Estudios urbanos

Megalópolis Tokio: la reconquista del espacio urbano por el flaneur

Mori Building
En la investigación urbanística de tipo literario o humanístico la figura del paseante citadino o flaneur se ha convertido desde los años noventa en un concepto clave para comprender las experiencias urbanas contemporáneas.

El ejemplo de Tokio pone de manifiesto que la reconquista del espacio urbano por el paseante citadino puede contribuir a dotar a los habitantes de las grandes urbes de estrategias para la apropiación individual de sus respectivas ciudades e impulsar el desarrollo de formas alternativas de edificación urbana. Tokio es una ciudad que dista mucho de poder ser comprendida en términos de categorías europeas. Con más de 35 millones de habitantes, la gran espacio Tokio-Yokohama es considerado como la región metropolitana más grande del mundo. Los 23 municipios de que consta su territorio propiamente urbano albergan 8,5 millones de almas. Por medio de la incorporación de nuevas comunidades y sucesivas reformas administrativas, los linderos de Tokio se han ido expandiendo sin cesar, hasta el punto de que los 23 municipios de Tokio cubren hoy una superficie de más de 620 km2. La región metropolitana de Tokio-Yokohama, por su parte, se extiende por unos 5200 km2 y es, por lo tanto, más del doble de grande que el estado federal alemán del Sarre (Saarland) y casi seis veces más grande que Berlín.

Tokyo, ciudad global: un laberinto de barrios y capas históricas

Aparte de esta inconmensurabilidad geográfica, se da una pluralidad de capas históricas hoy sólo detectables en algunos pocos lugares —como templos y santuarios—, a pesar de que Tokio ya existía, bajo el nombre de Edo, desde comienzos del siglo XVII. La historia de esta ciudad se caracteriza por un incesante proceso de remodelación y crecimiento; se dice que, en promedio, el patrimonio arquitectónico de la ciudad se renueva cada veinte años, lo que explica que sólo haya sobrevivido un número relativamente escaso de edificaciones de épocas pasadas. Las causas de este fenómeno hay que buscarlas, por un lado, en el hecho de que Tokio se convirtió en 1868 en capital de Japón y, como laboratorio de la modernidad nipona, debía ser reconstruida de manera acorde con su nuevo estatus. Por otro lado, catástrofes como el terremoto Kantô en septiembre de 1923 y los grandes estragos sufridos en el curso de la Segunda Guerra Mundial, pero también las obras de construcción que precedieron a los Juegos Olímpicos de 1964, abonaron el terreno para nuevas corrientes arquitectónicas y urbanísticas. A diferencia de lo que sucede en Alemania, donde se da gran importancia a la conservación del patrimonio arquitectónico y, por consiguiente, urbanístico de la ciudad, la planificación y la arquitectura en Japón se caracterizan por una tendencia a la modernización radical de los espacios urbanos (lo mismo sucede en China, como lo demuestran las espectaculares remodelaciones de Shangai y Beijing).

Durante las últimas décadas, la sustitución de innumerables barrios de casas de madera construidas al estilo tradicional por bloques de viviendas y megaproyectos ha consolidado arquitectónicamente la posición de Tokio como global city.

Mori Building
Barrio residencial
 

¿Qué estrategias ha desarrollado la población para asimilar este paisaje urbano en perpetua transformación e integrarse a él? ¿Qué posibilidades brinda esta situación a las investigaciones de tipo literario y humanístico sobre la ciudad? Un sinnúmero de escritos —reportajes, ensayos culturales y de crítica social, novelas, autobiografías, así como informes editados por instancias administrativas y gubernamentales— dan fe de la transformación vertiginosa de Tokio y del enorme interés que existe por la topografía, historia y futuro de esta ciudad.

