Nuevas obras alemanas - Obras

Cappuccetto Rosso

También en la pieza “Cappuccetto Rosso” (Caperucita Roja), estrenada en el Festival de Salzburgo, René Pollesch hace que sus actores del teatro Volksbühne im Prater, de Berlín (Sophie Rois, Christine Groß, Caroline Peters, Volker Spengler) ―cuyas propias identidades en la vida real están inseparablemente ligadas con su papel o, mejor dicho, su existencia en la obra― reflexionen acerca de diversas facetas de la representación teatral, ya sea de la vida cotidiana o de la asunción del pasado.

Como a menudo en la obra de Pollesch, la acción discurre en un ensayo, en este caso para una versión teatral del famoso clásico del cine “Ser o no ser”, de Ernst Lubitsch, con el título “Die Nazischickse” (La casquivana nazi). Sophie Rois alias María Tura, en el original de Lubitsch estrella polaca del escenario, ha perdido su “encanto”: la intuición con la que hasta hace poco podía personificar fácilmente papeles en el cine comercial dedicado a temas históricos, como por ejemplo el pasado nazi alemán o el terrorismo del grupo guerrillero urbano RAF. Ahora espera que se produzca el milagro de poder insuflar nuevamente “autenticidad” a sus personajes de cine y teatro. En ese marco, Pollesch realiza una dura crítica a ese tipo de “autenticidad” actuada, no natural, por medio de un recurso escénico: los actores incorporan siempre en sus personajes, sobre todo aquellos más próximos a los clichés, asociaciones con sus papeles anteriores. En la pieza se reflexiona así irónicamente si en el documental de Heinrich Breloer “Speer y Él” (sobre la amistad entre Adolf Hitler y su arquitecto Albert Speer), el conocido actor austriaco Tobias Moretti, cuando representa a Hitler puede tener a su lado un perro pastor ovejero alemán haciendo el “papel” de la perra “Blondie” de Hitler. Si así fuera, todo espectador recordaría automáticamente el papel de Moretti en la serie de televisión “Comisario Rex”, en la que el actor aclara crímenes junto con un perro pastor alemán. También el papel del perro se pone en duda, ya que en caso de que se recurriera a un perro de lanas podría pensarse que se está en una representación del “Fausto” de Goethe. Un perro pastor alemán y un perro de lanas no pueden representarse más que a sí mismos. El actor Moretti, por el contrario, puede ser visto siempre en función de sus dos papeles ―una vez en forma negativa, como Hitler, y luego en forma positiva, como simpático comisario― y sus respectivos significados.

Como lo anuncia Sophie Rois en la pieza, el director Martin Kusej intentó en su escenificación en el Festival de Salzburgo 2005 con Tobias Moretti como protagonista, entre otras cosas, disipar los clichés del dúo “perro pastor y Tobias Moretti” poniendo un segundo perro pastor alemán junto a Moretti.

En este enredo sobre la indivisibilidad de la realidad del teatro y el cine, Pollesch pone al descubierto la imposibilidad de representar la historia en forma clara y auténtica. Es una crítica a las, según Pollesch, equivocadas pretensiones del cine comercial actual dedicado a las “representaciones realistas” de la historia alemana. Pollesch muestra aquí que la producción de teatro y cine, es decir, la reproducción de la vida en forma artística, no funciona sin la inclusión de las condiciones de vida y de trabajo de todos los participantes en la representación.

Comentarios sobre la obra:

“Se dice que hay dramaturgos que no desesperarían si sus piezas ya no se representan dentro de cien años. Y que, por el contrario, verían como una desventaja que sus textos funcionaran atemporalmente, porque así correrían peligro de operar al margen del presente. René Pollesch es uno de ellos (...).

Pollesch mantiene desde hace una década en vilo al teatro con una serie de evocaciones de nuestra vida cotidiana que reflejan exactamente nuestras coordinadas sociales. (...)

Con algunos aclaratorios excursos sobre las fatales consecuencias de los “diálogos aparte” en las películas pornográficas, porque destruyen ilusiones, Pollesch realiza en esta pieza una rotunda crítica al teatro como lugar de pseudorelevancia social, que ignora consecuentemente las propias condiciones de producción, crecientemente neoliberales, importando en su lugar problemas ajenos de estratos sociales marginales y tratándolos como si fueran representativos. (…) Con un humor sin inhibiciones y sin excluirse a sí mismo, Pollesch pone el dedo en la verdadera herida del arte teatral contemporáneo: la negación de sus propios referentes vitales, a los que no se puede engañar (…).”

(Silvia Stammen, Mülheimer Theatertage 2006)

“A primera vista, la pieza trata sólo de la actividad teatral. Pero, como siempre en las obras de Pollesch, el tema es en realidad el mundo que lo rodea, sobre el que escribe apasionadamente con torrentes de palabras. Pollesch nada quiere tener que ver con un teatro que sólo refleje simbólicamente lo que sucede en el mundo exterior. Que los actores sólo asuman papeles lo exaspera. Pollesch exige profundidad interior. En su teatro, Pollesch transforma a los actores en sujetos. Al público se dirige con comandos y repeticiones, y llega a él, porque tematiza experiencias inmediatas, tales como la globalización y la pérdida de la individualidad, a las que nadie puede sustraerse.

Que esta pieza no se transforme en una clase teórica de sociología, carcomida por el asco ante un mundo que ya sólo se compone de compradores y vendedores, se debe a que el autor recurre no al llanto, sino al humor para llegar a los espectadores. En una pieza rebosante de chanzas en parte burdas y provocadoras y una alta densidad de eslóganes, Pollesch integra virtuosamente los mundos del conocimiento clásico intelectual y la cultura pop.”

(Bernhard Flieher, Salzburger Nachrichten, 26.08.2005)

Technical Details:

Premiere

24.08.2005 Salzburger Festspiele, 1.10.2005 Prater (Volksbühne Berlin)

Director René Pollesch
Cast 3 D, 1 H
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