Conceptos de monumentos contemporáneos en Alemania

Por favor, tropiécese

Stolpersteine; Copyright: Uta FrankeEl artista Gunter Demnig coloca placas conmemorativas para recordar a las personas —no a grupos de víctimas, sino a individuos— que fueron deportadas y asesinadas por el régimen nacionalsocialista. Son pequeños "piedras para tropezar" personalizadas empotradas en las aceras para que los peatones que transitan por allí tropiecen con ellos (en sentido figurado).

Durante el régimen nacionalsocialista se asesinaron alrededor de seis millones de judíos en Alemania y Europa, además de gitanos, homosexuales, opositores políticos y religiosos, así como personas discapacitadas. El escultor Demnig (60) de la ciudad de Colonia, investiga los datos biográficos de los perseguidos y los datos de la última morada elegida libremente. Delante del edificio en cuestión el artista coloca un bloque de hormigón de diez centímetros cuadrados en cuya cara superior se encuentra una placa de latón con el nombre, el año de nacimiento y una referencia a la deportación. Por ejemplo en el barrio de Kreuzberg en Berlín: "Aquí vivió Julius Laufer, nacido en 1878, deportado a??? Destino???" En la vecindad también vivía la modista Hedwig Hermann, nacida en 1886. Las últimas investigaciones revelan que ambos fueron deportados en 1942 a Riga.

Las placas conmemorativas de Demnig conmueven porque reviven el recuerdo de aquellas personas que en otros tiempos vivieron en nuestro mismo barrio o incluso en nuestro mismo edificio. Y porque esas personas tienen nombres. "Auschwitz fue el destino final pero lo inconcebible, el horror, comenzó en las viviendas y las casas", explica el artista.

Las discusiones son bienvenidas

Ejemplo de placas; Copyright: Uta FrankeQuienes caminan sobre las placas de latón mantienen vivo el recuerdo ya que la fricción elimina el óxido y el metal recobra su brillo. Incluso si uno no ve la pequeña placa. Por eso, las placas están allí para ser pisadas. También son bienvenidas las discusiones sobre el holocausto que a veces se generan entre los peatones mientras Demnig coloca las piedras. Para poder leer la inscripción grabada uno debe inclinarse y esto puede interpretarse como una reverencia en honor a los asesinados.

El artista tuvo la idea de las piedras para tropezar en 1993 durante una conmemoración del pueblo gitano asesinado en Colonia. En 1994 expuso fotografías y las primeras piedras para tropezar en una iglesia; un año después colocó en Colonia las primeras piedras a modo de prueba. Durante su participación en el proyecto "Artistas investigan sobre Auschwitz" en 1996 colocó 55 piedras en Berlín. Cuatro años después se le permitió colocar 600 piedras en Colonia, donde debió sortear muchos obstáculos para conseguir la autorización. Pero el verdadero punto de inflexión en su carrera fue cuando el barrio Kreuzberg de Berlín autorizó la colocación de 2000 piedras. Entretanto el artista ha sido distinguido por su trabajo con la Orden al Mérito de la República Federal de Alemania y el German Jewish History Award (una distinción para alemanes que contribuyen notablemente a la preservación de la historia y la cultura del pueblo judío).

Las clases escolares y las asociaciones se comprometen

Piedra para tropezar en honor a Edith Stein; Copyright: Uta FrankeLa población participa con gran entusiasmo en el proyecto de conmemoración del holocausto: Muchos ciudadanos se unen en iniciativas para comprometerse con la colocación de las piedras para tropezar; las clases escolares y las asociaciones investigan sobre los datos biográficos, y los padrinos y patrocinadores de las piedras financian el recuerdo. Actualmente la fabricación y la colocación de cada piedra cuesta 95 euros y cualquiera puede apadrinarlas. No se generan costes para los municipios, pero las autoridades de la ciudad o el municipio deciden si se permite la colocación de las piedras. A veces también se colocan en terrenos privados, si los propietarios están de acuerdo. El proyecto entusiasma a personas de distintas ideologías. Las congregaciones religiosas se suman a la iniciativa, tanto como las organizaciones humanísticas, las sociedades de historia locales o los profesores de historia. En la conmemoración también participan familiares de los asesinados que viajan desde los Estados Unidos, Israel, Inglaterra o Francia para estar presentes cuando se colocan las placas. Algunos aceptan el padrinazgo de las placas para recordar a sus familiares.

