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Rey Andújar: Hospital Central

XXX | HOSPITAL CENTRAL

Rey Andújar: Hospital Central Son mis ojos, por qué me duelen (preguntó el viejo)
Es que no los habías usado nunca (respondió el diablo)

Llegaron y el calor afuera era insoportable, algo firme, penetrante, prolongaciones, regiones. Ya adentro el mal olor llegaba hasta la entraña, hasta el alma de los cinco. Avanzaron con un paso simulado, imperceptible: un desfile militar en un pueblo fantasma. Cinco desconocidos. Era cierto cinco, desconocidos para todos incluso para Él. Para Él no eran más que una bola de pelos, uñas, piel, sangre, hipocresía, músculos. Algún rastro de cariño o compasión mal hallado y supuesto. Pero a Él no le importaba, eran sombras donde descansaba, donde recordaba tiempos antiguos de cuando estaba en Escondido Pedernales, jugando con sus hermanas y teniendo responsabilidades y creando conceptos importantes que ahora lamentablemente no sirven para un coño. Va a morirse. Los cinco con los papeles del testamento cosidos a la solapa del mayor van ahora apurando el paso discutiendo, murmurando, apostando. Siguen el rastro de la sangre, sangre desconocida e intocable, para llegar al lugar que les estaba reservado desde hace mucho tiempo, desde el día que mantuvieron firme su posición de escupirlo, maldecirlo, putearlo, reprocharle. Llegan se acercan, lo huelen, lo palpan, lo mienten, hasta que uno de ellos, quizá el más resuelto, se atreve a pensar en voz alta “Por dios esto es patético.” Observándolo ahí aferrado con una mano a su bastón tierno e incansable, su bastón leal, su bastón mujer, quizá lo único puro que se llevó de aquel verano de un año borrado Samaná. La otra mano, ya calcinada por la sal, el sol de la explanada, el tiempo, empuñaba con fuerza y firmeza la sábana malherida, para mostrar con furia, dolor y también con un poco de orgullo una herida grande y bien hecha, una herida que Él esperaba desde hace mucho tiempo, lo único que siempre le atormentó durante todos estos años fue que nunca se enteró con precisión del lugar, de la hora, del instante.

De esta por poco cuelga los tenis, ¿verdad? (preguntan a coro)
El mayor responde Sí, pero no te desesperes, ese no dura un año más.

    Sobre el autor

    Rey Andújar cuenta que su inspiración la obtiene a través de la conciencia de que mediante el lenguaje pueden crearse artefactos que nos ayudan a vivir, que pueden despertar la imaginación de los demás. La hipótesis (la metáfora) de que algo puede cambiar, que uno puede mellar el propio universo. Más...

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