las principales calles de nuestra ciudad capital.

5)
Nunca entendí cuándo ni cómo comenzó la guerra. Según recuerdo siempre estuvo ahí.
Crecimos con bombas y balazos, con miedo y con precauciones, con silencio y volteando la mirada para que ni los soldados ni los guerrilleros fueran a creer que estábamos en su contra.
Nos acostumbramos a no pensar, a no hablar en voz alta, a obviar la política y a mantenernos alejados del conflicto. ¿Pero qué tanto podía obviarse la realidad en un país donde las imágenes de la guerra nos bombardeaban día y noche?
Fuimos condenados a vivir el miedo en silencio. Colocamos los rostros, los muer tos destrozados, las manos mutiladas, las orejas rebanadas, los cuerpos desollados y los recuerdos en estantes donde acumulaban polvo y años, con la esperanza de entrar un día a esa bodega macabra y que ya no estuvieran ahí.
Sin embargo, aún ahora, cada vez que escucho noticias de guerras lejanas, las puertas de la memoria se abren silenciosas y desfilan frente a mí los horrores que, hasta hoy, llevo grabados en los murmullos del alma.
Fue quizá el miedo a la muerte o la desaparición de Edgardo, lo que me hizo preguntar por qué. ¿Por qué nosotros, los que decíamos creer en la justicia y en los valores cristianos, nos quedamos callados ante tanta abominación?

La novela "Dios tenía miedo" fue publicada en 2011 por F&G Editores, Guatemala.

    Sobre la autora

    Hay una foto de Vanessa Núñez Handal en la que mira hacia arriba, expectante. Esta foto, tomada desde abajo con una luz difusa, llena inevitablemente de esperanzas al espectador. La fotografía es de Daniel Mordzinski, quien es considerado en América Latina como el fotógrafo de los escritores. Mordzinski logró captar una profunda verdad acerca de Vanessa Núñez Handal: Más...

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