La primera vez que crucé el Atlántico no podía dormir y estaba algo nerviosa. Viajaba de San Francisco a Zúrich. A mis 18 años, acababa de graduarme de bachillerato y había decidido recuperar el tiempo perdido conociendo un país extranjero. Todos alrededor hablaban alemán. Yo no entendía ni una palabra, y la forma en que sonaba ese idioma extraño me inquietaba un poco. Comencé a dudar de mí misma. ¿Qué hacía yo lejos de California, viajando por el mundo?
Sigue ...