“Los dialectos alemanes son anticuados, y sus hablantes incultos; si uno quiere llegar lejos, por lo tanto, tiene que hablar el alemán estándar (Hochdeutsch)”. O, al menos, así reza una creencia muy extendida en Alemania. Pero no ocurre lo mismo en la escena cultural de este país, donde los dialectos suponen más bien una ventaja: son signos de autenticidad y fuente de humor.
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