Proyecto para Europa

Hasta agosto de 2008 Demnig colocó alrededor de 15.000 piedras en más de 345 localidades, y continuamente recibe nuevos pedidos. No sólo en las grandes ciudades como Berlín, Hamburgo, Colonia, Fráncfort, Stuttgart y Dortmund se recuerda de esta manera a las víctimas del nacionalsocialismo, sino también en pequeñas comunidades como Attendorn, Lübben, Haselünne, Pfullendorf o Bad Zwesten. Uta Franke, la colaboradora de Demnig, coordina y documenta el proyecto.
Discurso para la primera colocación de placas en Budapest; Copyright: Uta FrankeA fines de abril de 2007, Demnig colocó las primeras tres piedras en Budapest, Hungría, y se seguirán colocando piedras en otras localidades húngaras. En Austria, se colocaron las primeras piedras en las aceras en 2006. También se han establecido contactos en Amsterdam, Amberes, Milán y París, ya que el proyecto se ha concebido para toda Europa.

Oposición en Múnich, Leipzig, Friburgo

Sin embargo, algunos municipios no desean que se coloquen placas conmemorativas en sus aceras. Tampoco la ciudad de Múnich, que en 2004 rechazó el proyecto. Tanto el alcalde Christian Ude como la presidenta de la comunidad israelita, Charlotte Knobloch, se pronunciaron en contra del proyecto. Knobloch admitió que si bien la intención de las piedras conmemorativas era buena, ella sentía que esa forma de conmemoración profanaba y mancillaba la memoria de las víctimas, como expresó al diario alemán Süddeutsche Zeitung. Ude sostuvo que en Múnich ya existían varios lugares conmemorativos. El vicepresidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Dr. Salomon Korn, apoyó expresamente el proyecto.

También Leipzig inicialmente rechazó el proyecto en 2001: "Desde el punto de vista formal y de su contenido, las piedras para tropezar se asemejan al boulevard Hollywood en Los Ángeles". En el año 2006 se colocaron las primeras piedras para tropezar en Leipzig. Algunas ciudades, como Friburgo, criticaron en un principio que los peatones estaban caminando sobre los muertos. "Una placa no es una lápida", respondió Demnig. El Concejo municipal de Friburgo aprobó en 2002 la colocación de las placas. En la Comisión de cultura de la ciudad de Osnabrück, en cambio, a principios de 2007 la discusión giraba en torno a la financiación. Para la organización, la coordinación y las relaciones públicas se calculó un presupuesto de aproximadamente 6000 euros, según informó el periódico Neue OZ online. Finalmente la Comisión de cultura decidió continuar con el proyecto.

En Hamburgo, el alcalde Ole von Beust y la obispa Maria Jepsen se expresaron a favor de las placas, que la obispa evangélica decidió patrocinar. En la Asamblea de distrito de Bergedorf, sin embargo, se concedió a los propietarios de las viviendas la posibilidad de opinar sobre los derechos relativos a las aceras públicas.

Algunos propietarios se oponen a los monumentos porque sostienen que constituyen una invasión a su propiedad y dificultan la venta de la vivienda. Unos comerciantes de Brühl, cerca de Colonia, consideraron que las pequeñas placas serían perjudiciales para su negocio.

Mapa de lo inconcebible

El malestar de algunos vecinos puede tener su causa en que las placas se colocan en el límite de su espacio privado o de su propiedad privada. El concepto de las piedras para tropezar también evoca la expropiación de la propiedad judía, un proceso violento que tuvo lugar en el propio edificio, posiblemente en el propio piso. Los monumentos centrales, como el Monumento para los judíos asesinados de Europa, se pueden rodear —en el sentido literal— con más facilidad. Justamente por eso Demnig optó por la descentralización de las placas conmemorativas delante de las puertas de las viviendas.

En general predominan las reacciones positivas. Naturalmente Demnig no ha colocado seis millones de piedras conmemorativas, pero tampoco es ese su objetivo. Cada piedra personalizada simboliza al mismo tiempo la totalidad de las víctimas, enfatiza el artista. En conjunto, las piedras conforman un mapa de lo inconcebible. Lugares conocidos que sólo ahora nos damos cuenta que han sido escenarios de la deportación de conciudadanos. Al mismo tiempo, el mapa que forman las piedras indica todos los lugares donde las personas desean recordar a las víctimas del nacionalsocialismo y donde aportan su tiempo, su dinero, su nombre como padrinos y un compromiso muy fuerte. Lugares donde sus habitantes son conscientes de su historia.

Kirsten Serup-Bilfeldt: Stolpersteine. Vergessene Namen, verwehte Spuren. Wegweiser zu Kölner Schicksalen in der NS-Zeit, Kiepenheuer & Witsch 2003, 160 S., 8,90 €; ISBN 3462035355

Gabriele Lindinger/Karlheinz Schmid (Hrsg.): Größenwahn – Kunstprojekte für Europa, Lindinger & Schmid Verlag 1993; 227 S., 25 €, ISBN 3-929970 - 03 – 1
Ingrid Scheffer
es periodista en Berlín

Copyright: Goethe-Institut e.V., Online-Redaktion

octubre de 2007 (actualizado en agosto de 2008)

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