La ciudad tiene futuro
La ciudad está de moda en los debates alemanes – no sólo en el ámbito científico y cultural, sino también en la prensa. Se habla del “renacimiento de la ciudad”, e incluso del "triunfo de la ciudad".
Son inconfundibles los signos de que amplios sectores sociales con elevada capacidad adquisitiva – ya se trate de empleados, consumidores, habitantes o turistas – están retornando al centro de la ciudad. Nuevos espacios públicos atractivamente diseñados y cómodos para los peatones se convierten en lugares de vivencias y en escenarios donde la “clase creadora” se puede expresar libremente. Y es que una pujante oferta cultural enriquece las ciudades. Se construyen nuevos museos, se amplían los ya existentes – para ser enseguida reinaugurados de forma espectacular –, y exposiciones, eventos musicales, festivales de teatro, amén de innumerables acontecimientos de la cultura pop, se encargan de atraer hacia la ciudad raudales de personas esperanzadas. Entretanto, los heraldos de la "ciudad en vías de extinción" ofrecen una visión muy distinta y sombría del futuro: contracción, desempleo, pobreza, marginación, vandalismo, criminalidad, envejecimiento, despoblamiento, deterioro; las plagas urbanas no parecieran tener fin. Lo cierto es que la dinámica de las urbes alemanas es muy desigual: junto a ciudades prósperas como Munich y Stuttgart, existen otras cada vez más despobladas, como Chemnitz. E incluso dentro de una misma ciudad coexisten en estrecha vecindad zonas prósperas y zonas deprimidas.
Los frentes se difuminan aun más si dirigimos nuestra mirada hacia las áreas periféricas, donde la ciudad se disuelve en un magma de barrios y suburbios. Los suburbios – tal es el reproche habitual – disgregan la ciudad alemana tradicional compacta, acentúan la marginación socioespacial y son un síntoma de la indiferencia de sectores de la población hacia la responsabilidad que comparten respecto del destino de la ciudad.
A esta concepción se opone el sueño, en manera alguna abandonado, de amplios sectores de la población por llegar a tener una casa unifamiliar en zonas verdes; por alejarse de una ciudad agitada, bulliciosa, contaminada, compacta y cada vez más insegura; por aproximarse a la naturaleza, a un sitio que prometa seguridad, tranquilidad y homogeneidad social, y que sea más idóneo para los niños que el centro de una gran ciudad.
Todos coinciden, sin embargo, en un punto: las ciudades alemanas están cambiando radicalmente. El abandono, bajo el signo de la “globalización”, del modelo de sociedad industrial; el reordenamiento político de Europa; el envejecimiento y la contracción de la población; la urbanización excesiva de las zonas periféricas; la reducción de los recursos provenientes del erario público: todo ello plantea enormes retos. Pero ¿hay algo que podamos hacer? El futuro de las ciudades es el resultado de lo que hagamos hoy, no sólo en política, sino también en economía y como miembros que somos de la sociedad civil.
Búsqueda de la ciudad postindustrial
Tomando en cuenta el constante envejecimiento y contracción de la población, es obvio que lo primero que tienen que hacer las ciudades alemanas es renovar sus fuentes de ingresos. Se trata de algo en lo que ya han empezado a rivalizar entre sí. Su futuro económico se basa cada vez más en el sector de servicios, en ramos de tecnología avanzada, en el turismo, en la organización de congresos, en la industria cultural, en variantes “innovadoras” de la economía, en "tiendas” y "restaurantes" de lujo y en la industria de entretenimientos; pero también en la vida urbana como tal. Ese futuro exige un clima especial de apertura, tolerancia y pluralismo cultural. Con su iniciativa "El futuro sale al encuentro de (el centro de) la ciudad" (Zukunf findet [Innen] Stadt), Munich ha dado un admirable primer paso en este sentido.
Hay que poner todo el empeño en reactivar el uso de todos aquellos espacios y edificaciones que han dejado de ser utilizados, o están siendo utilizados deficientemente, ya se trate de áreas industriales, manufactureras, portuarias, ferroviarias, aeroportuarias o militares, ya de zonas residenciales que han dejado de ser buscadas por la población. Ante este desafío, el Gobierno Federal ha reaccionado con sus programas para la remodelación urbana, cuyo proyecto más espectacular hasta ahora quizás sea la Hafencity de Hamburgo.
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Berlín |
Reconstrucción crítica de la ciudad tradicional
Las urbes alemanas deben sacar partido de aquellas ventajas comparativas suyas que están más o menos ocultas. Con el Programa de Asistencia para la Construcción Urbana, el Gobierno Federal y los Estados han contribuido notablemente al saneamiento de monumentos históricos, a la renovación de barrios céntricos y a la modernización de edificios antiguos. El buen diseño de los espacios públicos, la integración de distintas funciones, la más eficiente utilización de los espacios urbanísticos y el respeto por las peculiaridades de cada localidad son metas comúnmente compartidas hoy. Tras la reunificación, el caso particular de Berlín ha sido objeto de atención internacional, debido a su estrategia de "Reconstrucción crítica de la ciudad".
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Munich |
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Hafencity |
Alto al exceso de construcciones
Las ciudades alemanas deben, finalmente, detener el fenómeno de la urbanización excesiva del paisaje o sobreconstrucción (Zersiedlung). El Consejo para el Desarrollo Sostenido, establecido en 2001 por el Gobierno Federal, se fijó como meta reducir la tasa de urbanización de terrenos a un máximo de 30 hectáreas por día. Este tipo de medidas son extremadamente útiles. Sin embargo, no eximen al mundo político y profesional de su responsabilidad en la fijación de políticas para controlar en detalle, desde un punto de vista espacial, los estrangulamientos ya existentes; y sobre todo, para aliviar los asentamientos caóticos, incluso si hubiera que reducirlos en uno u otro caso mediante órdenes de demolición parcial.Lucha por una ciudad con sentido social
Es esencial, finalmente, que la transformación de la ciudad alemana se lleve a cabo con el mayor sentido social posible. Los cambios estructurales también tienen sus perdedores, y éstos merecen nuestra solidaridad, sea a través de ayuda para la autoayuda, sea a través de los mecanismos de asistencia pública; pero sobre todo, a través de su integración socioespacial. El programa federal "Ciudad con sentido social" (Soziale Stadt) constituye un paso importante en esta dirección.
La ciudad alemana del futuro está siendo configurada hoy por nosotros, mediante la construcción eficiente o negligente de las ciudades, los excesos en la urbanización del paisaje, los grados de discriminación social, la destreza o torpeza en la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos, el compromiso más o menos serio de la sociedad civil, el liderazgo político acertado o torpe; y también – no hay que olvidarlo – mediante la política que Alemania ejerza en el resto de Europa (pero, asimismo, en África, América y Asia). No sólo se globalizan las empresas económicas, sino todas las instancias de la sociedad. Las ciudades del mañana competirán a nivel planetario por la formación integral de sus habitantes. Y esto es algo para lo que aún no estamos suficientemente preparados.
es Catedrático de Sociología de la Arquitectura y la Planificación, Vocero del Centro Schinkel de la Universidad Tecnológica (TU) de Berlín y Presidente del capítulo alemán del Consejo Europeo de Urbanismo (www.ceunet.de)
Traducción: Fabio Morales
Copyright: Goethe-Institut, Redacción online
Abril de 2006














