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Laura Fuentes: Antierótica Feroz

ANTIERÓTICA FEROZ

Laura Fuentes: Antierótica Feroz Antierótica X

Ella viene y se desenjaula. Toca a cada una como si fuera suyo el clítoris que gozoso se alza. Su lengua rodea todos los labios con un cerco de húmedos cristales que se deshacen sobre la lumbre. Introduce sus diminutos dientes hasta el último orificio que encuentra. Intuye el diálogo de sus dedos como si fuera una arpista retardando el compás preciso del estruendo.

Sube sobre tu cuerpo, la veo venir anguila, nube cargada de lluvia para tu boca ácida, limonero en flor. Te abrís de par en par como esas gimnastas que veíamos en la tele cuando no teníamos cable, y nos tragábamos las olimpiadas. Ahora le aplicás una llave y tus piernas se tensan como si pretendieras devorarla.

Ella lo presiente y se escabulle hacia otras piernas, que ya se abren para recibirla entre ríos blanquecinos, que me recuerdan el color de las casas en mi pueblo, chupadas por una lengua de tierra hacia adentro de la costa. Unos pezones erectos me miran con asombro. No pasan desapercibidos, ella se dirige hacia otro cuerpo que acaricia con esa cosquilla peluda, que produce escalofríos de placer en la columna.

Enciendo un cigarrillo. Ella levanta la cabeza. Detesta el humo, pero no puedo evitarlo, la escena me complace y me siento sobre uno de mis dedos, que se hunde lentamente. No logro reprimir un pequeño desahogo, que brota de mis labios casi llamándola. Pero ella está muy ocupada haciendo vibrar un cuerpo en convulsiones rítmicas, cuyo pentagrama repiten vos y la otra, comiéndose los pétalos de esa raíz dilatada en aguas claras.

Apago el cigarrillo y la espero. Un grito estentóreo es la señal ansiada para su venida. Las columnas del templo están dispuestas. Se acerca dando saltitos hasta mi vientre, puede oler el perfume vaginal que ya exhalo. Introduce su cabeza entre mis piernas, sólo puedo ver su larga y peluda cola moviéndose frenéticamente, porque ella también está encantada.


Antierótica VII

Llego como de costumbre, esperando encontrar mi cena lista, mi ropa limpia, la cama hecha y a los chicuelos dormidos, o al menos fingiéndolo. Como yo también finjo esta careta de buen hombre, trabajador y confiable que cumple con su deber y merece un hogar tranquilo.

Encuentro a la grandísima vaga adherida al teléfono del cuarto, con la cena fría en el microondas, platos a medio lavar y el agua cortada, porque olvidó pagar el último recibo. La contemplo de espaldas, hablando como una lora de cuestiones tan estúpidas, sin ninguna relación conmigo, que siento una rabia fría subiéndome por la columna vertebral cuando pienso en las horas que me mato poniendo cara del “cliente tiene la razón” a todos esos ineptos sin mejor pasatiempo que presentar quejas a la gerencia.

La veo jugar con el cordón del teléfono, sus largas uñas acrílicas enrollándolo con la única pericia conocida en ella. Estoy en la casa, he llegado, pero para ella da lo mismo si una hormiga acaba de cruzar el fregadero enviando señales a las otras para aprestarse a invadir los restos de comida sin recoger.

Pero yo no soy una hormiga, soy su esposo, ahora lo va entender. La agarro del pelo, la levanto de la silla, suelta el auricular y todavía se oye a la otra vieja pegando gritos en el aparato. -¡Gritos los que vas a pegar vos!- le digo con fuerza, me suplica no empezar otra vez. Sin embargo, ya estoy cansado de esta perra sucia, que no mueve un dedo si no se lo tuerzo.

Le meto una patada en el culo y se cae, la muy pendeja. –Levantáte, quiero que veás las cochinadas que hiciste- y la llevo a la cocina a empujones. La lanzo contra el fregadero, caen algunos vasos que se quiebran entre nuestros pies. Efectivamente, ya no sólo las hormigas, ahora también las cucarachas hacen fiesta con el picadillo regado por doquier. Ella me abraza, me pide calmarme, en un momento aseará todo, pero es que la burra no entiende, que lo hecho, hecho está. La zarandeo un poco, ella trata de sujetarme y luego de librarse de mis brazos, pero no voy a permitir que se escape de nuevo donde la vecina.

-Todavía me debés el golpazo que me diste en los huevos y la llamadita a la policía...- le grito en la cara. Le agarro sus bracitos de renacuajo y se los doblo, ella se pone a gritar, y le planto una cachetada en la boca para que se calle, porque ya a estas horas los chiquillos deben estar pendientes de los gritos. Le tomo el rostro con una mano para empujárselo sobre el fregadero -¡Abrí la boca y sacá la lengua, porque te vas a chupar el picadillo con todo y cucarachas!- a la idiota no le da la gana abrir la boca, yo se la abro y le meto la comida con los bichos que huyen asustados y bajan por su cuerpo.

Ella se revuelve presa del asco, a punto de vomitar me pide detenerme. Su cuerpo realmente me enferma, ahora las cucarachas se introducen bajo su blusa, está histérica y no para de gritar, por lo que le asesto un golpe en el rostro y un rodillazo en las costillas. Le arranco la blusa, veo sus detestables pezones erguidos, la muy puta debe estar excitada. –Pues si tanto te gusta, a mí me va a gustar todavía más- le bajo los pantalones (ya le he dicho que no los use porque me dificultan estas labores, pero ella solo a golpes entiende) se trata de levantar, pero está medio tonta, si le pego en el estómago tal vez comprenda quién está arriba de ella. Reacciona vomitando, ya tengo la pinga bien dura, me la saco y se la meto con ganas, hasta que siento que las cucarachas se me suben a mí también. -Sólo un minuto... ya casi termino... me riego... me estoy regando... ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!-.

Finalmente algo me sale bien, se la saco y le doy un par de golpes para que se reanime, pero está acurrucada en el piso de la cocina como lo que es: una vieja llorona. La dejo lloriqueando y me voy al cuarto, lo mejor será limpiarme con algunas toallitas húmedas de la beba, especialmente después de haber estado en contacto con tanta mugre. Además, ya es hora de dormir, mañana entro a trabajar a las ocho de la mañana, quiero estar tan fresco y presentable como todos los días.

Cuentos publicados en: Fuentes Belgrave, Laura (2013). Antierótica Feroz. San José, Costa Rica: Editorial Clubdelibros.

    Sobre la autora

    Hay una nueva voz en las letras centroamericanas: Laura Fuentes quien igual que sus antecesoras, Belli y Rodas, quiere encontrar una manera distinta de decir, de contar: Rompiendo los esquemas y hablando de temas que son tabú o se dicen en voz baja. Más...

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