El flaneur o paseante citadino como concepto clave para la moderna experiencia de la ciudad

En la bibliografía sobre Tokio sorprenden por su abundancia las guías turísticas de tipo ensayístico y las descripciones topográfico-culturales estructuradas como paseos por la ciudad. El paseo funge aquí, por una parte, como medio de desaceleración y, por la otra, como instrumento de internalización personal de la historia de la ciudad.

En Europa fueron Charles Baudelaire (1821-67) y —especialmente— Walter Benjamin quienes acuñaron la figura del flaneur como arquetipo del moderno hombre citadino. En la investigación literaria o humanística de la ciudad la figura del flaneur se ha convertido desde la década de los noventa en un concepto clave para comprender las experiencias urbanas contemporáneas. Esto se debe, por una parte, al redescubrimiento de los escritos de Benjamin, y por otro, a los retos epistemológicos que plantean las ciudades contemporáneas debido a su descomunal tamaño, su diversidad multicultural y las redes virtuales y concretas que las recorren en todas direcciones. En los últimos años, la percepción individual de la ciudad en todos sus matices y complejidades se ha convertido en uno de los focos de la investigación. Para ello, la figura (conceptual) del flaneur, introducida por Benjamin, proporciona un instrumento de análisis muy útil.

En El libro de los pasajes (das Passagen-Werk), un ambicioso e inacabado estudio del París decimonónico, así como en su ensayo Charles Baudelaire dedicado al poeta francés del mismo nombre, Walter Benjamin describió al flaneur como un solitario paseante de la ciudad, que sin rumbo fijo se deja arrastrar por las multitudes y con frecuencia obtiene sus ideas a partir de pequeñas observaciones.

Para la comprensión de la variante japonesa del flaneur son reveladores, sobre todo, los recuerdos de Benjamin sobre su infancia en Berlín, registrados en Crónica berlinesa y en Infancia berlinesa alrededor del año 1900. Benjamin introduce aquí la figura del "flaneur diacrónico", una especie de "arqueólogo aficionado" que deambula por la ciudad para descubrir en el presente los rastros del pasado. De esta manera, sobresalen de manera muy expresiva las relaciones que se dan entre el entorno arquitectónico, los sucesos históricos y las representaciones textuales y visuales de recuerdos tanto individuales como colectivos.

En Japón, el "flaneur diacrónico" encuentra su correlato en los innumerables caminantes citadinos que abundan en la literatura de Tokio y de otras ciudades. La obra del apasionado paseante citadino y escritor Nagai Kafû (1879-1959) es considerada como el punto de partida de esta forma de apropiación individual de Tokio que busca otra manera de experimentar la ciudad y el espacio. Nagai Kafû retrató a muchos de sus personajes principales como flaneure que recorren sosegadamente la ciudad y reflexionan intensamente sobre el pasado a partir de sus experiencias del presente.

El redescubrimiento de los pequeños barrios

Lo peculiar de esta aproximación a Tokio reside —ya desde Nagai Kafû— en su sesgo crítico frente a la modernidad, motivado por una nostalgia de las formas primigenias de habitar y vivir perdidas en el curso de la modernización de Japón. De ahí que la mayoría de los itinerarios urbanos conduzcan a lugares que o bien escaparon a la planificación urbana modernizadora — con sus ideales de progreso técnico y cultural, su subordinación funcionalista del espacio a intereses simbólicos de la nación, sus avanzados medios de transporte y su maximización de las ganancias de las empresas constructoras nacionales o multinacionales—, o bien se hallan en inminente peligro de sucumbir a ella.

roji
Se trata casi siempre de pequeños barrios, pero también de roji, angostos callejones laterales o traseros, a veces tan estrechos que sólo pueden ser recorridos a pie o en bicicleta. Estos callejones han conservado hasta el día de hoy su típico carácter semipúblico o semiprivado, lo cual les protege, hasta cierto punto, de los mecanismos de la planificación urbana modernizadora. En la época premoderna, los roji —con sus pequeños negocios, sus hospedajes y sus talleres artesanales— eran los enclaves más importantes de la vida cotidiana y constituían la base fundamental de la comunidad urbana.

