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María del Carmen Pérez: Muñeca rota II

MUÑECA ROTA II

María del Carmen Pérez: Muñeca rota “Había una vez un hombre que pescó en su red a una sirena de sexo abultado y piernas largas y voluptuosas. Ella le cantaba una canción magnífica con su cabeza de pez y le abría el sexo como con ganas de devorarlo. Él, en lugar de tirarla de vuelta al mar, la tomó entre sus brazos y le besó la boca que deseaba engullirlo. Pero ella casi le mordió una oreja con sus dientes finos de pez. Él, al verse en peligro delante de aquella fiera de sexo descubierto, se excitó tanto que comenzó a buscarse el falo que ya sobresalía entre sus pantalones. Pero antes dio tres golpes fuertes, secos, en la cabeza de pez de la chica, la aturdió hasta desmayarla. La puso en la lanchita y comenzó a copular recordando lo bien que la había pasado con Dorothy, su gallina favorita, y Solange, la burra de su abuela paterna”.

“Pero mira que este cuento es largo”, le advierto. Ella se encoge de hombros. El viento soplaba salado y frío, las lanchas de los pescadores se hacían cada vez más pequeñas. Un pelícano casi roza nuestras cabezas de muñecas. Siempre tuve pavor de ser cagada por estos pájaros que no son aves del paraíso.

“Una vez cometido el acto, el hombre quedó tan exhausto y tan complacido que se durmió en el mismo instante que terminó y se olvidó de ella. Entonces la chica pez se recupera y como es más animal que humana se percata de que un gusano manchado de sangre se asoma por la portañuela del varón, y ella naturalmente abre bien las fauces y saca con avidez los dientecillos de sierra y ¡Zás! de un mordisco veloz desprende y come aquel gusano. Cuando el hombre reacciona es demasiado tarde. Pero ocurre algo maravilloso, cuando ella bebe la sangre humana comienza a transformarse en una persona y presa del trance trastabilla y cae, pero en el agua, ya como ser humano, no sabe respirar, va perdiendo sus branquias… poco a poco”.

Cuando ella está tan intrigada le pido que cierre los ojos para que se imagine lo que viene a continuación, que respire hondo y que por un instante contenga el aire en sus pulmones para imaginarse de manera más fiel la situación de la protagonista y entonces, cuando mi guardiana cierra el ojo negro y el ojo verde, yo, con todo el esfuerzo de mi cuerpo de anguila o de gusano, vengo, me retuerzo y salto al mar. Sé que es la parte más profunda, sé que soy un pez torpe, sin cola y con las aletas cortadas; y sin ganas de luchar contra lo que viene me entrego, el agua es mi única salvación.

Socorro grita por auxilio en la superficie pero nadie la va a oír, a esta hora los pescadores andan mar adentro y el resto de la gente se entretiene en el comercio del centro. Pobre mi hermana, se va a sentir culpable. Espero que se olvide de este percance muy pronto. Ahora hasta va a tener más tiempo para ella. Ojalá sepa aprovecharlo.

Caigo lentamente, no me resisto, sólo caigo. El tiempo pasa y yo no puedo luchar contra la agonía que en algún momento va a terminar. Después me separo de mi cuerpo.

Un sueño largo, como un cuento eterno que se bifurca en un espejeo infinito, neutraliza todos mis deseos.

***

Hoy veo el mar tamizado por una paz inmensa. Han crecido raíces y ramas en cada parte de mi cuerpo, ahora que soy el alimento de una nueva especie de plantas acuáticas que según sus necesidades puede decidir entre lo masculino o lo femenino, y así ya ni me importa el asunto. Puedo decir que mi cuerpo no solo es un plástico viejo que ha sido sabiamente aprovechado por las anémonas. Mi cuerpo de muñeca rota, de verdad es mío.

    Sobre la autora

    Para María del Carmen Pérez Cuadra escribir aún resulta algo extraño. “Vengo de una familia muy humilde y de un hogar en el que no había libros. Si hay alguna explicación, debe estar asociada con el proceso de alfabetización que impulsó el gobierno revolucionario." Más...

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