Nuevas obras alemanas - Obras

hamlet ist tot. keine schwerkraft (hamlet está muerto. No hay fuerza de gravedad)

Dani y Mani llegan a casa. La abuela cumple años y además acaba de morir Hannes, un amigo de tiempos pasados. Celebran por lo tanto primero un cumpleaños y luego van a un entierro. En el cementerio, Dani y Mani se encuentran casualmente con Bine y Oli. Hace tiempo que no se veían, desde la época en que Oli era gran amigo de Mani, y Dani, gran amiga de Bine.
En aquellos tiempos, Oli tenía un cierto interés por Dani, pero ésta era la hermana de Mani y Oli no quería quedar mal. En el caso de Bine, la cosa era mucho más sencilla. Por ello ahora están casados. Hoy nadie se interesa por Dani y Mani. En ningún lugar. Están casi tan muertos como Hannes, porque nadie cuenta con ellos. La madre sueña con el matricidio; el padre, con un nuevo comienzo total. Es hora de que pase algo. Ayuda de arriba no se puede esperar, porque lamentablemente el cielo está vacío. Pero quizás sólo sea necesario tensar una cuerda, para que por fin todo se ponga en movimiento. Y permanentemente muere gente. Miles y miles de personas. En África, por ejemplo.

“hamlet está muerto. No hay fuerza de gravedad” trata de cómo el ser humano se empecina en lograr lo que no desea y se estanca en la falta de perspectivas. El cielo está vacío. La ley natural es a lo sumo un chiste lírico. No existe política alguna más allá del propio estado de ánimo. En medio de la supremacía total de la economía, los ejes giran rápidamente, el mundo es una centrífuga y el “ser o no ser” pierde importancia, en vista de que el “no ser” ya se ha impuesto. Ewald Palmetshofer transforma con penetrante comicidad el lenguaje y el ritmo en una amenaza que en última instancia sólo deja abierta una cuestión: ¿resignarse o actuar?
(Fischer, Theater und Medien)
Críticas sobre la obra:
Hace tiempo que no se escribía una obra de teatro sobre una familia tan excelente como "hamlet está muerto. No hay fuerza de gravedad ", que puede todo lo que también podía Ibsen –un lento deshojar de las fachadas humanas–, pero deja al viejo noruego parecer tan viejo como realmente es: más de un siglo… Todo comienza con un encuentro casual en el entierro de Hannes, un viejo amigo común de Mani, Dani, Oli y Bine. Ewald Palmetshofer logra ya allí momentos brillantes, aunque aparentemente todos los personajes no se mueven del lugar y se arrojan unos a otros en el cementerio jirones de frases cotidianas sin mayor orientación, como en una partida de bridge. También en el bridge no pasa nada durante mucho tiempo, hasta que es demasiado tarde. Por más que el presente cuelgue indeterminado entre el pasado y el futuro, antes de Palmetshofer nadie había escrito este tipo de diálogos… Cada uno de los personajes, cuyas voces el autor lleva en el oído, es más inteligente de lo que socialmente se le podría atribuir, dice Palmetshofer. “Son astutos y ello los eleva por encima de la situación.” Los personajes se comportan como salidos de viejas piezas teatrales sociales, se mueven en medio de un drama familiar, hubieran formado parte hace 30 años del teatro popular crítico y son hoy probablemente el teatro contemporáneo de gente a la que nada realmente esencial le ocurre en la vida y a la que el tiempo la acorrala, lenta pero irremediablemente.
(Franz Wille, Theater Heute 02/2008)


“Una joven pareja y un dúo de hermanos antes estrechamente amistados entre sí se reencuentran en el entierro de un amigo común, muerto a tiros por su padre. La madre de los hermanos planea un asesinato para deshacerse de la molesta abuela, que se niega empecinadamente a morir: un radical enfoque del contrato intergeneracional. Muy pocas veces, tragedias familiares han sido tratadas tan lapidariamente como en esta obra. Hamlet está muerto y el bien y el mal ya no son categorías en el mundo que aquí se bosqueja.
Palmetshofer no es el inventor de la brutal farsa familiar. Sin embargo, entre los muchos nuevos autores del festival Mühlheimer Theatertage sea quizás el más obstinado. Su pieza, en la que combina magníficamente chácharas sin sentido con erráticos monólogos, desarrolla un apasionante ritmo y un novedoso sonido. También el vocabulario es inusual: Palmetshofer hace hablar a sus personajes con conceptos matemáticos o geométricos cuando éstos analizan su vida. El título completo de la obra es “hamlet está muerto. No hay fuerza de gravedad”: ni siquiera puede confiarse en las leyes de la física.”
(Wolfgang Kralicek, Mülheimer Theatertage 2008)


“Ninguna ideología, ninguna religión, sólo el yo. La pieza teatral de Palmetshofer oscila entre la familia, el incesto, la religión y la historia de la sociedad. Lo fascinante en ello es que demuestra que de alguna forma todo forma un conjunto, pero que simultáneamente el cerebro no logra comprender las interrelaciones. Palmetshofer hace hablar a sus personajes tal como los seres humanos piensan: en medias frases, incompletas, que a veces se enredan entre sí y otras veces se desmigajan… (…) En medio de la irónica búsqueda de sentido y grandeza, a veces lamentable, a veces conmovedora, y detrás de la perorata de “trascendencia total”, “economía del futuro”, funciones, centrifugadoras y el cielo, que –ahora que Dios se fue– es una máquina, se reconoce finalmente… al ser humano contemporáneo.
(Nachtkritik, 23.11.2007, Lena Schneider)
Datos técnicos:
Estreno 22.11.2007, Schauspielhaus Wien
Dirección Felicitas Brucker
Personajes 3 mujeres, 3 hombres
Derechos S. Fischer Verlag
Theater und Medien
Traducciones Theaterbibliothek