750 Erstsemester abarrotaban las empinadas tribunas del viejo auditorio de anatomía mientras, abajo, tras un púlpito, un viejo calvo en mandil blanco golpeaba el micro con las manos, pidiendo silencio. Desde el umbral caminé hacia uno de los asientos libres en la última fila. El piso de madera crujía detrás de mis pasos e interrumpía así el silencio repentino de la atenta masa de estudiantes.
Sigue ...