El "renacimiento de la ciudad" y el flaneur

 Tsukudajima
La discusión contemporánea internacional sobre "el renacimiento de la ciudad" se centra sobre todo en asuntos tales como las distintas formas de sustentabilidad, la creación de "ciudades en las que merezca la pena vivir" (liveable cities) y las estrategias para la revitalización del colectivo urbano. En Japón este debate viene acompañado de una crítica de los megaproyectos, a los que se acusa de modificar profundamente las formas de vida y las estructuras de comunicación. Como ejemplo más reciente se suele aducir el caso del edificio Mori en el barrio Roppongi de Tokio. La mayoría de estos proyectos exige para su puesta en práctica la demolición de pequeños barrios y una modificación del uso de las áreas resultantes. Cuando esto sucede, la población autóctona suele ser desplazada, lo cual hace que desaparezcan también las relaciones de vecinos tan propias de muchos viejos sectores residenciales de las ciudades japonesas. En lugar de nuevas casas, surgen muchas veces tiendas lujosas y enormes edificios de exclusivos apartamentos a los que suele mudarse una clientela foránea. Así, donde hasta hace poco la vida cotidiana se había caracterizado por la confianza entre los vecinos —con sus aspectos positivos y negativos— pasan a reinar únicamente el anonimato y el individualismo.

Debido a ello, pero también debido al creciente envejecimiento de la sociedad y la contracción demográfica de muchas localidades (shrinking cities), Japón ha emprendido una intensa búsqueda de nuevas maneras de configurar las ciudades, búsqueda que a menudo intenta remontarse a las raíces culturales autóctonas. Nada de extraño tiene, pues, que se esté redescubriendo y revalorizando la vida urbana de los barrios pequeños. Maekawa Kunio, uno de los representantes más conspicuos de la actual arquitectura japonesa, llega incluso a afirmar —en su más reciente publicación, La revolución de la ciudad (Toshi no kakumei, 2006)— que la reanimación de los roji es la clave del futuro de las ciudades japonesas.

Este redescubrimiento no sólo lo llevan a cabo los especialistas, sino un público cada vez más amplio. Crece el número de personas que, estimuladas por la literatura de los itinerarios urbanos, se complacen en realizar paseos nostálgicos por callejuelas y barrios. El paseo se convierte así tanto en una especie de estudio práctico del folclor local como en un medio importante de concretar y organizar formas de resistencia contra los megaproyectos. Los ciudadanos se hacen de esta forma más conscientes de la necesidad de participar en los procesos de planificación urbana, incluso si en muchos casos el gran capital sale vencedor.

El flaneur de Benjamin representa, pues, una herramienta importante para explorar las dimensiones culturales e históricas de los espacios, comprender la manera en que los habitantes los perciben y se desenvuelven en ellos y descifrar la literatura (casi siempre crítica de la modernidad) que existe sobre ellos. Esto no sólo vale para las megalópolis japonesas, sino, como lo muestra la bibliografía más reciente sobre Shangai y Berlín, en general para todas aquellas ciudades que en los últimos años han sufrido grandes cambios arquitectónicos y sociales. En efecto, tanto Shangai como Berlín están experimentando desde hace algún tiempo un renacimiento del pequeño barrio, que es ahora percibido como reflejo de formas regionales de habitar y vivir. En Shangai crece la resistencia —una resistencia, a decir verdad, casi siempre impotente— contra la destrucción de los denominados lilong, la contrapartida china de los roji japoneses, y en Berlín se redescubre la cultura de los patios traseros (Hinterföfe) y del pequeño vecindario (Kiez).

Evelyn Schulz
es desde 2002 catedrática de japonología en la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich; en 1999 fue profesora invitada de literatura y cultura japonesa en la Universidad Kobe Gakuin.

Traducción: Fabio Morales

Copyright: Goethe-Institut e. V., Online-Redaktion
Julio de 2006

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