Sebastian Hartmann


© Marcus Lieberenz
Nació en 1968. Estudió en la Escuela Superior de Arte Dramático Hans Otto en Leipzig. A continuación trabajó como actor de teatro y televisión. Entre 1991-1993 firmó su primer contrato con el Deutsches Nationaltheater Weimar; en 1993 y 1994 trabajó en el Carroussel-Theater en Berlín. Desde mediados de los años noventa realizó primeras puestas en escena en el teatro independiente.

En 1998 fundó la compañía independiente “wehrtheater hartmann” con la que fue invitado a los festivales “Impulse” (1998) y “Politik im freien Theater” (1999). En 1999 trabajó en el Theaterhaus de Jena y en el “Theater unterm Dach” en Berlin, para luego pasar a trabajar dos años con Frank Castorf en el Volksbühne de Berlín. Desde entonces trabaja nuevamente como director independiente, principalmente para el Schauspielhaus de Hamburgo, pero también en Gotinga, Colonia, Basilea y Viena.

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Retrato: Sebastian Hartmann

Sebastian Hartmann es un talento excepcional cuando se trata de encontrar imágenes. El barroco globalizado, con el que dota a sus puestas en escena, en verdad crea siempre aventuradas colisiones entre historia e imágenes modernas. “Los Bandidos” de Schiller terminan en trajes espaciales en Marte, una casita de ensueño gira sobre un sarcófago de blanca nieves (“Sacrificio” de Tarkovsky”) o un dragón de fuego chino y una copia de George W. Bush bailan en una suerte de pesadilla por el mundo de bien de Max Frisch.
Inspirado por Frank Castorf, en cuyo Berliner Volksbühne puso en escena algunas obras, antes de convertirse en director permanente del Schauspielhaus de Hamburgo, Hartmann desarrolló su propia técnica de fragmentación e histerificación de tramas. Este método, que Castorf utiliza como crítica a un concepto hipócritamente armonioso del presente, que Castorf realiza hasta sobreexigir por completo al espectador, en Hartmann se diluye hasta transformarse en una realidad teatral crítica y poética (“All that we see on scene is but a dream within a dream,“), lema tomado de Edgar Allen Poe y que está presente en todas sus puestas en escena.
Su mejor trabajo de los últimos años es probablemente su puesta de “Biedermann y los incendiarios” presentada en el Schauspielhaus de Hamburgo, ejemplo típico de la adaptación asociativa de los clásicos con los que Hartmann traslada obras enteras a un complejo mundo medial. El pequeño burgués que provoca su propia caída con sus rígidas convenciones, vive inicialmente en un elegante departamento junto al lago Alster donde comienzan a desarrollarse cosas cada vez más extrañas. No sólo que se le meten los tipos malvivientes que más tarde le quemarán su casa. Lo extraño se convierte pronto en parte de la rutina del hogar. Un bombero con cámara de visión nocturna pasea por la casa, la mujer de Biedermann se transforma en Linda Blair en las fauces del diablo y queda suspendida sobre la cama, una parodia “salven el bosque” se burla del sabor a pequeñas burguesía de la nueva corrección política. A medida que avanza la puesta en escena, estas ocurrencias van adquiriendo características termitas mediales. La seguridad acerca de la realidad se ve totalmente socavada por las posibilidades de las imágenes.

Hartmann también adopta para sus propias puestas en escena el arte actoral maravillosamente exagerado que hace posible el teatro de Castorf en el Belriner Volksbühne, aunque en una forma algo suavizada. Si bien también en sus puestas el modo de hablar muchas veces se transforma en el griterío de seres de grandes centros urbanos de pocos nervios, y sus figuras incurren en muchas cosas locas en el escenario que interrumpe y comenta el desarrollo de la trama. Pero lo dispendioso de sus ocurrencias más bien cargadas, es equilibrado con una moderada exageración en la conducción de los actores.

Precisamente en sus últimas puestas en escena, Hartmann, que como muchos de los directores alemanes más jóvenes (por ejemplo Michael Thalheimer, Sebastian Nübling o Leander Haußmann) pasó de ser actor a director escénico, volvió a reencontrarse con las tradiciones más serenas del teatro narrativo. Sus puestas en escena de “Platonov” de Chechov y “El zoo de cristal” de Tennessee Williams impresionan ciertamente por la fuerza de las imágenes (un bosque girando en Chechov y una de casa totalmente vidriada alrededor de un árbol muerto en el caso de Williams). Pero el esfuerzo de desarrollar personajes contemporáneos y sus conflictos a partir del material se hace sentir de manera mucho más clara.
Naturalmente, tampoco estas puestas en escena pueden prescindir de interludios grotescos y ocurrencias de dirección – por ejemplo una escena de amor en el hoyo de un pantano o un zoológico de animales del bosque empajados. Sin embargo, los recientes esfuerzos de Hartmann por trazar psicologías modernas las ha transformado casi en una decoración. La evolución de un director desconstructivista hacia un observador de los matices humanas lo lleva más bien de nuevo al corazón del teatro – al actor. En esta emancipación de la herencia de Castorf radica la clave de la originalidad tan personal de Hartmann que conserva su energía juvenil, manteniendo al mismo tiempo la unión entre fantasía desbordante y análisis de caracteres.

Till Briegleb

Puestas en escena – Una selección

  • Peter Handke "Insultando a la auciencia"
    2004, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Sebastian Hartmann segundo Vladimir Mayakovsky “Misterio bufo”“
    2004, Volksbühne Berlin
  • Tennessee Williams “El zoo de cristal”
    2003, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Gerhart Hauptmann “Antes del atardecer”
    2003, Burgtheater Wien
  • Anton Chejov “Platonov”
    2003, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Max Frisch “Biedermann y los incenciarios”
    2002, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Friedrich Schiller “Los bandidos”
    2002, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Christa Wolf “El cielo dividido
    2001, Volksbühne Berlin
  • Gerhart Hauptmann „Einsame Menschen“
    2001, Bühnen der Stadt Köln
  • Sebastian Hartmann, adaptación de “Stalker” de Andrei Tarkovsky
    2000, Volksbühne Berlin im Prater
  • Henrik Ibsen “Fantasmas”
    1999, Volksbühne Berlin
  • Ernst Toller „Hinkemann“
    1999, Theaterhaus Jena
  • Ferdinand Bruckner „Tears Mock“
    1999, Freie Produktion
  • Sarah Kane “Reventado”
    1997, Schaubühne Lindenfels Leipzig