Literatura y teatro

El arte del cómic en lengua alemana

La situación no es fácil para el cómic alemán. El 90 por ciento de los cómicos que se leen en Alemania es importado. Editores, artistas y expertos de cómic nos permiten en este reportaje echar un vistazo al panorama que ofrece hoy y las perspectivas de futuro que ofrece hoy este arte en Alemania.
La creación de cómics registra aquí, sin embargo, una gran actividad. Exponen cuatreo artistas de renombre.


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Realización: Hans-Peter Dürhager y Ralf Jesse
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‚Se puede escribir historias en capítulos, líneas, palabras: eso es literatura en el sentido propio de la palabra. Se puede escribir historias en secuencias de escenas gráficas: eso es literatura en imágenes’. [Rodolphe Topffer, creador de historietas en viñetas. Ensayo sobre la fisonomía. 1845]

En todo caso, el cómic en lengua alemana no posee tradición. El 90 por ciento de la literatura cómic que le lee en este país es importado. Y un dibujante alemán apenas puede vivir de su arte, pero el cómic alemán tiene historia.

Con la reproducción masiva que introdujo la técnica de la imprenta comenzó también la difusión de las historias ilustradas. Uno de los ejemplos más conocidos son las historias concebidas por Wilhelm Busch [1832-1908] en torno a ‚Max y Moritz’. En Alemania se le ha copiado tantas veces que, según el experto en cómics Eckart Sackmann, llegó a obstaculizar la evolución de este arte en el país.

Las viñetas gráficas incursionaron en el cómic alemán a mediados de los años veinte del pasado siglo. Las tiras cómicas conquistaron los periódicos. Un acontecimiento especial fue a comienzos de los años treinta la revista cómic ‚Famany’ de F. F. Oberhauser y E. G. Hildebrand, en la cual un hombre volador, Superman, se adelantó un año a la aparición de su homónimo en EE.UU.

Las historietas de o.e.plauen y su hijo son las más conocidas, pero se publican aún sin viñetas. Narran acontecimientos de la vida diaria de forma divertida e invitan a reflexionar.

Pero durante el Tercer Reich se malusan para hacer propaganda nacionalsocialista. En la Segunda Guerra Mundial aparecen historias ilustradas que hablan ‚De la guerra’ y magnifican a los militares. Pero como los cómics no experimentan una difusión general no pasan de ser un fenómeno marginal.

En los años cincuenta se registra una importación masiva de cómics del extranjero, principalmente de EE.UU. y Francia. Para los editores era más fácil adquirir las licencias de las producciones existentes en el extranjero que descubrir y promover a creadores y dibujantes alemanes. A la par de los superconocidos ‚Micky Maus’ y ‚Donald Duck’ incursionó Marvel Comics, con ‚Spiderman’, por ejemplo. Las producciones alemanas estaban influenciadas sobre todo por las estadounidenses. Uno de los pocos creadores alemanes de cómics, Hans Rudi Wäscher, logró colocar las series ‚Sigurd’, ‚Tibor’ o ‚Nick’ a la cabeza del mercado. Los personajes ‚Fix & Foxi’ de Rolf Kauka, hechos a imagen y semejanza de los cómics italianos, tuvieron también aquí mucho éxito.

En las revistas y los semanarios de los años 50 llegaron a ser muy populares algunas producciones de cómics, como ‚Mecki’ en la revista semanal de programas de televisión ‚Hörzu’ o ‚Jimmi, el caballo de goma’ en el suplemento infantil [Sternchen] de la revista política ‚Stern’.

En los años 60 se produjo una adaptación de elementos cómic al popart. Las tiras cómicas dejan de ser sólo lectura de niños en Alemania y se dirigen a los adultos. Se politizan. Surgen cómics mordientes y satíricos en relación con la rebelión estudiantil y los cambios políticos de finales de los sesenta. Las historias ilustradas de la ‚Nueva Escuela de Francfort [por ejemplo, de Robert Gernhardt, Clodwig Poth, Hans Traxler] se publican en la revista satírica ‚Pardon’ y posteriormente en ‚Titanic’.

En las décadas de los años 70 y 80 surge en Alemania una creación de cómics siguiendo el modelo de Francia. En este país, el cómic tiene una larga tradición y una elevada aceptación social. Es el noveno arte. Los creadores de éxito cuentan con tiradas de 100.000 ejemplares por revista y más. No debe sorprender por tanto que dibujantes como Mathias Schultheiss, Roland Putzker y Chris Scheuer se orientasen por la estética de las producciones galas.

A mediados de los 80, el cómic alemán experimenta un auge. Ralf König publica ‚El hombre conmovido’ [1987], que aborda lleno de humor la vida de los homosexuales en el país. Brösel [Roetger Feldmann] crea a ‚Werner’, un motociclista que maneja eternamente ebrio y pronto conquista a un número de adeptos.

A finales de los años 80 llega su fin el auge de las producciones alemanas de comics. Las casas editoras sobreestimaron la situación al adquirir licencias y decayó sensiblemente la demanda. Una excepción fue Walter Moers, quien con ‚El pequeño hijo de su madre’, un pequeño monstruo prepúbero y descarrilado, brilla en el mercado.

En los 90 siguen dominando los cómics estadounidenses y franceses. Ahora lo hacen los ‚Mangas’ del Japón que ya se han hecho con el 60-70 por ciento del mercado y alcanzan ventas de cinco dígitos.

A la sombra de estas tendencias que predominan en el mercado ha evolucionado un pequeño grupo de autores de cómics para adultos en lengua alemana con estilo propio y un alto nivel. Además de los artistas presentados en el reportaje - Uli Oesterle, Mawil, Ulli Lust y Reinhard Kleist - merece la pena echar una mirada a los trabajos de ATAK, Ulf K, Anke Feuchtenberger, Nicolas Mahler, Isabel Kreitz, Martin Tom Dieck, Flix y Jens Harder.
Goethe-Institut e. V. 2004
Enlaces sobre el tema

litrix.de: German literature online

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