Centro y periferia

Ni campo ni ciudad

El concepto de Zwischenstadt (ciudad intermedia) se ha generalizado en la lengua alemana corriente desde la aparición en 1997 de un libro del mismo nombre. Con la traducción del mismo, la palabra ha encontrado, además, cabida en el inglés, el francés y el japonés. Introducido por Thomas Sieverts, este término designa aquellas zonas —cuya antigüedad no suele superar algunas décadas— que no son ni campo ni ciudad, pero a las que ya no se les puede aplicar la denominación de "suburbio".

El concepto designa tanto la aparición de una coexistencia inarticulada de elementos que son muy diversos en sus funciones, dimensiones y utilización (como sucede, por ejemplo, con los centros comerciales cercanos a casas unifamiliares y autopistas), así como una estructura de tipo general que "erosiona" a la ciudad histórica. Si se la considera desde un punto de vista evolutivo, la ciudad intermedia representa un tipo de asentamiento de transición hacia un futuro incierto.

La ciudad intermedia, lejos de ser un amorfo amasijo de asentamientos, tiene rasgos específicos propios. Al igual que los megasistemas "autistas" y aislados, su forma es "fractal", en cuanto que exhibe largos bordes y estrechos engranajes entre sus respectivas partes residenciales y sus áreas abiertas. Muchos hogares buscan la proximidad del paisaje pero dependen asimismo de las aglomeraciones humanas para la provisión diaria de sus necesidades, y desean utilizar las carreteras secundarias para acceder a su mercado local de trabajo. A menudo, las ciudades intermedias, por ser parte de la campiña urbanizada, están emplazadas sobre terreno fértil. Eso acarrea conflictos con el sector agrícola, ya que el crecimiento de las colonias requiere de áreas despejadas, lo cual va en detrimento de la agricultura. Por último —y no es la menor de sus ventajas—, la ciudad intermedia constituye una especie de “nueva frontera”, un último territorio virgen situado entre la ciudad culta y el campo cultivado, un espacio para nuevas y atípicas formas de trabajar y vivir. En ella uno puede hacer bricolaje y ser creativo sin tener que estar constantemente sujeto a una burocracia rígida.

Una hija de la posguerra

La forma europea de la ciudad intermedia no habría sido posible sin la bonanza, única en la historia, que caracterizó al período de posguerra. Debido a una multiplicación en la capacidad adquisitiva a partir de los años 50 del siglo pasado, la superficie urbanizada por habitante se ha triplicado. El tiempo de ocio disponible se ha duplicado, y ha aumentado considerablemente la demanda de áreas libres para el esparcimiento y el deporte. A ello hay que añadir que el uso del transporte automotriz ha aumentado hasta niveles jamás imaginados. Todo ello explica el crecimiento enorme de las áreas colonizadas, que no se halla en proporción alguna con el crecimiento demográfico: de ahí el descenso continuado en la densidad de población.

Es muy probable que el incremento en la riqueza no se prolongue indefinidamente: muchas personas comenzarán a ganar menos y tendrán que trabajar más, y la movilidad individual se tornará mucho más costosa. Debido al incremento de la proporción de personas mayores y a una considerable reducción demográfica en algunas zonas del Este y el Norte de Alemania, es probable que se produzca una reconcentración habitacional no sólo en los antiguos centros de las ciudades, sino en la proximidad de las estaciones de los medios de transporte público de cercanías. Ello no supondrá, sin embargo, el fin de la ciudad intermedia. A pesar del estancamiento, o incluso descenso, de la población, se trata de un fenómeno no reversible. En los lugares donde la ciudad intermedia está bien conectada con el transporte público, la densidad de población pudiera incluso aumentar. Las antiguas zonas de viviendas unifamiliares deben ser adaptadas a las necesidades de una población que envejece, y la actividad agrícola tendrá que ser reconducida hacia el área de los servicios requeridos por los habitantes de las ciudades.

Fenómeno internacional

El fenómeno de la ciudad intermedia se da en casi todo el planeta. Vistas desde fuera, las grandes aglomeraciones se parecen entre sí en su morfología aparentemente inarticulada, horizontal y orientada hacia una pluralidad de centros. Ello no debe inducirnos a pasar por alto, sin embargo, las diferencias en cuanto a condiciones de aparición y a estructuras socioeconómicas: así, por ejemplo, en los países en vías de desarrollo las ciudades intermedias se dedican a la generación de alimentos a pequeña escala y a la producción informal. De ahí que estos tipos de ciudad intermedia puedan ser considerados como un resultado de la pobreza de los inmigrantes.

También varía el grado de dependencia con respecto a la respectiva ciudad principal, aunque en todas partes exista la tendencia a emanciparse de ésta y dotarse de todas las funciones necesarias: hace ya tiempo que mucho más de la mitad de la población de Alemania vive en ciudades intermedias.

La política y la administración apenas pueden seguir el acelerado ritmo de esta forma de vida que se expande por toda la región urbana sin reparar en linderos municipales. Es verdad que en muchas áreas colonizadas se están haciendo importantes esfuerzos por lograr una estructura político-administrativa adecuada; pero sólo en algunas se ha conseguido hasta ahora materializar una reforma administrativa que haga justicia a esta novedosa situación regional que, por ser tal, trasciende las divisiones municipales: así ha ocurrido, por ejemplo, en las regiones de Hannover y Stuttgart.

Condiciones para una remodelación urbana bien orientada

Las deficiencias principales de la ciudad intermedia europea se refieren a tres aspectos:
  • La ciudad intermedia depende demasiado del transporte automotriz y por lo tanto es comparativamente desfavorable en cuanto al gasto energético.
  • Es poco estética, en el sentido de que no es percibida como parte de nuestra cultura.
  • Su fragmentación político-administrativo le impide explotar sus grandes ventajas, a saber: la división regional del trabajo, la especialización, el desarrollo de parques urbanos, las áreas manufactureras compartidas, etc.

En otros lugares del mundo, este tipo de deficiencias se presenta de manera más acentuada, por ser allí las aglomeraciones humanas mucho más grandes.

Los rasgos distintivos de las ciudades intermedias europeas siguen ofreciendo, en cambio, muy buenas oportunidades para el mejoramiento del nivel de vida; sólo hay que realizarlos y sacar ventaja de ellos. Las ciudades intermedias europeas son ricas en superficies abiertas desocupadas, normalmente alcanzables a pie desde las zonas pobladas. Existe un servicio de transporte público de cercanías susceptible de ser mejorado, y muchos ámbitos conservan huellas históricas capaces de dotar de un sello inconfundible al lugar respectivo. Se trata de condiciones excelentes para llevar a cabo una remodelación urbana bien orientada. Las ciudades intermedias son hijas legítimas de las ciudades europeas. En su conjunto representan, con su calidad de vida, un capital humano de creciente importancia en una economía basada en el conocimiento y ávida por reclutar inteligencia y fuerza adquisitiva en el mercado global.

Thomas Sieverts
nacido en 1934, es Catedrático Emérito de Urbanismo y trabaja a nivel internacional como Asesor, Jurado, Planificador y Publicista. Entre sus numerosas publicaciones, su libro 50 Jahre Städtebau "Medio siglo de urbanismo" (Hohenheim-Verlag, Stuttgart, 2001) constituye una buena introducción a su pensamiento.

Traducción: Fabio Morales

Copyright: Goethe-Institut, redacción online

Mayo de 2006

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