Ciudades y regiones

Chinos en Berlín

En Berlín viven alrededor de 6.000 chinas y chinos. Algunos de ellos se han ido ambientando en Alemania hasta sentirse como en casa y han fundado una familia. Otros vienen sólo por algunos años a estudiar y, una vez obtenido el título universitario, planean quedarse aún a trabajar por cierto tiempo para luego regresar a China disponiendo de excelentes perspectivas para su carrera profesional. Su objetivo es adquirir experiencias en Alemania que luego les puedan ser útiles en China.

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Realización: Cordula Paetzel
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Wu Jiang vive desde hace 1990 en Alemania. Ella llegó con la primera ola de chinos que abandonaron su país luego de que fuera aplastado el alzamiento de Tiananmen en 1989. Nunca se planteó retornar a China a corto plazo. Al contrario. Conoció al poco tiempo a un alemán con el que se casó y tuvo dos hijos de los cuales el mayor, recién ingresado al jardín de infantes, sostiene en relación a su origen: "No soy chino. ¡Soy alemán!" ¿Y qué siente su madre? Wu Jiang siempre está sintiendo ansias de su tierra natal. Se siente sola aún cuando, visto de afuera, todo parezca intacto y su familia en Alemania hable incluso en chino. Aún así no logra desprenderse de un sentimiento de extrañeza. Pero Wu Jiang ha encontrado una forma para vivir con este sentimiento: desde hace algunos años imparte clases de chino en un colegio. Así construye, lo que ella denomina, un puente entre ella misma y su tierra natal.

"A China", sostiene en cambio Zhang Hui, estudiante de la Universidad de las Artes de Berlín, "la llevo siempre conmigo". ¿Existe acaso una manera mejor para definir el estrecho vínculo con la tierra de uno? Lo dicho lo sostiene una mujer joven que vive desde hace dos años en Berlín y que se ha propuesto una ambiciosa meta. Estudia intensivamente el arte occidental y la sensación de vida imperante en el occidente. Vive en una comunidad en el distrito de moda del centro llamado "Mitte". Zhang Hui no se define a sí misma como emigrante: está de viaje de estudios y algún día pertenecerá a la élite china.

Lo dicho es válido también para Luo Jian. Vive en un albergue estudiantil en Grunewald, en el sur de Berlín. Aquí ha conocido a su novia, Liu Sha. Ella estudia economía y trabaja además en una administración de viviendas. Luo Jian imparte clases de taichi. Pero él sobre todo entiende mucho acerca de la transferencia electrónica de datos. Hizo sus estudios en una Universidad Técnica de China en sólo dos años. El doctorado, que está a punto de sacar, no le ha tomado mucho tiempo más. La biografía de Luo Jian no es atípica para los miembros de la generación de veinteañeros pertenecientes a la élite de su país.

A principios de 2007 estudiaban en Alemania más de 27.000 chinas y chinos. La mayoría de ellos ha terminado ya una carrera universitaria en China. Han sido enviados a Alemania por firmas y empresas para que se perfeccionen. Algunos son becados por el gobierno. Pero la mayoría se financia la estadía por sus propios medios.

Weng Sibei está becada como flautista en la Academia de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Aquí sólo aceptan a los mejores. Su nombre se lo puso su abuelo que también fue músico. Los dos signos, Si y Bei, corresponden a los compositores Strauss y Beethoven. Sibei tiene el mundo a sus pies. Y Alemania, aún cuando lleva viviendo algunos años aquí, es sólo una estación. Tarde o temprano regresará a China.
Goethe-Institut e. V. 2007
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